"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

viernes, julio 08, 2005

La puritana socialista, o qué hacer con la prostitución

¿Cómo distinguir a una monja ursulina de una Consejera socialista de Igualdad y Bienestar Social (existe, santo Dios, el cargo)? Pues hablando de sexo resultan indiscernibles. Si antes podía ser la ursulina el modelo de mujer pacata y neurasténica respecto a los asuntos sexuales, ahora es la Consejera andaluza Micaela Navarro la que ha batido todos las marcas de mojigatería, histerismo y demagogia.

Hablando de la prostitución la señora Navarro ha constatado que es un fenómeno creciente. Pero a la estrecha socialista el libre intercambio de fluidos le parece abominable cuando no es "entre iguales". La cursilería de la Consejera-vía-cuota muestra una degradante visión de la naturaleza humana, una simplificación de las pulsiones dionisiacas que se expresan prioritariamente en el sexo y que la pudibunda señora Navarro querría domesticar según su limitada apreciación del asunto.

La izquierda mojigata se une así a la derecha de sacristía y, en vez de legalizar una actividad comercial entre individuos que hacen con sus cuerpos lo que creen conveniente, se ponen a censurar y dictaminar desde sus púlpitos lo que es moralmente correcto. La cruzada contra la violencia doméstica amenaza con convertirse en una escusa para que lo políticamente correcto, versión feminista-estalinista, comience a expandirse por la sociedad española como ya sucedió en EEUU, cuando fanáticas obsesivas como Andrea Dworkin iniciaron una campaña contra la pornografía y la prostitución, a pesar de la gran cantidad de mujeres y los hombres que la ejercían haciendo un uso libre de sus cuerpos y personas.

La caracterización de la prostitución y la pornografía como versiones de la violencia de género constituye una banalización de violencia real que sufren las mujeres, para satisfacer las ansias de represión moralista de este nuevo clero femenino, simbolizado por doña Micaela, que insiste en la victimización de la mujer por el mejor hecho de ser mujer, convirtiendo en estereotipos simplistas las complejas relaciones entre los sexos, en las que en última instancia predomina la fuerza liberadora y dionisica del sistema límbico.

Al final el Instituto de la Mujer va a estar de acuerdo con Franco en que Gilda es una inaceptable reducción de La Mujer (el estereotipo pequeñoburgués de mujer que necesita de la protección paternalista del jefe de partido, vía cuota). Y es que aquellos Coros y Danzas hicieron mucho daño a determinadas psiques fememinas, que realmente sólo han cambiado de color de pelo, el rubio por el rojo, pero que se siguen gastando fortunas en la peluquería.






Pero no acaba aquí la farfolla pseudofeminista porque a continuación la Consejera emula al mismísimo Adam Smith al constatar horrorizada que "si no existiera tanta demanda, no habría tanta oferta". Es decir, que hay mucho salido. ¿Pensará la buena socialista en echar bromuro en el agua como es leyenda que sucedía en los seminarios? El nuevo hombre de talante dialogante no se va de putas , no consume pornografía (si acaso la domesticada por Polanco y con una actitud irónica), mantiene una relación cariñosa, respetuosa (perfectamente aséptica e inodora) y siguiendo los estrictos protocolos de género con su pareja sentimental: que si una visita a la Ópera, que si una exposición de Barceló. El arte chic ha sustituido al rudo deporte de los campos de juego victorianos para sublimar la fuerza del deseo sexual reprimido, demasiado salvaje para estas adalides de la mojigaría progresista.



Lo malo del asunto, sobre todo para las prostitutas (y prostitutos), es que se están planteando el modelo sueco, socialdemócrata a fuer de totalitario, que castiga no a los usuarios sino a ¡las ofertantes!

Desde un punto de vista liberal, de lo que se trata es de legalizar una profesión como cualquier otra, con dos características relevantes: su incidencia en la salud pública y la enorme cantidad de dinero que mueve (y moverá) lo que ocasiona al estar ilegalizado que surjan mafias que explotan a las prostitutas.

Con políticas hipócritas, represoras y beatas como la Consejera Navarro se está colaborando activamente en la situación de explotación y esclavitud de las prostitutas.



