"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

miércoles, diciembre 17, 2014

La gran esperanza (social) liberal y española (valga el quasi oxímoron): Albert Rivera

Calificación 


En Libertad Digital comento sobre el político catalán que mejor representa a la nueva generación de políticos europeos, de Matteo Renzi a David Cameron: Albert Rivera, en relación a una encuesta publicada por el Grupo Joly sobre el político mejor valorado por los... ¡andaluces!




Las dos últimas incorporaciones en clave liberal al proyecto de Ciudadanos han sido Manuel Conthe y Luis Garicano.  Ya estaba Juan Carlos Girauta...

PD.  Repaso monumental de Albert Rivera a José Carlos Monedero


PD.  En Youtube podéis ver la película interpretada por Robert Redford "El candidato",  "Mc Kay, the better way"



una interesante representación del mundillo de la política electoral, llena de charlatanes y oportunistas.




PD.  El fusilamiento de Torrijos, por lo de quasi oxímoron.  Esta pintura de Gisbert debería ser tatuaje obligado de todo liberal y español, ese utopismo.  ¿En qué parte del cuerpo? Eso lo dejo a vuestra elección.


lunes, diciembre 15, 2014

Magical Girl, la mejor película española 2014 (y "La niña de fuego" en directo)

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En una película española se debe:

  • desayunar churros. O porras.  Si además, lo hacen una escorts de las de 1000 euros el revolcón, mejor que mejor.
  • contar chistes sobre la Constitución, la monarquía y el cainismo intrínseco a los españoles.
  • hacer sesudas reflexiones sobre el toreo como arte sublime, esencia del paradójico carácter hispano.
  • mostrar el mobiliario habitual en un hogar de clase media española, tirando a roble y diseño de polígono industrial, en contraposición a clase alta, más bien haya y diseño Mies van der Rohe pasado por Ikea,
  • escuchar flamenco elegante y “sentío”, ni cante jondo ni sevillanas.  En el término medio está la virtud.
  • incidir en el deterioro social causado por la crisis económica.  Imprescindible mostrar el interior de un par de típicos bares españoles, esos de café con leche en vaso de cristal, brandy Soberano y alicatados hasta el suelo.
  • tener un aire de familia a la tradición mayor del cine español, esa que arranca con Buñuel y termina con Almodóvar, pasando por Berlanga y Erice.


Magical Girl las cumple con todas así que además de la Concha de Oro en San Sebastián se merece ganar el de película española del año.  Elegante y truculento thriller gótico enmarcado en el espíritu del retorcido a la vez que claro manga y anime asiático, Carlos Vermut ha escrito y dirigido una fábula plena de suspense en la que el sadismo y la redención, la piedad y el vicio, se anudan inextricablemente en una trama que, sin embargo, no llega a ser profunda sino simplemente ingeniosa, arbitraria cuando debería ser lógica, fría donde se esperaba empatía.



Con ramalazos de Belle de Jour, El espíritu de la colmena y Matador, Magical Girl es un hábil y entretenido artefacto que como unas muñecas rusas va mostrando a través de cada capa cinematográfica distintos envoltorios morales que conducen hacia una sala de despellejamiento en la que la metáfora corporal no es sino una coartada para reflejar la podredumbre moral.


Sin embargo, a Magical Girl le falta algo para estar a la altura de Cara de ángel, ¡Qué el cielo la juzgue!, en el caso de los clásicos norteamericanos, Old Boy, Lies o Audition, en la balanza asiática.  Y es que la necesidad de hacer que todas las piezas encajen, como en el puzzle que realiza  José Sacristán, al mismo tiempo consigue que otras necesidades, más filosóficas que cinematográficas, queden en un segundo plano. Sin embargo, Magical Girl es la guinda de un pastel cinematográfico español que este año ha sido generoso, tanto en cantidad como en calidad.  Que dure.



PD.  En la Filmoteca de Andalucía se interpretó la canción principal de la película en directo


jueves, diciembre 11, 2014

El aborto en los tiempos de Gattaca

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Ya online mi artículo en La Ilustración Liberal titulado El aborto en los tiempos de Gattaca, la visión liberal sobre la despenalización del aborto, de Ayn Rand a John Rawls, las argumentaciones que han (con)vencido a las visiones anti abortistas típicas de conservadores y socialistas.

