"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

viernes, marzo 04, 2005

Velos

De nuevo "la polémica de los velos". En Inglaterra, junto a Holanda y Nueva Zelanda, el país más liberal del mundo en la actualidad, un Tribunal ha reconocido el derecho de una escolar musulmana a ir a clase con ’jilbab’, lo que me ha movido a investigar en los pros y contras sobre la prohibición o no del velo en las escuelas.




“La división entre Estado y religión no se negocia”. Jacques Chirac lo tiene claro, y ha impulsado una ley que prohíbe la presencia de símbolos religiosos “exhibidos provocadoramente” en los centros educativos. Ley que se ha interpretado como un ataque específico al velo musulmán, ya que aunque se puede portar un crucifijo “no provocadoramente”, que sea “pequeño” o vaya tapado, no hay forma de llevar un velo de manera no ostensible, no hay velo pequeño ni se puede meter la cabeza dentro del jersey. Bernard Stasi sostiene que el velo islámico es “objetivamente un signo de alienación de la mujer” y que muchas de las chicas que lo llevan lo hacen bajo la presión de sus familias o grupos concretos. En el Comité presidido por Stasi y formado por veinte expertos, estaban presentes personalidades de todas las confesiones mayoritarias en Francia, como René Remond, historiador católico, Mohamed Arkoun, islamólogo y Hanifa Chérifi, mediadora en los problemas del velo. En el curso pasado hasta tres alumnas fueron expulsadas de sus centros y otras tres han sido retiradas por sus familias ante las presiones de la comunidad escolar para que se quitaran el velo. Y se cerró el cierre de una guardería y un centro de preescolar “ilegales, de inspiración salafista”.



Hay unas 1.300 chicas que usan el velo islámico en una población escolar de más de 12 millones de alumnos. Parece poco, muy poco, pero es esta la típica cuestión que suscita tensión afectiva, titulares breves e impactantes, escándalos e incluso historias lacrimógenas. O que se puede interpretar como la punta de un iceberg que amenaza al Titanic de una sociedad tan aparentemente insumergible como la de Francia. Pero el problema cobra una mayor dimensión si se tienen en cuenta los centros de trabajo y la asistencia sanitaria. Una asistenta social fue suspendida de empleo en el Ayuntamiento socialista de París a causa de su insistencia en llevar el velo islámico y de negarse a estrechar la mano a los hombres. En los hospitales cada vez se registran más casos de negativas por parte de musulmanes a ser atendidos por personal de un sexo distinto al propio.

Los exministros socialistas Lang y Fabius fueron los primeros que exigieron una legislación específica contra los signos religiosos en la escuela pública. Pública y laica. Porque el laicismo en Francia es una tradición como las baguettes o Edith Piaf, una tradición muy especial porque es uno de los pilares sobre los que se ha construido la República.

Finalmente, la Asamblea Nacional francesa ha aprobado la ley que prohibirá llevar símbolos religiosos en las escuelas e institutos públicos. Tras un consenso, tanto la Unión por un Movimiento Popular (UMP), de derechas y en el Gobierno, como el Partido Socialista apoyaron la ley al incorporarse una enmienda que obliga a agotar “el diálogo antes de cualquier sanción”. 494 votos a favor (conservadores y socialistas en su mayor parte), 36 en contra y 31 abstenciones (de liberales y comunistas). Pronto se extenderá el conflicto a toda Europa. Ya en Alemania, tanto en el oeste, en Sarre, como en el sur, Baviera, se ha prohibido el velo en las escuelas, ya que dicha prenda tiene, según la ministra de Cultura de Baviera, “connotaciones de fundamentalismo islámico”.



“Somos francesas y usamos velo”, “mi cuerpo me pertenece, mi velo también”, eran algunos de los cánticos que las musulmanas francesas proclamaron en las manifestaciones organizadas contra los planes de prohibición de los signos religiosos en las escuelas. Otros musulmanes, como el muftí de Marsella, creen que el velo es utilizado como un caballo de Troya de los sectores radicales del islamismo “para fortalecer el Islam retrógado y político que tiene efectos desastrosos en las naciones árabes”. Como ha denunciado el rector de la Mezquita de París y presidente del Consejo Musulmán (creado el año pasado por iniciativa del ministro de Interior, Nicolás Sarkozy, que promueve un entendimiento activo con la comunidad musulmana, incentivando a los moderados y persiguiendo a los radicales), detrás de las protestas en la calle está Mohamend Latreche, fundador del Partido de los Musulmanes de Francia, radical, antisemita y con gran predicamento entre los jóvenes musulmanes de los suburbios.