En la extraordinaria Sin City, que en agosto se estrenará en España, las prostitutas se han organizado, creando una empresa-cooperativa, y sólo con su esfuerzo han conseguido quitarse de encima a los proxenetas que las explotaban. Dado que los representates reprimidos y represores del Estado insisten en considerarlas apestadas, además no pagan impuestos.




Estas mujeres de Miller revelan con sus actos lo que defiende la pensadora feminista fatal, Camille Paglia:

The prostitute is not, as feminists claim, the victim of men but rather their conqueror, an outlaw who controls the sexual channel between nature and culture.



Arcadi Espada relataba en un viaje a Holanda la tranquila, civilizada y gozosa forma de tratar con las prostitutas que tuvo ocasion de presenciar:

En una de las riberas del canal, y durante un par de kilómetros, se alinea una fila de imponentes barcazas. Todas están dotadas de unos grandes ventanales donde señoritas con aspecto de muy complacientes se exhiben en ropa de cama. Una carretera perfectamente normal, de dos direcciones, resigue del lado de tierra la ribera. A la hora en que yo fui el desfile de coches era incesante. A los dos extremos de la carretera una rotonda de bolsillo permite que los coches hagan la maniobra del giro y prosigan su recorrido de contemplación. Cuando uno de ellos se para en los márgenes suele ocurrir que baje un hombre, se llegue hasta una de las barcazas y desaparezca tras unas cortinas de un rojo desleído. Si las cortinas están echadas puede deberse a que la mujer trabaje o que la barcaza esté simplemente vacía. El tipo de escenas que se desarrollan en el interior es fácilmente imaginable, pero en cualquier caso en el repecho de la ventana se alinean, como geranios, una serie de objetos indiscutibles: grandes cilindros de todos los colores y tamaños, y alguno coronado imperialmente por un puño. A mitad de camino hay una barcaza con un rótulo muy visible, Kantoor, donde atiende un hombre. Al parecer es paso previo, tanto para las muchachas que quieren alquilar una barcaza como para sus clientes, que después del ojeo pagan e indican allí el número de amarre donde desean pasar los próximos minutos. Mis acompañantes hicieron especial énfasis en este Kantoor, en los policías que patrullaban con aire desvagado y en el aire general de calma inexorable que presentaba el paisaje. El objetivo era apuntalar la indagación realista. Dado que la prostitución no puede eliminarse se trataba de convertirla en servicio público, vinieron a decir. Sé que el comentario habría provocado alguno de vuestros legendarios sarcasmos, pero, de cualquier modo, el afán integrador de las sociedades del Norte incluye el mal, el vicio y la inacabable y venenosa letanía. La pregunta, y la hago vuestra, es, si alentadas en origen por una adecuación estricta al principio de la realidad estas sociedades no han acabado generando, paradójicamente, un superrealismo funcionarial y normativo. Mis amigos holandeses se preguntan también si esa capacidad integradora sobrevivirá a la sociedad abierta, y lo hacen sobre dos cadáveres que han conmocionado su vida reciente, el del político Pim Fortuyn y el del artista Theo Van Gogh.Las barcazas del canal de Vecht y sus alegorías me hacen volver una vez más sobre la lección indiscutible. La otra tarde vuestro traductor al holandés, Adri Boon, evocaba el año 1925, fecha de aquel puñetazo sobre la mesa (el suflé) de la literatura catalana: “Ya veremos si al final mi caballo no gana”. Es bien sabido: os exigían novela y os los pasabais por el canal de Vecht. Pedaleando de vuelta, pensaba en ello, y la combinación con el crepúsculo me puso en aquel estado de aflicción vital tan parecido al de la vez, en Capri o en una isla griega, en que os robaron la cartera. Pero es obvio: no hay posibilidad de realismo sin libertad. Es la dolorosa lección holandesa. Para uno del tercio de Flandes, dolorosa. Sin libertad sólo hay poesía o realismo socialista. La única estética contra la que se estrelló vuestro caballo fue el siglo español. Pero aún lo condujisteis, cojo y ciego.