PD.  El senador republicano de tendencia "libertaria" Rand Paul también usó Gattaca en un discurso sobre la despenalización del aborto pero para atacarla. 


“In the movie Gattaca — in the not too distant future — eugenics is common.  And DNA plays a primary role in determining your social class.  Due to frequent screenings, Vincent faces genetic discrimination and prejudice. The only way to achieve his dream of being an astronaut is, he has to become what’s called a ‘borrowed ladder.'

“Imagine that kind of world, like a China with a one-child rule controlled by the state … a world where man has the ability to perfect DNA. Will we get to that point where we eliminate people?  Wouldn’t it be the ultimate irony if we decided only those with perfect DNA could be born?  Would we eliminate part of our humanness, part of our specialness? Would we be flying too close to the sun?”

Pero Paul evidentemente confunde, en la típica paranoia cristiana de algunos libertarios norteamericanos y españoles, el control que pueda ejercer el Estado, como en China, con la libertad que precisamente el estado ha de reconocer a las mujeres para, dentro de los límites que planteo en el artículo, ejercer el poder de hacer con su cuerpo lo que estimen razonable.  Paradójicamente, un presunto libertario como Rand termina usando el monopolio de la violencia del Estado como un vulgar comunista para imponer al resto de personas su punto de vista moral(ista)...



viernes, diciembre 05, 2014

Las vidas de Grace, realismo indie

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  • “Estoy en la universidad y quería pasar una temporada con chicos desfavorecidos”.  Plantea el recién llegado.
  • “Eh, ¿qué quieres decir con eso de “chicos desfavorecidos”?” le espeta agresivamente un interno.
  • “Eso es una falta leve, a tu cuarto”. Dice Grace, la jefa del centro.

Ni cinturones, ni cuchillas, ni libertad.  Este podría ser el lema del centro de acogida para adolescentes con problemas de conducta -muy agresivos, con una actitud disruptiva- que lidera Grace, una joven que combina la tolerancia con la disciplina, el humor con el rigor.  Pero no sólo tienen problemas los jóvenes “educados” también los jóvenes “educadores”.  

Las vidas de Grace es una película por Denis Creton que relata las experiencias y explora los sentimientos de la supervisora de Short Term 12, una chica aparentemente extrovertida aunque sería que al mismo tiempo que ayuda a resolver los problemas de los demás se enfrenta introvertidamente a una secreta herida interior.  Sólo el conflicto con una inteligente y conflictiva nueva interna hará que Grace se enfrente cara a cara a sus fantasmas personales.

Con un estilo sencillo a la vez que complejo, Creton elabora una película sensible sin caer en la sensiblería, inteligente sin llegar a ser pedante, instructiva sin caer en el moralismo, ambiciosa pero no pretenciosa.  Con la atmósfera envolvente de la música de Joel P. West, entre el minimalismo y el indie, Creton recrea sus propias experiencias como trabajador en un grupo que ayudaba a adolescentes problemáticos.  Estas vivencias son traspasadas a la pantalla con el filtro de una autenticidad no impostada por trazos gruesos, demagógicos y populistas.  Por el contrario, el costumbrismo de Creton ignora tanto el casticismo como el preciosismo, los dos pecados capitales del realismo con ínfulas sociales, para centrarse de manera empática, como si hiciera una disección no exenta de compasión, como si fuese posible hacer un Vermeer ante el que la gente no dijese: “Mira, un Vermeer”.

La secuencia clave de la película ocurre aproximadamente a la hora de haber empezado.  Entonces una de las chicas protagonistas le cuenta una historia a la trabajadora social con idénticos problemas: una pulpita se encuentra con un tiburón amigable que le pide como señal de amistad que se deje comer uno de sus brazos.  Una semana después… se lo pueden imaginar.  