Y es que la principal intencionalidad de la ley es frenar el proselitismo musulmán de corte radical, claramente antioccidental, que se estaría propagando a través de la ostentación del velo, entre otros símbolos. En apariencia paradójica, la extrema derecha del Frente Nacional de Le Pen también se ha opuesto a la prohibición del velo, en lo que sería una alianza interesada entre extremistas de diverso signo para luchar contra la República, según el periódico de izquierdas “Libération”.

Si el laicismo es uno de los pilares sobre los que se ha construido la República en Francia, esta legislación ad hoc lo que puede estar manifestando es la fragilidad de la República a la francesa. Frente a la tradición anglosajona que está siendo capaz de aglutinar las diferencias en el modelo del crisol intercultural, que en una tensión conflictiva permite reunir gentes de diversas lenguas, religiones y modelos de conducta sobre el fundamento de un mínimo de valores comunes (en EEUU no hay idioma oficial, como indicativo del respeto hacia las diversas lenguas que se hablan, o se han hablado, en la República), la tradición francesa pretende uniformizar a la población imponiendo un estándar cultural homogeneizador.

Desde el modelo anglosajón, el alcalde Londres, Ken Livingstone, ha declarado: “Chirac está jugando a un juego terriblemente peligroso... Ésta es una medida antimusulmana y fomentará este sentimiento”. Livingstone contrapone al modelo represivo francés la forma en que se zanjó el debate en Gran Bretaña en los años sesenta, de gran inmigración musulmana e hindú, legislando permisivamente a favor de las minorías. Lo corriente en Gran Bretaña es que el alumnado pueda portar velos o turbantes además, claro está, de crucifijos. “Creo que un movimiento para prohibir el hijab y otros símbolos religiosos en las escuelas públicas aumentará las tensiones actuales entre las comunidades y activará los ataques a las minorías étnicas, no sólo en Francia sino a lo largo y ancho de Europa” le escribió en una carta Livingstone a Raffarin, el primer ministro conservador francés.

En la prensa española la polémica ha sido variada, y vamos a recoger algunas argumentaciones significativas. Por un lado, los que se han mostrado a favor de la ley francesa han sido el novelista Eduardo Mendoza, el también novelista y ensayista Mario Vargas Llosa y el filósofo Ignacio Sánchez Cámara. En contra, el filósofo Fernando Savater, la secretaria de Amnístia Internacional Irene Khan, el responsable de inmigración de CERES, Miguel Pajares, el profesor del Instituto de Ciencias para la Familia Jiménez-Aybar.

Mendoza (socialista), Vargas Llosa (liberal) y Sánchez Cámara (conservador) se manifiestan a favor de la ley francesa. Los tres coinciden en que el velo es más que un simple velo, que posee una serie de connotaciones antidemocráticas y de oposición al sistema educativo laico e igualitario que recomienda su prohibición. En particular, el velo tendría un valor simbólico de opresión de la mujer que estaría en contradicción con lo que simboliza la educación pública, de conquista de derechos fundamentales, especialmente en lo que refiere a la mujer. Si son las propias mujeres las que declaran querer llevarlo, dicha conformidad no tendría valor en cuanto que se encuentran “alienadas” o son obligadas por sus hombres a llevarlo.

Vargas Llosa comienza reconociendo que desde la perspectiva liberal que dice profesar “el respeto a los derechos individuales exige que una persona, niño o adulto, pueda vestirse como quiera sin que el Estado se inmiscuya en su decisión”, principio liberal que se sigue en el mundo anglosajón, como “en los barrios periféricos de Londres... en las que muchedumbres de niñas musulmanas van a las aulas escolares veladas de pies a cabeza”. Sin embargo, dicho principio liberal democrático cree que debe ser dejado en suspenso en cuanto que el “proceso de secularización... que ha hecho posible la democracia... el Islam no lo ha experimentado de manera integral”. Para Vargas Llosa las niñas “a las que sus familias y comunidades envían ornadas del velo islámico a las escuelas públicas de Francia son algo más de lo que a simple vista parecen; es decir, son la avanzadilla de una campaña emprendida por los sectores más militantes del integrismo musulmán en Francia”, que estarían buscando con la instrumentalización de los velos “que se les reconozca su derecho a la diferencia... una extraterritorialidad cívica compatible con lo que aquellos sectores proclaman su identidad cultural, sustentada en sus creencias y prácticas religiosas”. Vargas Llosa advierte que la permisividad del velo llevaría lógicamente a permitir “otros rasgos y prácticas tan ficticiamente “esenciales” a la cultura propia como los matrimonios de los jóvenes negociados por los padres, la poligamia y, al extremo, hasta la ablación femenina”. En cuanto al límite en la aceptación de tradiciones culturales provenientes de la inmigración, Vargas Llosa sostiene que “es obvio que son (los nuevos ciudadanos) quienes tienen que adaptarse a las instituciones de la libertad, y no éstas renunciar a sí mismas para acomodarse a prácticas o tradiciones incompatibles con ellas”. En resumen, todas las religiones y creencias (el cristianismo ya lo habría hecho) “deberán renunciar a los maximalismos de su doctrina –el monopolio, la exclusión del otro y prácticas discriminatorias y lesivas a los derechos humanos- para ganar el derecho de ciudad en una sociedad abierta”, para concluir “el velo islámico debe ser prohibido en las escuelas públicas francesas en nombre de la libertad”.

