"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

miércoles, abril 05, 2006

El hombre que encumbró a Liberty Otegui

Tom Burns, desde su atalaya liberal en Expansión, comentaba algunos paralelismos entre Lee Marvin, John Wayne y James Stewart y Otegui, Aznar y Zapatero. En El hombre que mató a Liberty Valance, John Ford describía, con la complejidad y la delicadeza que sólo un poeta con alma de político puede expresar, la situación de transición entre una situación de naturaleza, con la ley del más fuerte como principio rector, y una situación de sociedad, en la que la ley emana de una institución monopolista de la violencia (el Estado).

Liberty Valance
(Lee Marvin) y Tom Doniphon (John Wayne) representaban los dos polos más fuertes en naturaleza. La llegada de un abogado, Ransom Stoddard (James Stewart), iba a trastocar la relación de fuerzas cuando consigue que haya una masa crítica de acobardados ciudadanos que encuentran un líder tras el que sumar fuerzas.




El problema residía en que Liberty Valance, un superhombre nietzscheano aunque sin aura florentina, no se iba a dejar reducir así como así por un hatajo de ciudadanos que se refugiaban bajo el paraguas de un monopolio no consolidado. Entonces es cuando emergía, en la sombra, y respaldando la autoridad sin fuerza del abogado, un poder igual de violento que el de Liberty, Doniphon, que lo mataba a traición.

El paralelismo que establece Burns es entre Liberty Valance-Otegui, James Stewart-Zapatero y John Wayne-Aznar. Pero como hizo ver desde su propia atalaya liberal Jiménez Losantos, la comparación es espuria, en cuanto que en este caso ha sido Zapatero el que ha propiciado un puente de plata para el mafioso de turno, dejando sin reconocimiento y sin leyenda a John Wayne-Aznar. Tal y como se está configurando eso que denominan "memoria histórica", es decir la historia tal y como la cuentan desde las tribunas académicas favorecidas por medios de comunicación fácticos, el escenario más probable será un dueto Zapatero-Otegui como portadores de la paloma de la paz, con cenas homenaje incluidas al líder de la extrema izquierda nacionalista, en la que se vuelva a enunciar aquello de los malos y los buenos. ¡Qué gran día para la democracia paritaria cuando los verdugos y las víctimas pasten hermanados en las tribunas del Parlamento!. Otegui, parlamentario. Zapatero, levitando. Sublime.

Creo, por el contrario, que otro western rodado unos años antes, en 1958, puede ofrecer claves más interesantes acerca de lo que puede estar pasando por la cabeza de Zapatero. Evidentemente no comparte el presidente la noción de que la banda terrorista y sus alrededores, aquello que llamó estúpidamente el presidente Aznar el "Movimiento Vasco de Liberación Nacional", son una secta totalitaria a la que hay que destruir y vencer. En lugar de tolerancia-0, tolerancia-infinita... Da la impresión de que les concede cierta legitimidad proveniente de la inercia de su lucha antifranquista, del romanticismo inherente a los nacionalismos así como su indiscutible aire de familia respecto a la izquierda política. Por otro lado, también me resulta evidente su rechazo instintivo hacia la derecha, a la que aún reconciéndole ciertas virtudes democráticas no acaba de considerarla "una de los nuestros".

Hubo un tiempo en que o eras de Ford o de William Wyler. Y por sorprendente que nos pueda parecer, iba ganando Wyler. Ahora que Ford es considerado el Boss casi por aclamación, Wyler duerme un poco el sueño de los mediocres, de los que quisieron alabar el gusto de sus contemporáneos al precio de ganarse el desprecio de las generaciones futuras por su pasteleo con la realidad. Lo que es injusto porque su éxito popular y de premios no es óbice en absoluto para su indiscutible calidad. Hizo magníficos retratos de época, llenos de sentido y sensibilidad, como Dodsworth (uno de los grandes descubrimientos que propició Garci en su programa), Los mejores años de nuestra vida, La loba o la vilipendiada por clasicona y, en mi opinión, un clásico incontestable The big country, en España Horizontes de Grandeza.

En Horizontes de grandeza, William Wyler contaba el enfrentamiento entre dos familias por hacerse con el control de un inmenso territorio. Allí llega un oficial de la marina (Gregory Peck) dispuesto a casarse con la hija de uno de los terratenientes. Sin embargo, su talante dialogante y sus buenas maneras chocan con la rudeza y la violencia enquistada en un conflicto que dura años y cuyo origen, el monopolio sobre un recurso escaso: el agua, no es sino la punta del iceberg de otra lucha más enconada sobre el monopolio de la violencia.




A diferencia de El hombre que mató a Liberty Valance o Raíces profundas (en las que la eliminación del violento se realiza mediante la violencia, lo que supondrá el castigo del destierro para el protagonista "bueno", Shane), en Horizontes de grandeza el equidistante entre las dos familias enfrentadas conseguirá hacerles ver que la violencia no lleva a ninguna parte y que ambas tienen su parte de razón en el conflicto. Mediante la negociación y un poco de cesión por ambos lados se conseguiría un acuerdo en el que no hubiera ni vencedores ni vencidos. Zapatero-Peck, el caballero lleno de sentido de la decencia y del honor conseguirá mediante la diplomacia y las argucias de la razón encauzar una disputa que parecía resolvese únicamente mediante la derrota de una de las partes.




Indudablemente Zapatero se ve a sí mismo como el "petimetre" pero en el fondo duro Gregory Peck, que imbuido de decencia y buenas maneras conseguirá terciar entre las dos familias enfrentadas, los nacionalistas vascos y españoles, llevándoles finalmente a una solución armoniosa en la que los conflictos se resolverán gracias al olvido de las heridas ya realizadas y a un intercambio de suma positiva (que ha de ir más allá del mero "paz por presos", en este caso "paz por autodeterminación dentro del marco europeo", para seguir igual aunque de manera diferente) que conseguirá que ambas partes se traguen sus principios y lealtades emocionales a cambio de un reparto equitativo del botín.

Gregory Peck, además, se lleva a Jean Simmons, la maestra del lugar.



Ambos paralelismos, sin embargo, revelan el error político del planteamiento de Zapatero: la equidistancia que plantea entre dos legitimidades: la del Estado de Derecho español y la del Estado de Cosas Vasco, una amalgama que recorre todo el nacionalismo. Para Zapatero parece existir una falla en la legitimidad del Estado de Derecho que llevaría al reconocimiento de cierta razón en los enemigos del Estado de Derecho, desde su punto de vista conciliador simples adversarios. El fallo estaría en una transición basada en el pacto con las fuerzas franquistas. Desde el momento en que intenta la superación de dicha transición, en cuanto que irremediablemente infectada, es posible la política de concialición con los nacionalistas. De hecho deviene fundamental que no haya vencedores ni vencidos, porque sería una forma de entregarles a los nacionalistas vascos un reconocimiento a su actitud de intolerancia hacia las reformas políticas. En última instancia, los nacionalistas vascos habrían tenido razón en su negativa al Pacto, y tras treinta años (que no son nada) cabría poner las cosas en su sitio.

Zapatero, por tanto, está culminando la victoria simbólica y cultural de los nacionalistas que, tras mucho agitar las ramas, van a recoger las nueces y de paso llevarse al árbol.

1 comentario:

jiang dijo...

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