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Me ha recordado un canción de Christina Rosenvinge, Tú por mí, en la que se decía

“Mucho cuidado con los cocodrilos, vienen despacio, nunca los ves. se la comieron sonriendo tranquilos, yo me di cuenta me fui por pies”

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Mucho cuidado, nos viene a decir Las vidas de Grace, no con los lobos feroces de Caperucita sino con los lobos con piel de cordero.  Hay que aprender a distinguir a las personas buenas de las que sólo lo parecen.  E, incluso, de aquellas que no lo parecen…

viernes, noviembre 14, 2014

Interstellar, la filosofía

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Interstellar, la última de Nolan, se ha hecho famosa más bien por el batiburrillo científico que constituye su armazón, de la mecánica cuántica a la relatividad pasando por los agujeros negros y los viajes en el tiempo. Pero como suele suceder en la ci-fi, lo científico no es más que una excusa para lo filosófico.  En este caso, fundamentalmente la Tierra, la ejemplaridad, la mortalidad y la familia como núcleo de lo social humano.  Todo ello envuelto en una grandiosidad enfática más cercana a la espiritualidad rocambolesca de El árbol de la vida de Terrence Malick que a la abstracción analítica de Kubrick en 2001, al pseudomisticismo de Prometheus que a la alegoría psicoanalítica de Planeta prohibido.

La Tierra es un planeta en el que hay mucha más agua que tierra.  La denominación apunta a nuestro natural especismo, esa comprensible manía antropomórfica que nos hace pensar en el planeta como una propiedad privada puesta a nombre de la humanidad.  Sin embargo, al mismo tiempo que sentimos que es "nuestra" también percibimos que hay algo absolutamente heterógeneo y extraño en ella.  Nos creemos su dueños pero, por otra parte, sentimos que una irreductible resistencia cuelga como una espada de Damocles sobre nuestra cabeza.  Que es nuestro hogar pero también nuestro verdugo.  Interstellar, como ya ocurriera en El incidente (Shyamalan), revela, a través de gigantescas olas de polvo y plagas vegetales, que cuanto más tecnológicos nos volvemos menos a gusto nos encontramos en la physis.  El protagonista interpretado por Matthew McCnaughey es un ingeniero mientras que su hija (Jessica Chastain) será la física encargada de resolver la mítica incompatibilidad entre la cuántica y la relatividad.  Y de todos los personajes de la película, el más fiable es una máquina, un robot que satisfaría de sobra el test de Turing (a diferencia de muchos humanos, ya que parece ser más humano que los propios humanos).  Como en el caso de 2001 con HAL 9000, el sueño asimoviano de que el mejor amigo del hombre sea un robot se muestra una vez más como la utopía mecanicista perfecta.  Interstellar acierta, involuntariamente, al mostrar cómo desde la revolución de Internet la ingeniería se ha convertido en la reina suprema del conocimiento, mientras que la ciencia ha devenido secundaria.  Antes los científicos pensaban y los ingenieros iban a rebufo a ver lo que podían sacar de las teorías e hipótesis.  La serie Manhattan (sobre el proyecto científico-militar para construir una bomba atómica) es ejemplar al mostrar dicho proceso -con la filosofía completamente despreciada en su "locura" por plantear fines trascendentes-, cuando los científicos eran los amos del ser y del pensar.  Pero a partir de Internet y la eclosión tecnológica, primero se inventa y luego se pregunta.  Los científicos además, como antes los filósofos, resultan ser sospechosos por demasiado reflexivos frente a la ingenuidad y espontaneidad del ingeniero, menos intelectual y más sentimental.  En cierto modo, la reinvención de la humanidad que plantea Interstellar nos devuelve al estado mental de nuestros antepasados prehistóricos de las industrias líticas.






