"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

miércoles, septiembre 20, 2006

Manual de supervivencia liberal en choques de culturas

En el Congreso de Filosofía y Democracia presenté una comunicación sobre la disputa intelectual en la prensa a propósito del affaire "viñetas de Mahoma", que puede venir muy bien en el nuevo affaire "cita sobre Mahoma" (no lo recojo, pero Ratzinger se había situado al lado de otros líderes políticos como ZP, Erdogan o Chirac, y había criticado la publicación de las viñetas:

"En el contexto internacional en el que vivimos en el presente, la Iglesia Católica continúa convencida de que, para mantener la paz y el entendimiento entre personas y hombres, es necesario y urgente que las religiones y sus símbolos sean respetados... lo que implica que los creyentes no sean objeto de provocaciones que afecten sus vidas y sentimientos religiosos.. para los creyentes, así como la gente de buena voluntad, el único factor que puede llevar a la paz y fraternidad es el respeto hacia las convicciones y prácticas religiosas de otros".).

En Granada. En la web de Laicismo.org mi colega en laicidades Rafael Gallego la ha colgado junto a una finísima viñeta. Mis conclusiones en forma de decálogo:



El marco liberal de nuestras democracias implica la supremacía del derecho individual a la libertad de expresión y al derecho al pensamiento sobre presuntos derechos colectivos a la paz, de los que no se sabe quien es el sujeto y que en realidad no son sino manipulaciones de determinados grupos que detentan el poder. La sociedad liberal presupone también que las disputas sobre los límites de los derechos individuales en conflicto se han de dirimir en los tribunales de justicia, dada la separación de poderes que garantiza que el poder ejecutivo no se va a inmiscuir en las vidas privadas de los ciudadanos. De igual forma se inactivan grupos de presión que utilizan la violencia como forma intimidatoria para tratar de imponer sus costumbres y creencias privadas en el ámbito público.

1. El principio de los derechos fundamentales. Una de las formas de defender los derechos de los demás es defender nuestros derechos, en cuanto que un sometimiento de nuestros derechos por motivos de prudencia y apaciguamiento disminuye la calidad liberal de la democracia, y hace crecer las expectativas de los que usan la violencia como herramienta para conseguir sus intereses de dominio. Pero no sólo es un utilitarismo respecto a los derechos, sino que debe guiarnos el convencimiento de que la defensa de los derechos es la condición misma de la política, no una cuestión que derive de ella.
2. El principio del individualismo. La sociedad abierta está basada en la superioridad ontológica y moral del individuo sobre la colectividad. El siglo XX fue el campo de contienda del individualismo contra el gregarismo de izquierda y derecha. Hoy en día el gregarismo se encarna fundamentalmente como nacionalismo y religión, siendo la mezcla de ambas defensas de lo colectivo frente a los individuos la principal amenaza contra las sociedades abiertas.
3. El principio de la libertad religiosa negativa. La libertad religiosa y la libertad de conciencia son pilares constitutivos del más genérico concepto de libertad individual. La libertad religiosa y de conciencia supone el reconocimiento por parte del Estado de la garantía para ejercer las creencias religiosas que se estimen oportunas, y las conductas con ellas relacionadas. No implica, sin embargo, que el Estado deba garantizar su supervivencia económica y mucho menos que deba interferir en la libertad de crítica y de pensamiento respecto a dichas religiones.
4. El principio de laicidad. Hay que sacar a Dios de la política. El principio básico en una sociedad abierta respecto a la libertad religiosa es “al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. La libertad religiosa implica la separación entre el Estado y las diversas Iglesias así como la negación de la identificación entre la sociedad y una religión particular. La libertad religiosa implica la pluralidad religiosa y la aconfesionalidad práctica como principio de regulación de la vida social.
5. El principio del imperio de la ley. La comunidad de los fieles se encuentra sometida a los principios de la legalidad general, que están sujetos al desarrollo democrático y a las reglas liberales del Estado moderno
6. El principio de la tolerancia activa. Las sociedades musulmanas están viviendo un activo periodo de actualización respecto a la modernización y la sociedad abierta. En este proceso hay vencedores y perdedores. Los perdedores deben ser los que pretenden dentro de las sociedades musulmanes hacer valer la fuerza de la violencia y la superstición respecto a poblaciones a las que mantienen en la pobreza y la ignorancia, azuzando en ellas el odio hacia lo occidental haciéndoles creer que sus males no provienen de unos gobiernos abusivos y corruptos si no de la explotación extranjera.
7. El principio liberal. Las masas no tienen razón a priori. Una movilización social no presupone de por sí una justificación. Las minorías tienen sus derechos inalienables por parte de la mayoría o de minorías constituidas como grupos violentos.
8. El principio de la refutación, fuerte (respecto a hechos) y débil (respecto a ideas). Los límites a la libertad de expresión involucran al respeto a las personas, no a sus creencias. Las creencias de un individuo en una sociedad abierta se presuponen que son cambiantes, en cuanto son refutables, al contrario de las sociedades cerradas, como en las se identifica la verdad con una ideología religiosa o política, en las que las creencias se definen como inmutables y son constitutivas del individuo.
9. El principio de proporcionalidad. Dentro del universo de la discusión más o menos respetuosa dentro de las sociedades abiertas, las críticas y a las burlas deben ser respondidas con otras críticas y burlas, jamás con la violencia física.
10. El principio de la identidad mínima. En cuanto a los límites de la libertad de expresión, éstos han de ser entendidos de la manera más amplia posible, llegando incluso al libertinaje. En lugar de reforzar las identidades colectivas se debería educar en la imposibilidad de la ofensa mediante la construcción de una identidad mínima.

