"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

martes, junio 06, 2006

Los que no merecemos hablar. Todos somos Arcadi Espada

Ayer Arcadi Espada fue golpeado por los nacional-socialistas cuando iba a hablar en Gerona. Victoria Prego estuvo allí. O se es resistente o se es colaboracionista. O se está con el profesor Sorel o con el ferroviario Lambert.

Los filisteos cinematográficos tienden a despreciar la etapa norteamericana de Renoir. Ya saben, se vendió a la industria especulativa americana. Sin embargo sus películas en Hollywood están llenas de intensidad y pulso narrativo, desde Aguas pantanosas hasta La mujer en la playa. En Esta tierra es mía Jean Renoir hizo una película emocionante y discursiva sobre la dificultad y el valor de la rebelión ciudadana contra el terror, y como la mayoría silenciosa consiente con el crimen político cuando no le afecta personalmente.

El profesor Sorel dirige un colegio en la Francia ocupada. Allí trabaja como maestra Maureen O'Hara, de la que están enamorados un funcionario de los trenes, George Sanders, y secretamente otro maestro, Charles Laughton. Sanders colabora con los nazis porque cree sinceramente que es la mejor forma de alcanzar la paz y la seguridad. Laughton es un cobardica que vive con su madre y sigue la máxima de que es mejor no meterse en política. La tragedia se precipita cuando unos sabotajes a los trenes obligan a todos a tomar partido.

La transformación de Laughton de conformista súbdito en rebelde ciudadano, con los vibrantes discursos escritos para la ocasión por Dudley Nichols, es mostrado magistralmente por Renoir a través de la puesta en escena. En una secuencia de bombardeos, refugiados en un sotano, unos niños cantan contra el estruendo de las bombas mientras Laughton se muere de miedo. En el tribunal que lo juzga, ante la mirada admirada de la O'Hara (junto con Nichols, uno de los múltiples puntos de contacto de esta película con John Ford), se convierte en un nuevo Cicerón, por la locuacidad y la valentía ante los miserables, ante el gulag nacional-socialista.

Para Vivir libres, contra el nacional-bolchevismo.
Claro que si no merecemos vivir, pues mucho menos hablar.

PD. Según el primer Wittgenstein de lo que no se puede hablar mejor es callarse. Pero no dijo nada de patalear. También según Wittgenstein, esta vez el segundo, no existe la “esencia” o “naturaleza” del lenguaje, existen muchos lenguajes con semejanzas superpuestas; en los distintos juegos, como en los distintos lenguajes, encontramos sólo un “aire de familia". Concepto fundamental para comprender la salvación simbólica que se pretende hacer desde la izquierda democrática de la izquierda totalitaria. Aires de familia, siempre tan sórdidos.

4 comentarios:

LouReedCensored dijo...

Muy bien traída esa gran película en estos sórdidos días en los que podemos comprobar como el nazismo más genuino se instaura en nuestro país vía colaboracionismo, antes pecado exclusivo de Francia, hoy típicamente español.
Ver temblar de miedo a Laughton delante de los niños es una de las imágenes que más se me han quedado grabadas.
Ahora abomino de otra película de Truffaut, donde los colaboracionistas son disculpados: El último metro.
Viva la Libertad y viva españa (con la caja baja).

Vigi dijo...

Que buena película, la tenía olvidada en el baúl de los recuerdos!!!Yo no creo que su periodo norteamericano sea peor, quizás innova menos, es menos 'impresionista', pero gana en los diálogos, algo normal si se tenía que plegar a la narratividad del cine americano.
La escena esa que dices del profesor en el sótano, me recuerda a un pequeño relato de Delibes ambientado en la Guerra Civil, aunque lo de Don Miguel es muchomás duro.

Revertiano dijo...

Magnífica película y magnífico Laughton. Ya soy el tercero en decirlo aquí, no soy original.
El discurso final antes de que lo fusilen tiene reminiscencias de aquello de: "cuando vinieron a por los judíos yo no me moví, yo no era judío; cuando vinieron a por los comunistas yo no me moví, yo noera..., etc."

jiang dijo...

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