Lo que revela Interstellar no es sólo la incomodidad porque la Tierra se nos hace pequeña a pasos agigantados sino sobre todo la angustia existencial de que cada vez nos sentimos más extraños en nuestra propia casa debido a la tecnologización progresiva de nuestra estar-en-el-mundo.  Ser o no ser... terráqueo, esa va siendo la hamletiana cuestión.  En el cartel promocional se apunta esta visión cuando el letrero sobre una casa estilo Hopper nos dice "La respuesta está sobre nosotros".  Hubo un tiempo en el que la respuesta estaba en nuestro interior (como nos decían Ápolo y Sócrates, del conócete a ti mismo a una vida no examinada no merece ser vivida), "ahí fuera" (como buscaba el agente Mulder en Expediente X) o, incluso, en el viento.  Ahora, sin embargo, estamos alienados a nosotros mismos y la misma tierra, imposible de domesticar mediante la tecnología, nos resulta el último y radical Otro.  Somos viajeros espaciales pero no como turistas accidentales del vacío sino exiliados de la misma condición humana, convertidos en androides, robots, máquinas.





Plantea también Interstellar el paradigma platónico del gobierno de los sabios que, por supuesto, en este caso son los científicos y los técnicos que gracias a su saber para la supervivencia controlan de facto desde la NASA el gobierno planetario.  A través de la paternalista figura de Michael Caine, la casta físico-tecnológica domina a la humanidad para lo que no duda en emplear la mentira y la ocultación porque se consideran los únicos que pueden gestionar la información con rigor y responsabilidad.  Esta dictadura tecnológica parece ejemplar en sus figuras más importantes pero también se revela que, al mismo tiempo, son débiles y egoístas.  Por decirlo a la manera de Divergente, la facción de Erudición no tiene un átomo de la integridad moral de Abnegación. La entronización del homo tecnologicus se manifiesta también en el último refugio galáctico de la especie humana, un nave espacial que simula una granja pero en la que todo es un simulacro, más parecido a un campo de golf (de reeducación, de concentración) que a la naturaleza, ya domesticada (el jardín como superación (destrucción) de la selva).  Al revés que Wall-e, el Interstellar de Nolan publicita una degradación tecnológica, apoltronada y superficial, de lo humano en el futuro.






Lo peor de la película es el tratamiento al conflicto familiar, el auténtico núcleo moral de la película.  En una secuencia de la primera parte una profesora de instituto se decanta por la censura políticamente correcta en contra de la verdad, en cuanto que podría ser dolorosa y difícil.  Sin embargo, Nolan filma de una manera equivalente a la pacata maestra, actuando como un trilero cinematográfico en el que las diversas piruetas argumentales y arbitrarios giros de guión, excusados por ese nuevo Deus ex machina que es la mecánica cuántica, sustituyen a una planteamiento serio y riguroso aunque no sea "cinematográficamente correcto". Enfática y sentimentaloide en este caso aparece en todo su esplendor el tópico, empalagoso y previsible tratamiento superficial de "Hollywood" a eso que llaman amor.  El discurso irracionalista de la astronauta interpretada por Anna Hathaway para justificar una decisión egoísta enlaza paradójicamente con la misma decisión tomada por el eminente científico interpretado por Matt Damon por debilidad (o preferencia patológica por sí mismo).  La estilización abstracta del tratamiento que le dio Kubrick a la cuestión en 2001 contrasta fuertemente con la debacle waltdisneyana en la que se hunde Nolan hasta llegar al clímax ridículo de un bucle temporal que hace que personas de generaciones diferentes se encuentren en planos de tiempo convergentes.  Mientras que en la distopía de Divergente se nos advierte contra una intelectualización de la sociedad que nos llevase a considerar que "La facción está por delante y por encima de la familia" -es decir, donde lo colectivo prime sobre lo individual- en Interstellar Nolan hace una defensa explícita de lo contrario: una visión cálida de lo humano centrado en lo familiar como núcleo del hecho humano básico.  Tesis con la que estoy de acuerdo pero que realiza  de una manera superficial y simplista, infantiloide y cinematográficamente tramposa. Línea de diálogo pronunciada por Anne Hathaway, especialista en personajes dickensianos al borde de un ataque de cursilería:


"Love is the one thing that transcends time and space."