Termina preguntándose la puritana socialista si algún cliente de la prostitución les gustaría que su hija se dedicase profesionalmente al sexo. Habría que preguntarle a doña Micaela si le gustaría que su hija se dedicase a limpiar suelos, y no creo que por eso se le ocurriese prohibir los servicios de limpieza. Quizás a la Consejera no le vendría mal un paseo por la cara oscura de la vida. No creo que se hiciera liberal pero quizás consiguiese liberarse un poco.

15 comentarios:

Kantor dijo...

La ursulina tiene razón: precisamente porque el placer dionisiaco solo se encuentra entre iguales.

Al fin y al cabo, el profeta de Dionisos se enamoro de Lou Andrea Von Salome: una igual.

La prostitución es detestable, porque no trata sobre una liberación sexual sino sobre gente que folla porque necesita el dinero.Es como tu dices, como fregar escaleras, pero mucho más desagradable.

Se puede defender su legalización porque al fin y al cabo su actual a-legalidad es aún peor. Pero todo romaticismo sobre un asunto tan sordido, esta fuera de lugar.

Precisamente confundir la prostitución con la promiscuidad es la tipica actitud de todos los reaccionarios sexuales.

Berlin Smith dijo...

No está mal, estimado colega Kantor. Pero me quedo con el colega Navajas: el estado no puede meterse en decirme con quien follo y si lo hago a cambio de algo. El estado sí debe protegerme de quien quiere abusar de mi libertad (uséase, follar obligatoriamente). Y prostitutas somos todas si reducimos la cuestión a quien hace algo que en realidad no quisiera hacer por billetes de moneda de curso legal.

Berlin Smith dijo...

Postdata al anterior: amigo Navajas, está usted subido de pluma hoy. Ese detalle de la demanda creciente... por favor dígame cómo se la manda a la señora consejera de igualdad y bienestar social (¿le ha preguntado alguien a la consejera si igualdad también es que me dejen vender lotería, periódicos o tabaco sin que el estado diga que unos pueden y otros no? A lo mejor habría menos necesidad de ser puta).

José María dijo...

Estoy a favor de la prostitución, entre otras razones porque nadie tiene derecho a decirle a nadie como quiere ganarse la vida, máxime cuando hay prostitutas que consiguen una buena pasta y a veces hasta disfrutan.
Moralinas ninguna, principios todos. Ni que decir tiene que hablamos de prostitutas adultas con plena capacidad de decidir por sí mismas, lo que excluye a la infancia y a los dementes.

Portorosa dijo...

Se habla aquí de que el Estado no se meta, de que se trata de algo entre adultos libres (no dementes, no niños, claro), y de que no se le pueden poner diques a la líbido apasionada. Y, aun encima, se acusa a la señora ésa (que no conozco) de no conocer el "lado salvaje" de la vida.
Pues permítanme que les diga que los suyos (en especial los del anfitrión) me parecen comentarios de niño bien, con estudios, copa en mano en el salón, en la biblioteca o en el pub marginal pseudo-intelectual. ¡Se atreven a decir que "hay muchas que disfrutan y deciden hacerlo"!
Miren, claro que las habrá, pero intentar decir que el mundo de la prostitución no es tremendamente sórdido y está casi por completo copado por delincuentes que se aprovechan de la MISERIA de miles de mujeres... eso sí que es vivir en el mundo de Pin y Pon, o en el de las putas de lujo, de las de 3.000 Euros la hora y apartamento en Velázquez. Y eso, señores, es una minoría tan excepcional que en absoluto puede servir de ejemplo.
Yo también creo que se debería legalizar (lo cual quiere decir que el Estado intervendrá, como interviene en mi profesión y en cualquiera), pues eso protegería a las prostitutas y los prostitutos (de nuevo, gracias al Estado, ¿o es que no lo ven?, ¿o es que van a protegerlas ustedes?).
Pero hacer romanticismo de ese mundo, pensando en Picasso en París o en "Belle de jour", es de un snobismo, en mi opinión, insultante. Vivo cerca de los restos del barrio de putas de mi ciudad, y les reto a ir allí a ponerse románticos entre ruinas, mierda, droga y mujeres enfermas y abandonadas.

Berlin Smith dijo...

