"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

viernes, noviembre 26, 2004

Es la economía, estúpido

Europa está en decadencia. Política, económica y cultural. El centro del mundo se está desplazando del Atlántico al Pacífico. De los tres grandes bloques comerciales, EEUU-Méjico-Canada, China-India-Japón y UE, somos nosotros los que estamos estancados.

Un síntoma de esa decadencia es la producción cinematográfica. El idealismo romántico, decadente e impotente, se ha apoderado de los cineastas europeos. La fuga de cerebros ya no sólo afecta a los laboratorios de Física sino también a los platós cinematográficos. Son los EE.UU. los que recrean la guerra de Troya, los que nos cuentan cómo fue el Imperio Romano, en suma, los que escriben nuestra propia historia.

La culpa reside en la incompentencia y la ignorancia de los cineastas europeos, un colectivo de analfabetos funcionales instalados en unos conocimientos caducos.

Un ejemplo de lo contrario: Santiago Pozo. ¿Quién diablos es este tipo? Alguien que tiene la ideas cinematográficas claras: "Nuestra división de producción y distribución adquiere tres tipos de productos audiovisuales que responden, en primer lugar, a la demanda de las grandes masas de latinos que desean ver filme de género muy comerciales y populares... También trabajamos el cine de autor, de prestigio, para un mercado muy especializado... y, por último, una combinación de ambos" El problema, claro, es que este español no trabaja en España, Europa, sino en Hollywood.

Santiago Pozo comprende la simbiosis entre industria y arte, en la que la demanda de un público no dirigible, porque sabe tanto como las presuntas élites, es la que manda. Sin embargo, los cineastas españoles, y en general los europeos, sólo saben lloriquear ante el Estado, nacional o comunitario, en busca de subvenciones con las que realizar un tipo de cine domesticado y de espaldas al público.

Si los europeos no consiguen alcanzar pronto una mínina ilustración económica, superando los prejuicios de casta privilegiada contra la economía de mercado, el cine, y toda la producción cultural, no podrá sobrevivir.