PD.



jueves, noviembre 13, 2014

Festival de Cine de Sevilla 2014: Amor fou, Saint Laurent, El capital humano, Los hongos, Los inocentes

Calificación 
Este primer fin de semana del Festival de Sevilla me ha dado la oportunidad de ver cuatro películas interesantes y un clásico.  Lo interesante de un Festival es que te permite ver en un corto período de tiempo distintos estilos  procedentes de países muy diversos, lo que te da una idea aproximada del tipo de cine que se está haciendo en la actualidad en industrias no muy publicitadas.  No estamos viviendo una época especialmente cinematográfica, en el sentido de que las fronteras que se exploran no están cambiando la dirección de la historia del cine sino simplemente escarbando en algunas de las esquinas de los espacios que se abrieron hace veinte o treinta años.  Pero eso no quita que se puedan disfrutar de ideas originales, interpretaciones brillantes, guiones inteligentes o, al menos, secuencias que permiten añorar lo que era el gran arte cinematográfico.

Las películas en cuestión que he visto han sido Los hongos (Colombia), El capital humano (Italia), Saint Laurent (Francia), Amor fou (Austria) y el clásico de Jack Clayton, Los inocentes.

De las que más me han gustado a las que menos.




Amor fou, película en la Sección Oficial ambientada en la Alemania romántica post-Goethe, azotada por las ideas ilustradas, democráticas y revolucionarias, y centrada en un joven poeta tipo Heinrich von Kleist que le declara su amor a toda mujer con la que se encuentra y, a continuación, para demostrarle que su amor es sincero, puro y auténtico les propone rubricar el mismo suicidándose juntos.  En el colmo de esa ingenuidad cínica propia de esos fanáticos del ideal que son los románticos les dice a las víctimas de su amor que prefiere compartir una tumba con ellas que un lecho con una reina. Con una puesta en escena sobria, discreta, elegante, digamos, prusiana, Jessica Hausner realiza la mejor comedia del año, a medio camino entre Una cara con ángel de Stanley Donen de y La marquesa de O de Eric Rohmer, en la que la directora se burla con sofisticación y profundidad de los enfaticalistas romanticones, tan ahítos de ellos mismos y de su engolada y elefantiasica personalidad que, claro, la vida cotidiana, tan burguesa la pobre, les parece poca cosa.  Al menos Byron se iba a pegar tiros a los turcos, no a damiselas indefensas.




Saint Laurent película de Bertrand Bonello, el cual irrumpió como una bomba en el panorama cinéfilo con su atrevida, iconoclasta, seductora y envolvente Casa de la Tolerancia, la historia de los antiguos burdeles en los que el lenocinio era una de las bellas artes.  Bonnello continúa con su idea de que la pantalla cinematográfica tiene que ser un lienzo en el que pintar como lo haría Tiziano si en lugar de pinceles hubiera tenido cámaras, focos y atrezzistas.  Para ello nada mejor que apropiarse de la figura de Yves Saint Laurent, uno de esos modistos que quisieron elevar la artesanía del cortar y coser en una de las artes efímeras del siglo XX, junto a la publicidad o el graffiti.  Lo paradójico es cuando lo consiguió, y su moda entró en los museos con las bendiciones de los académicos y los “curadores”, en ese mismo instante lo efímero se convirtió en fósil con lo que su mayor triunfo fue dialécticamente su definitivo fracaso.

Esta dialéctica la muestra Bonello a través de cuatro ejes.  Por un lado, su genio como creador y su imbécilidad como ser humano.  Por otro, el imperio económico e industrial asociado a un tipo de creación artesanal y elitista.  Narcisista hasta la nausea, YSL tenía un ojo de Sauron para todo lo que fuese la creación de un estilo de ropa para la mujer y, en consecuencia, para las mujeres mismas.  La mejor secuencia de la película es cuando una clienta, Valeria Bruni-Tedeschi, se muestra insegura probándose un traje chaqueta que le parece excesivamente masculino.  Entonces YSL, como un Pigmalion del vestido, empieza a recomendarle cambios en el peinado, la manera de llevar las manos en los bolsillos o el color de un cinturón, para transformar con apenas unos detalles de estilismo lo que era una mujer inseguro y atemorizada en toda una belleza que pisa segura por la vida, dueña de su cuerpo y su destino.  Y es que después del inventor de la lavadora nadie ha hecho más por la liberación de las mujeres que estos modistos franceses haciendo que el cuerpo de la mujer, tradicionalmente considerado pecado, se convirtiera en el bien más preciado por ellas mismas.  Que se lo digan a los talibanes y las alienadas del burka.