Sánchez Cámara también incide en los mismos argumentos, fundamentalmente en que “lo que resulta censurable en el velo no es la ostentación de la religión sino la exhibición de la marginación de la mujer”. Insiste en que no se trata del velo en sí, sino “de lo que éste proclama o, si se prefiere, esconde” ¿Y que connota, que decía Vargas Llosa, o esconde según Sánchez Cámara, el velo? “Exhibición pública del sometimiento de la mujer, de su inferioridad social y legal, y de su condición de ser impuro y pecaminoso”. ¿Algo más que pudiera hacerlo interpretar de forma positiva? Según informan Mendoza, Vargas Llosa o Sánchez Cámara, nada de nada.

Aunque eso sí, de una forma mucho más explícita que Mendoza y Vargas Llosa, Sánchez Cámara señala que esta ley debe ser entendida como específicamente dirigida al velo islámico, y que si se ha extendido a los crucifijos, los kippas y los turbantes sólo ha sido para “cobijarla bajo el confortable manto de la corrección política”, cuando de lo que únicamente se trata es de “resolver la querella del velo”. Porque, como señala Vargas Llosa, los cristianos, por ejemplo, han asimilado perfectamente los valores democráticos y liberales, y según Sánchez Cámara sería un oximorón hablar de “fundamentalismo cristiano”

En sentido contrario se manifiesta Fernando Savater que pone en cuestión precisamente que el mayor desafío a nuestros Estado de Derecho provenga del fundamentalismo musulmán: “a todas las iglesias hay que domarlas para que renuncien a sus pujos teocráticos y ya está. Lo que difícilmente casa con las sociedades liberales son las concesiones de algunos dirigentes políticos a ese teocratismo que todos los cleros añoran: por ejemplo, la formación catequista como parte del currículo escolar, costeada por el Estado pero administrada por los obispos, los imanes o los rábinos” y recuerda que “en una sociedad democrática lo único sagrado (también para los laicos) es la prohibición a disponer del prójimo sin su consentimiento informado”. La ley francesa le parece contraproducente porque “alarma justificadamente a los laicos liberales y es de temer que no frene a los integristas más militantes”, además de que tales prohibiciones “contribuyen a magnificar la importancia truculenta de las afiliaciones eclesiales en la imaginación de los jóvenes”, y pasa a proporcionar unas recomendaciones metodológicas para tratar sintomatologías fundamentalistas: “restar importancia en el espacio público... a las iglesias y a los dogmas de fe... intentando desdramatizar las creencias en lo inverificable y darles ciertos carácter lúdico, reconociendo en sus signos indumentarios más bien una preferencia estética que una obligación ética... incluso fomentando cierto espíritu humorístico en lo tocante a tales demostraciones”.

Si Savater nos recuerda que el agitar el fantasma del “fundamentalismo islámico” puede ser una forma de encubrir otros fundamentalismos más invisibles por cotidianos, el responsable de inmigración de CERES, Miguel Pajares, ataca a los prohibicionistas poniendo en cuestión el núcleo de su argumentación. ¿Es realmente el velo únicamente un símbolo de opresión y proselitismo fundamentalista, por lo que debe ser prohibido? Según Pajares, no: “Muchas mujeres musulmanas, en Europa y en los países árabes, han adoptado el uso del velo en su lucha por la equiparación de derechos y por la ocupación igualitaria del espacio público respecto a los hombres, porque han considerado que tal uso les facilitaba la lucha y sus objetivos” En realidad la prohibición, según Pajares, “en lugar de llevar el debate al terreno de la discriminación de la mujer, se lo ha llevado al terreno de la defensa de la identidad religiosa”, con lo que hipócritamente nos reafirmamos en nuestra laicidad igualitaria eliminando los signos visibles, sin atacar el problema clave como es que los nuevos ciudadanos que portan una cultura extraña con respecto a las ya asentadas se integren sin ser uniformizados, se adapten sin dejar su otredad, sean considerados ciudadanos de una forma sustantiva y no de prestado con respecto a las comunidades culturales mayoritarias y que controlan las instituciones tradicionalmente. Pajares y Jiménez-Aybar insisten en la mediación y el diálogo.