Correcciones a comentarios encendidos: el estado no se debe meter en la decisión del individuo. Sí es función del estado prevenir y proteger la libertad de los individuos. Pregunto: ¿mejoraría la miseria, la mierda, la desprotección el hecho de que esté regulado? La prohibición es una injerencia del estado, la regulación y la protección su función. Nadie dice que la mujer (o el hombre) prostituidos gocen, se dice que si lo hacen no sean reprimidos por el estado por consideraciones morales.

Portorosa dijo...

Ya he dicho estar de acuerdo con su regulación y legalización. Y, por tanto, no puedo estar diciendo que el Estado se meta a controlar el sexo entre adultos. Y, por supuesto, no he hablado de moral.
Lo único de lo que he protestado es de que se haga poesía de salón, y se quiera aparentar "estar de vuelta", con este tema en general tan lleno de miseria y miserias.
Y sí se ha dicho que muchas gozaban (y el señor Arcadi, ya no digamos; qué snobismo, por favor).

Berlin Smith dijo...

¿Todos de acuerdo, pues? No me da que Arcadi Espada sea tan rotundo, pero es cierto que el goce o no goce no tiene sentido en el debate.

Libertariano dijo...

Portorrosa equivoca la cuestión esencial de la prostitución con la explotación. Precisamente que exista una lumpenprostitución tiene que ver esencialmente con su prohibición y satanización por parte de los bienpensantes, no con la prostitución en sí.

Kantor confunde el amor con el sexo. El mercado de la prostitución entre estudiantes es significativo, y entre mujeres de clase media aún más grande.

Claro que follan porque necesitan dinero. ¿Quién no? Estas disquisiciones moralistas son equivalentes a los que se escandalizan por la "explotación" de los niños en los países en desarrollo, en los que no se cumplen los estándares de protección social de los occidentales. Claro que sí se cumplieran sería peor.

Y la fuerza del sexo es relevante que se quiera "domesticar" por la doctrina de lo políticamente correcto como también por las doctrinas religiosas. En el caso que nos ocupa porque muestra una asimetría entre los sexos: el masculino es mucho más prosmicuo que el femenino, y así dadas las pautas culturales de apareamiento las necesidades sexuales de los hombres no estarán satisfechas, por lo que buscarán alternativas al sexo culturalmente consentido (sea la prostitución, el onanismo...)

Es posible que el lenguaje que empleé haya parecido romántico (lo dionisiaco y tal), pero aseguro que mi perspectiva es esencialmente naturalista.

La Consejera da un dato relevante: la demanda crece. Y cuanta más liberación sexual haya, es decir, más control de las mujeres sobre sus cuerpos y deseos habrá todavía más.

Portorosa dijo...

Usted perdone, señor, pero yo no he confundido nada de eso. De hecho, si estoy a favor de la legalización es porque creo que los problemas no son intrínsecos a la prostitución, sino que surgen de la desprotección que conlleva su actual clandestinidad.
Me he limitado a protestar porque se emplease un tono tan -en mi discutible opinión- pedantemente frívolo e irrealistamente romántico en este tema; y porque -en lo que parece ser habitual por estos pagos- se hiciese filosofía de salón (de salón muy bien puesto, además) al hablar de libertades y tutelas estatales; todo adornado con mucho oropel. Pero, en fin, esto último supongo que será una cuestión más general, y en la que no nos pondríamos de acuerdo.

Jessica dijo...

La prostitución está legalizada. Lo que es ilegal es el proxenetismo, es decir, el aprovecharse de la explotación sexual de un tercero para lucrarse.

Libre intercambio y explotación me temo que no son sinónimos, y ésa es la raíz del problema que hay que extirpar.

Por lo demás, cada cual puede hacer con su cuerpo lo que quiera. Mientras no hayan mafias que se aprovechen del cuerpo de otras.

Saludos:
Jéssica.

Vicente Torres dijo...

Lo que habría que evitar a toda costa es la prostitución de menores.
Lo demás es como poner puertas al campo.

Ismael dijo...

¿El "político" Pim Fortuyn y el "artista" Theo Van Gogh?

Por el amor del flaco, un poco de rigor.

sexy dijo...

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