Con su habitual estilo meloso, envolvente, de colores densos y perspectivas insospechadas, Bonello nos descubre a un YSL que quisiera ser el Marcel Proust de la Alta Costura.  Y aquí reside el único problema de la peícula ya que tiende a representar el universo gay con un estereotipado sabor dulzón y decadente, recargando el vacío y superficial existencialismo de pacotilla de su YSL de un modo que lo hace tan cargante como idiota, lo que repercute en una infravaloración de su labor como presunto artista (la labor creativa se reduce a unos cuantos bocetos, mucho whiskey para pensar mejor y no coger unas tijeras ni para cortarse las uñas).

En definitiva, Saint Laurent cae de lleno en los mejores defectos (valga la paradoja) de ese cine francés que constituye el género de la “francesada”, que merece la pena verse por el espectáculo de bellas y estilosas mujeres bebiendo champagne como si fuera agua y fumando cigarrillos franceses como si el cáncer fuera un invento de la industria de la quimioterapia.  En cierto modo, se deber ver Saint Laurent con el mismo placer culpable de quién ve una americanada como Rambo IV.  Códigos desviados hacia el kitsch.



Dos películas que se dejan ver pero que resultan perfectamente banales e intrascendentes son Los hongos y El capital humano.  La segunda es un melodrama tan tramposo como idiota sobre sobre las contradicciones de unos burgueses más o menos adinerados a los que las turbulencias económicas de la crisis financiera llevan a enfrentarse al vacío y el sinsentido de sus vidas.  Superficial, maniquea y con un aire a telenovela de qualitè, al estilo de nuestro Cuéntame, El capital humano pretende ser una denuncia de la mercantilización de la vida humana en el contexto del capitalismo al mismo tiempo que mercantiliza el arte cinematográfico reduciéndolo a su mínima expresión estética para conseguir aquello que denuncia: la reducción de lo trascendente a sucio y vil dinero.

Los hongos es una modesta y luminosa película colombiana sobre unos grafiteros en el Medellín de Álvaro Uribe.  Este es uno de esos casos en los que el guión es tan pobre y deshilachado que más les hubiera valido rodar sin orden ni concierto porque lo más valioso de la película son las idas y venidas de la pareja protagonista, grafiteros y skaters, por las calles colombianas, escuchar los giros idiomáticos, las conversaciones políticas...  Lo más valioso de Los hongos es cómo testimonio documental de la vida en Colombia, del color y el sabor sus gentes.  Versión pobre, en todos los sentidos, de Paranoid Park de Gus van Sant, Los hongos muestra a unos parásitos de la sociedad que, sin embargo, resultan simpáticos en su ingenuidad revolucionaria ("Zion" contra "Babylon"), artística y moral.


El clásico fue Los inocentes de Jack Clayton, una adaptación de Una vuelta de tuerca de Henry James.  Película sobre la depravación moral es una extraordinaria metáfora del paternalismo, maternalismo en este caso, enfermizo: ese deseo de llevar a los demás por lo que se considera el bien aunque para ello haya que provocar el mal.  Un vicio muy extendido políticamente entre conservadores y socialistas.  La institutriz le da una vuelta de tuerca a aquello de "dejad que los niños se acerquen a mí".  Ver este blanco y negro espectral y ominoso en una gran pantalla no puede ser sustituido por el sucedáneo de verlo en la pantallita de una televisión o un ordenador pero menos da una piedra, así que gracias al que lo ha subido a youtube podéis disfrutar de esta brutal y sutil denuncia del abuso de menores.

miércoles, noviembre 12, 2014

1980, el último documental de Iñaki Arteta sobre los asesinatos de ETA

Calificación 


Hoy, miércoles 12, se proyecta en Madrid "1980" y en Libertad Digital hago la reseña de este gran documental del cineasta vasco Iñaki Arteta







PD. Presentación pública del documental 1980 de Iñaki Arteta en Madrid, este miércoles en el cine Callao a las 8 de la tarde.