Frente a este laicismo combativo, Jiménez-Aybar propone un laicismo pacificador como instrumento integrador, en la dirección marcada por el ministro de Interior Nicolás Sarkozy que ha impulsado un Conseil FranÇais du Culte Musulman, órgano llamado a representar al conjunto del Islam francés. Mediante el diálogo y la cooperación, lo que Pajares denomina mediación, Jiménez-Aybar cree que “habría ayudado... a identificar con claridad aquellos supuestos en los que determinados sectores del Islam francés utilizan el velo... como instrumento político que persigue la implantación en el país galo de un islamismo de corte radical”. Y desde el punto de vista de los valores y los principios democráticos, Jiménez-Aybar concluye que “supone una flagrante violación del ejercicio del derecho de libertad religiosa, el cual permite a toda persona la libre manifestación de su propia religión o creencia tanto en público... como en privado, tal como se establece en la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948”.

Vulneración de Derechos Fundamentales que también denuncia Irene Khan. Khan es musulmana pero no lleva velo y viste “a la occidental”. Kahn también es Secretaria General de Amnistía Internacional: “La posición de AI se sitúa desde la perspectiva de los derechos humanos. Y desde esa perspectiva, la cuestión del velo suscita cuestiones de libertad de expresión y de libertad religiosa. Y una mujer debe ser libre de elegir si llevar velo o no. No debe ser castigada por no llevar el velo. Como tampoco por llevarlo. Creemos que la ley francesa tendrá un impacto discriminatorio sobre las estudiantes, se vulnera su derecho a la libertad de expresión” Y especialmente importante me parece su reflexión, liberal, sobre la tarea del Estado: “La responsabilidad del Estado es asegurarse de que se puede hacer esa libre elección, y que si no me cubro la cabeza no seré agredida por nadie”.

Es significativo que aunque esta ley prohíbe en los centros escolares cualquier signo religioso ostensible (sea una cruz, una kippa o un velo), se denomina comúnmente como “ley de velo”. No nos engañemos. A nadie se le ha ocurrido legislar, desde un punto de vista laicista, contra los crucifijos, a pesar de que la religión cristiana, especialmente en su vertiente fundamentalista católica, es tan machista y misógina como pueda serlo la musulmana, y todas ellas están desafíando constantemente a la cultura ilustrada, como hacen los movimientos cristianos presionando, con éxito, para impartir catequesis en los centros públicos o, aún sin éxito, intentando que se enseñe el creacionismo en las escuela al mismo nivel que la selección natural evolutiva

Hay un dicho jurídico anglosajón que reza: “De los malos casos, se hacen malas leyes”. Esta ley ad hoc contra el velo puede ser interpretada como una ley contra los musulmanes, y estos pueden colegir que tras las proclamas universalistas de los derechos humanos sólo hay una defensa de la religión tradicional y mayoritaria en Occidente. La ley presupone que una alumna con velo de manera automática está haciendo política (antirrepublicana) y proselitismo (musulmán), mientras que en el caso de los crucifijos habrá que ponderar a posteriori, es decir después de realizar las correspondientes mediciones, si son en cada caso “ostensibles” o no, si son exhibidos como simbología política y exhibidos con intenciones proselitistas o “simplemente representan la adscripción personal a una confesión”.

