"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

viernes, septiembre 08, 2006

Ruiz Gallardón, el político burbujeante

The Economist, Cahiers du Cinema, Investigación & Ciencia... Vogue. Son pocas las revistas o periódicos realmente indiscutibles. Vogue en su último número pesa 2,8 kilogramos, distribuidos en dos tomos y unas mil páginas satinadas. Todo ello por sólo 3,5 euros. Nadie da más. Las chicas anoréxicas no sólo son una moda sino diría que una necesidad: las modelos han de ser transparentes para que no tapen con su brillo el producto que realmente se quiere mostrar: vestidos, complementos, espacios arquitectónicos. Vogue es la última fábrica de sueños y la única alternativa seria al Corán: en el apartado “qué llevar ahora” desafía a la moda islámica con transparencias y desnudos, lujo y brillantez. Sodoma y Gomorra occidental con clase y distinción. David Delfín se encarga de realizar una tenebrosa y oportunista Alianza de Civilizaciones del pret-a-porter. Imagino que las mujeres islámicas la pasarán de contrabando con la misma pasión que en la Unión Soviética se fotocopiaban los poemas de la Ajmátova.

El arte ha muerto, dicen los que saben. Duchamp es carne de museo pero la otra gran D del siglo, Dior, sigue fascinante y seductor. Entre un urinario y un monumento de plumas de faisán no hay más color que el de la musa de la firma de moda, Kate Moss, con esa palidez que da la cocaína (los gomorritas preferían los placeres psicodélicos a los carnales)

6 minutos de Moss, Miss X en Agent Provocateur, dirigida por Figgis.





Pero también se lee Vogue. En este número vienen dos entrevistas a sendos superstars, el arquitecto de las curvas imposibles, Frank Gehry, y el político "más admirado y menos querido" por su propio partido de este país, Alberto Ruiz Gallardón.

Ruiz Gallardón es presentado como si fuera Gary Cooper, solo ante el peligro. Manuel Fraga tenía ojo para sus delfines. Cuando defenestró a Jorge Verstrynge por felón de secretario general del partido puso en su lugar a ARG. Desde entonces ha triunfado en la política, siendo presidente de la Comunidad de Madrid y alcalde de la capital. En el PSOE no hay nadie que se atreva a suicidarse ante su presencia imponente y una imagen de seriedad, inteligencia, cultura, buenas maneras, elegancia, trabajo y centrismo.

Sin embargo, en su propio partido no se fían de Gallardón. Por un lado, su ambición política de ser el jefe del partido y presidente del gobierno hace que los actuales mandamases lo vean como un enemigo en potencia. Por otro, su indefinición ideológica, la falta de referencias políticas y filosóficas que le permite arañar bastantes votos de una izquierda a la que no desagrada, le hace aparecer como un político excesivamente atento al populismo electoral y, en consecuencia, a ser un gestor despilfarrador que confunde las necesidades de inversión en infraestructuras con una agitación presupuestaria que se manifiesta en grandes obras keynesianas sin orden ni concierto (lo que es muy frecuente en el Partido Popular, véase la Comunidad Valencia y esas Terras Míticas y Ciudades del Cine de los gallardonitas, en modos y maneras, Zaplana y Camps)

Gallardón ha renunciado a la guerra cultural con el establishment de la izquierda de la caverna que conforma el lobby artístico en España. Parece creer que la tradicional animadversión del mundillo cultural madrileño se puede comprar con caramelitos.

Por todo ello, es sobre todo sospechoso de ser un político-Coca-Cola, lo que explícitamente rechaza en la entrevista:

Yo no soy la Coca-Cola, en el sentido de que si se pone de moda que no hay que engordar le quito azúcar y le pongo sacarina... porque, ¿qué más da?

Lo que es desmentido cuando le preguntan las razones para votarle y se convierte en una retahíla de lugares comunes publicitarios directamente extraídos de un anuncio de bebidas con burbujas:

“Porque tengáis una ambición colectiva por la ciudad” 1º tópico
Porque tengáis ese impulso rebelde” Vale, no es un político Coca-Cola. Es un político Pepsi.
Porque penséis que merece la pena luchar por las cosas aunque cueste” El toque Kennedy, “No preguntes lo que América puede hacer por ti...”
Porque recordéis lo que era Madrid hace 11 años y lo que es ahora” Un poco de memoria histórica, que está de moda. Hace 11 años Madrid era una ciudad bastante menos incómoda que ahora. Gracias a ARG, por cierto.
Y hagáis un ejercicio de imaginación pensando dónde podemos llegar” Imaginación, divino tesoro.

Javier Marías (enhorabuena!)titulaba uno de sus últimos artículos "Decir feamente nada"...

La fórmula ARG: un poco de demagogia, un mucho de presupuesto, un bastante de ambigüedad, en misa y repicando. Sin embargo, su tradicional equidistancia, para los altos y para los bajos, le ha estallado en las manos en la forma de una censura al montaje de una obra en el que participaba un actor que había insultado a España y los españoles para hacerse fama entre los nacionalistas catalanes.