4 comentarios:

Miguel Angel dijo...

No tengo claro del todo a qué te refieres cuando te refieres a la “aconfesionalidad práctica como principio de regulación de la vida social”.

¿Supone que ello que las confesiones religiosas no pueden participar en la vida social, o en la vida política?. ¿Que los evangelistas, por poner un ejemplo, no pueden actuar como grupo de presión social pidiendo al legislador que actúe en un determinado sentido, mientras que los sindicatos, por ejemplo, sí podrían, por ser un grupo aconfesional?. ¿Supone que los católicos, por poner otro ejemplo, deben dejar sus ideas en sus iglesias y hacer política al margen de sus creencias religiosas, y que sus obispos y curas tampoco pueden salir de sus templos, y que dejen la política a los políticos?. ¿No podría un creyente musulmán, por seguir con otro ejemplo, procurar la transformación de la sociedad por otra que crea más justa, y que seguramente coincidirá con sus planteamientos religiosos?. ¿Es que un creyente, de la confesión que sea, debe dejar a un lado sus sentimientos religiosos cuando participe en la vida social?

Mario dijo...

Totalmente de acuerdo con todo lo que dices sobre el imperio de la ley, la laicidad y la tolerancia dentro del contexto de la pluralidad religiosa. Qué grata sorpresa descubrir un blog sobre cine y política! Aunque es un problema difícil de plantear en los términos de la teoría política, se vuelve urgente de llevar al espacio público para discutirlo, a partir de posiciones moderadas y de un diálogo abierto y razonado. En México pasa algo muy curioso: la iglesia católica hace política desde el púlpito, reivindicando lo que tu caracterizas muy bien como derechos colectivos que no sabemos bien a bien a quien pertenecen. Porque la propia institución católica en México es reacia a aceptar visionesa disidentes del dogma. Se niegan a aceptar la existencia de formas alternativas de familia o que las mujeres levanten la voz para exigir su derecho a la visibilidad. Como si negando el discurso, se pudiera negar la realidad de estas nuevas realidades. México es un país de mayoría religiosa católica, y qué difícil se vuelve profesar otra fe o, simplemente, no tener ninguna. Como decía Rawls, el verdadero creyente tolerante no existe, porque aceptar la existencia de versiones alternativas de la experiencia religiosa supone un nivel de escepticismo para la propia. Pero como bien decía Rawls también, necesitamos de una idea de razón pública neutral, precisamente, porque la historia nos ha demostrado que las más sangrientas disputas por el poder han tenido siempre un trasfondo religioso. Un abrazo, desde la Ciudad de México

Libertariano dijo...

A Miguel Ángel: las precisiones que te preguntas son acertadas. Y la respuesta a todas ellas es ¡no!

La cuestión es cuando se incorporan esas creencias particularistas a la regulación de la vida social. Un creyente puede sostener que la vida humana comienza en el momento de la concepción y puede defender en consecuencia que la realización de un aborto es un crimen. Pero cuando se lleva esa creencia a la vida social desde el punto de vista legislativo, es decir, teniendo en cuenta que hay otras concepciones sobre lo bueno y, en consecuencia, estableciendo una ley que permita a los diferentes grupos sociales realizar sus concepciones particulares de lo bueno, incluido el católico citado, por ejemplo, al que no se le podrá obligar a realizar un aborto.

En el caso de la educación, las escuelas estatales debieran ser lo más neutrales posibles respecto a las valoraciones morales y políticas, teniendo como única guía la Constitución y la ciencia. Pero, contra lo que piensan socialistas como Peces Barba, se tiene que garantizar el derecho a crear instituciones educativas privadas que eduquen, además del currìculo básico consensuado, en una ideología política o religiosa concreta.

Naturalmente tenemos el problema de que por muy flexible que seamos para permitir concepciones particulares hay que poner límites. Pero lo que diferencia a los Estados liberales de los dogmáticos es que estos límites están sujetos a revisión permanentemente por dos vías:

1. la discusión social

2. los resultados de la ciencia

A Mario: ciertamente Rawls es un pensador clave para las cuestiones del pluralismo, y en España está sustituyendo a Habermas como referente teórico político. Aunque la intervención que más me gustó, no así a los otros participantes, fue la de Jesús Conill que reivindicó la necesidad de introducir en el pensamiento político liberal la esfera económica. Que haya que reivindicar eso da un poco de grima, pero es que entre los filósofos el analfabetismo respecto a la gran tradición liberal que vincula lo politico con lo económico es mayúsculo. La comunicación de Enrique Ujaldón trató de rellenar esa laguna y habrá que ir aportando más movimiento en los ámbitos académicos.

Lo que dices de la Iglesia Católica en Méjico es sintomático pero generalizado. España en ese sentido es una rara avis porque hemos conseguido unas cotas de libertad en la sociedad civil que sólo Holanda ha alcanzado.

Por otra parte, las noticias que llegan a España, via sobre todo Enrique Krauze, de la deriva populista de la izquierda mexicana son muy preocupantes. Espero que todo se solucione liberalmente

Un saludo

jiang dijo...

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