El colmo del cinismo es cuando se pretende que se está salvando a estas niñas, ¿de qué, de ser musulmanas? Se afirma como si fuese un conocimiento probado que el velo es automáticamente discriminador, y que por tanto se deber prohibir su uso. La ignorancia es atrevida, y suele ocurrir que lo que se ignora se teme y, además, se intenta destruir. El velo, en cuanto categoría simbólica posee muchos y contradictorios significados. De lo que se trata en una democracia liberal, no confundir con una dictadura de la mayoría, es de promover, explicar, favorecer los usos simbólicos positivos de dicha prenda. No hay una única forma de ser demócrata, no existe algo así como una “cultura occidental” en singular, sino que la fuerza de la cultura liberal es la de permitir cualquier tipo de manifestación de la creatividad religiosa, ideológica o cultural siempre y cuando ello se realice con libertad y sin vulnerar los derechos de los demás. Al revés, sólo un fundamentalista democrático puede creer que las chicas que se manifestaban en París con un velo y contra la ley estaban todas alienadas y manipuladas. Y hace falta tener muy poca honestidad intelectual para comparar el llevar un velo con la ablación del clítoris o, pásmense, con portar pasamontañas terroristas.

Desde un punto de vista liberal, el Estado no debe convertirse en una pseudoreligión, con pretensiones de imponer un sentido a los ciudadanos. Con esta ley, la República francesa manifiesta su fragilidad, al tratar de imponer por la fuerza una doctrina uniformizadora como si no fuese capaz de albergar en su seno ideologías y religiones más allá del estrecho marco histórico y cultural en el que la República se ha originado.

Por ello es gratificante que las reacciones en la prensa española hayan sido mucho más lúcidas, tolerantes y democráticas que en el país vecino. Los desafíos antidemocráticos de cierto sector minoritario del mundo musulmán ya han llegado a nuestro país, como trágicamente sucedió el 11-M. Pero los españoles hemos sabido integrar en nuestro Estado de Derecho por la vía del consenso a fuerzas políticas, ideológicas y religiosas que, en principio, eran refractarias a los principios democráticos y liberales. Por todo ello, la tradición liberal española, que se desarrolla desde la Transición, nunca debe caer en el paroxismo del miedo a la diferencia que muestra la ley francesa pero, al mismo tiempo, debe comenzar desde ya un proceso de diálogo e incentivación de los círculos musulmanes democráticos para que no sean los radicales los que, utilizando como eco el victimismo, lleguen a controlar la representación de estos colectivos.

En cualquier caso, la libertad de los individuos, el derecho a la expresión personal en cualquiera de sus formas, está por encima de los abstractos intereses del Estado, sobre todo cuando como es el caso, se enfrenta todo el aparato estatal con unas niñas cuyo único falta es ser musulmanas. Si se quiere pegar una patada al fanatismo, no creo que el mejor medio (ni el más valiente) sea humillar a los más débiles.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente post.

Anónimo dijo...

¿donde está el permalink? quisiera guardar el post

Anónimo dijo...

Solo un poquito.
En su pais ,¿Esta niña iria a clase con individuos masculinos?¿A que edad deberia casarse y dejar de ir a clase?¿Podria salir de casa para ir a trabajar?etc etc

motilsarra dijo...

Magnífico post que voy a guardar como referente sobre este tema.

Personalmente no quiero pronunciarme hasta no examinar a fondo la cuestión; pues si en principio estoy a favor inequívocamente de la tolerancia, también los argumentos de los otros (Mendoza, Vargas-Llosa, e incluso Sánchez Cámara, sin contar los del gobierno francés ) me parecen muy dignos de tenerse en cuenta, de mucho peso.

Aquí, en España, posiblemente la opinión pública cambien de opinión, suponiendo que ya se tenga formada, sobre este problema cuando la población islámica alcance el porcentaje a que llega en Francia.

Libertariano dijo...

Efectivamente los argumentos de Vargas Llosa y compañía son relevantes, y me he propasado al calificarlos de "cínicos", lo que era una calificación general, que no creo que se les pueda aplicar a ellos.

Un saludo

Anónimo dijo...

Y tienes que insultar al catolicismo, idiota. ¿Tú qué sabes de cómo sentimos y pensamos los 1100000000 de católicos? Como decimos en México, chinga tu madre.

Libertariano dijo...

Estimado mejicano,

no sólo no insulto a nadie, sino que si leyeras con atención el post sabrías distinguir entre "los católicos" y los "fundamentalistas católicos" y cuando me refiero a "los cristianos que pretenden enseñar el creacionismo en las escuelas" me refiero a ciertos cristianos protestantes, porque como sabrás el catolicismo no tiene ningún problema con Darwin.

Bueno, quizás tu no lo sepas y seas un católico trentino, ¡o de Nicea! Entonces no me extrañaría tu insulto (simpático por exótico ese "chinga tu madre", pero vulgar lo de "idiota").

Saludos malincheanos

Smith dijo...

Excelente post. Muy buen trabajo.

Anónimo dijo...

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