"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

viernes, agosto 18, 2006

Florencia. Instrucciones de uso 2

Llevo mas de dos semanas aqui y todavia no he visitado los Uffizi pero he visto bastante cine italiano. Y de cine trata este blog al fin y al cabo. En una revista leo que consideran el cine azzurro actual como el mejor, al menos “il più bello”, del mundo occidental. La decena de películas que permitirían una afirmación tan aparentemente hiperbólica está constituida por Il regista di matrimoni de Bellocchio, La terra di Rubini, Romanzo criminale de Michele Placido, Il caimano de Moretti, La guerra de Mario de Capuano, L’amico di famiglia de Sorrentino, Anche libero va bene de Kim Rossi Stuart, La seconda notte di nozze de Pupi Avati, Sangue de Libero de Rienzo... junto a algunas comedias con “una nuova eleganza” al estilo de Il mio miglior nemico de Carlo Verdone y Notte primi degli esami di Fausto Brizzi. Además, aún están por salir los nuevos trabajos de Crialese, Amelio, Tornatore, Virzi... Mientras, en los videoclubes de España es posible encontrar algunas películas italianas un tanto anteriores de indudable calidad como La hora de la religión también de Bellocchio o la magnífica historia napolitana de Vento di terra.

Además, el documental goza de muy buena salud, aunque excesivamente lastrado por la influencia populachera, superficial y sectaria a lo Michael Moore. El responsable de esta emergencia efervescente del bel cinema sería, vaya, Berlusca. “Ci viene un sospetto: l’orrore sociale dell’era berlusconiana ha fatto bene al cinema italiano. Gli ha ridato grinta, rabbia, indignazione, necessità.

Por lo que he visto hasta ahora la satisfacción de los cinéfilos italianos es cierta pero matizable. Por ejemplo, Romanzo criminale. Es un thriller estimable, la historia de la ascensión y caída de una banda criminal formada por amigos de la infancia. Los años setenta conforman el fondo histórico sobre el que se desarrolla una trama con conexiones con las cloacas del Estado y el pozo ciego de la Mafia. El asesinato de Aldo Moro, el intento de asesinato de Juan Pablo II o la masacre de la estación de trenes de Bolonia se intercalan con las pequeñas batallas de los mafiosos por hacerse con el control de las calles, las vendettas familiares y los amores más o menos puttanescos. Al mismo tiempo ambiciosa e ingenua (los planos finales consiguen arruinar en unos segundos los 120 minutos previos) queda muy lejos de sus evidentes modelos, El Padrino o Erase una vez en América, pero bastante por encima de la media del género en la actualidad. Le falta para ser redonda un guión mejor estructurado, algunas de las interpretaciones más creíbles y una dirección con mayor rigor.

La influencia (anti)berlusca se aprecia con mayor intensidad en Il caimano de Moretti. Un director de cine se encuentra con dificultades para financiar su película. Malvadísimos banqueros, primos hermanos del señor Burns, disfrutan haciendoselas pasar canutas a un pobre hombre que a lo único que aspira es a unos milloncejos de euros para llevar a cabo su pasion por la produccion cinematografica. Pero, claro, los berluscas del mundo no entienden de matices y abominan del pensamiento complejo. ¿Qué hacer? O bien, como nuestro Erice, te subes en una columna a predicar en el desierto la vida pura y dura del eremita o, como el italiano Moretti, te subes al púlpito (la messa non è ancora finita) político y arengas cual tribuno de la plebe. Si la película de Placido es ingenua la de Moretti es un tanto infantil en su obsesion por el Ciudadano Kane italiano. Hubo un tiempo en que la izquierda leía a Gramsci y veía películas de Antonioni y Pasolini. Ahora se conforman con Baricco y Moretti, que podrían venir como suplementos del Vogue Leftish. Es interesante comprobar como la propia industria cultural ha sabido explotar un nicho de mercado que se pretende culturalmente avanzado al tiempo que socialmente comprometido y que consume ávidamente productos manufacturados en serie buenistas-bonitísimos-baratosmuybaratos.

Sin embargo, la parte de comedia de la pelicula de Moretti es extraordinaria. Asi como la ligera version del 8 y medio de Fellini. En suma, una pelicula contra Berlusconi que resulta exquisita y prodigiosa cuando se olvida del personaje y se centra en las personas.

Más redonda, aunque en conjunto menos brillante, es Il regista di matrimoni. Sergio Castellito es un genio de la grabación de videos nupciales. Tan genial que consigue que las recién casadas se desnuden ante la cámara en la playa. Está tratando de realizar una película en serio, una adaptación de –la cabra tira al monte- I promessi sposi. Termina, sin embargo, liado en Sicilia con la grabación del video de la boda de la hija de un príncipe napolitano, una variación del de Lampedusa. Como sucede en el cine de Bellocchio bajo el aparente capricho de una trama en la que suelen quedar cabos sueltos se esconde una ambigüedad que algunos otros calificarían de indefinición. Lo que me ha resultado más atractivo de la película ha sido de nuevo, como en la de Moretti, la reflexión cinematografica sobre el cine y el impacto que el griterío mediático tiene en Italia y, por extensión, en Europa. Como dice el viejo director de cine con el que se encuentra Castellito, que ha tenido que fingir su muerte para triunfar, “En Italia mandan los muertos” Pues en España donde ni siquiera son serios los cementerios...

PD. Los Internet Point florentinos no tienen tildes, mi dispiace...

4 comentarios:

Revertiano dijo...

Pues las tildes han salido de maravilla.
Magnífico artículo para saber más (en mi caso, algo, o todo) de cine italiano actual.
Deberías pasarnos la factura del viaje a los incondicionales, de alguna manera habrá que agradecértelo.

Maquiavelo dijo...

Hola Santiago, me encanta tu blog, aunque no tengo ni puta idea de cine. Respecto a tu artículo, me gustaría comentar un punto del mismo. Y es que parece que te lamentas de que la izquierda haya dejado de leer a Gramsci. En mi opinión, es preferible que sea así, ya que Gramsci me parece uno de los pensadores más nefastos del siglo XX, y la adopción de sus postulados por parte de la izquierda tendría resultados desoladores. De hecho, el actual gobierno socialista se está aproximando bastante a las concepciones de Gramsci en lo que se refiere a la conversión del sistema educativo en un aparato de adoctrinamiento. Así que prefiero que los izquierdistas descarguen toda su bilis con los documentales basura de Michael Moore; al menos, son más inofensivos.

Ignacio dijo...

Creo que el autor se refiere a la altura intelectual y expresiva, más que al contenido. De la misma manera, el reaccionario español ha pasado del portentoso De Maistre al vulgarísimo Vidal Manzanares: el tipejillo radiofónico nunca alcanzará los niveles de maldad reconcentrada del francés, pero para un cinéfilo siempre será preferible que los malos tengan estilo, aunque sean mucho más malos.

jiang dijo...

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