La maniobra del actor refleja el sometimiento de la actividad teatral en España, dado que si no te sometes al poder político de turno es muy difícil que te hagas con un hueco, no digamos una subvención. Y esto en todos los niveles. El director de una compañía vinculada a una Universidad andaluza, espero ser lo suficientemente discreto, me contaba los problemas que había tenido con los órganos de gobierno de su Universidad, de izquierdas, porque había aceptado la propuesta de un Ayuntamiento, de derechas, para utilizar un teatro municipal. El hombre, estupefacto, tuvo que echar mano de sus credenciales de hombre de comprobada fidelidad izquierdista para que el asunto no fuera a mayores.

En Francia se produjo hace poco el mismo tipo de censura por parte del Estado, cuando el filocomunista Peter Handke iba a estrenar una obra pero debido a su apoyo al tirano serbio Milosevic fue retirada su obra de la programación francesa. Y en Cataluña, donde José Rubianes vive teatralmente a cuerpo de Montilla debido a sus escarceos amorosos con la política social-nacionalista, Albert Boadella es sistemáticamente boicoteado por los respectivos comisarios culturales. Ambos casos ilustran el peligro de una cultura amamantada por el Estado, una cómoda situación para los titiriteros, que en España ejercen una poderosa mafia ideológica como se comprueba año tras año en la ceremonia de los Premios Max, y para los políticos como Gallardón dispuestos a ofrecerles un manto protector en forma de dinero, sabedores de que su influencia social es nula pero aparecen como una golosa guinda con la que adornar su programa cultural.
Actos censores como el que ha sufrido Peter Handke o ahora José Rubianes muestran la necesidad de que la vida cultural aprenda a cuidar de sí misma, lejos del paraguas subvencionador del Estado, del que recogen gustosos los parabienes y se rasgan las vestiduras cuando la policía político-cultural de turno no se aviene a sufragar con el dinero de todos sus caprichos privados.

PD. Esta mañana he escuchado en la Ser a Rubianes afirmar que su decisión de no representar la obra coincidió con la censura del Ayuntamiento. Confiaba, eso sí, en alguna iniciativa privada para poder llevarla finalmente a cabo en Madrid. No le oireis hablar entonces bien del malvado mercado y de que "la cultura no es mercancía". En Cataluña, no le van a faltar subvencionadores.

6 comentarios:

framling dijo...

¿por qué Rubianes y el frances son "censurados" y Boadella sólo "biocoteado"?

Berlin Smith dijo...

Queda la duda de si la censura es efectiva o no. Pero si Gallardón fuera efectivamente lo que dice ser, lo haría contra viento y marea, y sería capaz de preparar un buen discurso explicando por qué no pasa nada en que se programe, que vaya el que quiera y que opine lo que quiera de lo que haya visto. Ha escondido la cabeza aceptando corriendo la renuncia del artistazo.
Boadella tiene la decencia de no aceptar ninguna subvención. Y Rubianes que tan artista es, que se juegue el dinero, alquile un teatro y represente: con el ruido, va a llenar, seguro.

Libertariano dijo...

También, también... es cierto que censura es más fuerte que boicot, hay un matiz entre ambos. Acepto la rectificación.


La cuestión de fondo es siempre la misma: ¿por qué emplear dinero público en un servicio, como el teatro, que no es un bien público? La cultura financiada con cargo a los presupuestos estatales, sea Ayuntamiento o Gobierno central, obedece al deseo de político de turno de darse un barniz cultural y un aura de prestigio.



De ello se aprovecha fundamentalmente la clase media-alta que podría pagarse los espectáculos culturales si realmente estuvieran interesados. Dentro de esa clase media-alta el grupo de los artistas. Todos los que conozco se pasan más de la mitad de su tiempo buscando subvenciones.


David Lynch después de hacer "Cabeza borradora" se ganaba la vida arreglando tejados. Hasta que de Laurentiis, larga vida, le ofreció la dirección de Dune (esa es otra historia)



Lo que molesta en Gallardón es que se da un aire a político diferente, a político con contenido, y mira por encima del hombro al resto de la clase política, empezando por los de su partido, sobre todo a Esperanza Aguirre que, al menos, cita a Hayek con la misma soltura que Zp a Petit.


Gallardón sabemos que le gusta mucho Mozart. Pues vale.

PICALCAN dijo...

La pregunta es ¿la retirada de la obra se debe a la propia obra o al actor? Si la obra es una barbaridad en su contenido no debe ser pagada con dinero publico, que se represente sin subvenciones y que cada cual corra con sus riesgos y aqui no hay censura ni coa que se le parezca.
Ahora bien si lo que se quiere es quitar de en medio a un artista con cuyos ideales no esta de acuerdo cierta parte extremista eso es CENSURA de la de antes y eso es grave.
¿Quien sabe?

Er Opi dijo...

"Dentro de esa clase media-alta el grupo de los artistas. Todos los que conozco se pasan más de la mitad de su tiempo buscando subvenciones."

No todos, no todos. En una pequeña aldea gal... canariona unos cuantos resisten heróicamente frente al invasor ;-)

Abrazos,

Er Opi.

Ismael dijo...

¿Gallardón, "cultura"? Bien poca, pero de tan inteligente, hasta parece que sí.

Por mi parte, de pura manía a la derecha madrileña, disfruto pensando que se está censurando a Lorca y no a Rubianes.