"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

martes, marzo 25, 2008

Volk ist alles

En el frontispicio del Reichstach inscribieron


lo que me hizo recordar el mal rato que pasaba la madre de Jünger cada vez que veía por las calles el cartel nacional-socialista, un lema que es el resumen de una doctrina (de dos):

"Volk ist alles... Du bist nichts"

El pueblo lo es todo... tú no eres nada. Jünger comentaba algo así como "un todo compuesto de ceros". O la sumisión de los individuos a un colectivo abstracto.

Los prusianos son corteses, lógicos y furiosos. Crucé Unter der Linden a despecho del semáforo en rojo y un ciclista, con el casco obligatorio y el forrado obligado, me increpó desde la Puerta de Brandeburgo hasta que estuvo a mi altura. Trescientos metros de gorgoritos guturales en los que adiviné un sarcasmo berlinés a la costumbre latina de usar los semáforos no como estrictos imperativos kantianos sino como simpáticas recomendaciones de paso (en el mejor de los casos: en Nápoles apenas olvidados adornos navideños)



Los prusianos me da la impresión de que son sanguíneos reprimidos, una peligrosa combinación. El nihilismo anida, como el huevo de la serpiente, en los calientes de espíritu obligados a mantener unas formas que en el fondo detestan. Justo al lado de la catedral protestante todavía se levanta el esqueleto del extinto Parlamento de la RDA, un dinosaurio de hierro y hormigón al que tienen que derruir con cuidado por la cantidad de materiales venenosos con el que se construyó. Una metáfora.







En la Postdamer Platz, hoy vibrante centro comercial auspiciado por Mercedes y Sony, ayer correteaban los conejos. Me lo dice en inglés macarrónico uno de los amables taxistas que me trae y lleva del anticuado y pequeño aeropuerto de Tegel (acabo de pasar por la T4) hasta el hotel Angleterre de Friedrichstrasse. Y es que veinte años después de que el Paraíso Comunista se rindiese, Muro mediante, al Infierno Capitalista, a la nuevamente capital de Alemania no la reconoce ni la madre que la parió.






Y no sólo por la manhattiana Postdamer Platz, sino por el remozado Reichstach, con las banderas flanqueando sin complejos la supercúpula masónica de Norman Foster, la lavadora de Axel Schulte que alberga los despachos de la cancillería a la orilla del Spree o las tiendas de arte y ensayo de Gucci y Chanel que flanquean Friedrichstraße.




Entretanto los viejos edificios de la época comunista, rigurosamente bauhausianos, aparecen primaverales con apenas unos cuantos toques de color pastel. Constituye la arquitectura civil de Berlín, minimalista y funcional, geométricamente sólida, lo mejor de esta ciudad en trance de alcanzar en el siglo XXI su destino truncado de capital de Europa.






Sólo hay una forma de combatir el viento helado que azota los grandes espacios berlineses: comiendo. En el Café Einstein (en la orilla izquierda de los Tilos, subiendo de Brandenburgo hacia Alexanderplatz) una sosias de Kirsten Dunst me sirve un generoso y consistente Apfelstrudel acompañado de uno de los mejores cafés que he probado últimamente. En el Café Möring (en una esquina de la Gendarmenmarkt) lo que cae es una Weizen Kristall de medio litro con la que riego una abundante Grillpfanne servida en la misma sartén en la que se ha elaborado.

Para vivir en Berlín, y esta ciudad merece ser catada durante un mes al menos, su particular Soho se denomina Scheunenvierterl. En la Oranienburger se encuentra la Neue Synagoge, flanqueada como no podía ser de otro modo por policías y máquinas detectoras, y una miríada de patios bellísimos adornados con magnolios y terrazas como la del café-bar Rosencrot, acogedor y mullido ambiente de suave jazz a media luz en la que zamparse una tarta de chocolate o una salchicha wiener con mostaza y pepinillos acompañada de una berliner pilsener a temperatura ambiente. O las dos. Aquí en lo que fue barrio judío veo en los periódicos a la Merkel en Israel.



Lo único que hasta el momento me disgusta de Alemania es mi incapacidad de leer el alemán. Las cafeterías están repletas de prensa regional y nacional. Así que me limitó a imaginar que Merkel le ha prometido a los israelíes el apoyo incondicional de Alemania. A cambio, quizás, de que se pueda escuchar a Wagner.



PD. El Memorial del Holocausto está muy bien, pero como proyecto conceptual es un fracaso. El laberinto de roca negra pulida no invita a la reflexión y el recogimiento. Que se lo pregunten a los niños que juegan en sus laberínticos pasadizos y a los turistas españoles que son perseguidos por los guardias de seguridad que intentan que no se suban a las lápidas para hacerse fotos.



PD. Mejor aún que las calorías de las salchichas es recomendable viajar con el alimento nutritivo de la amistad. Eva, siempre, Carmen, Andreas y la pequeña Laura –que domina el alemán, el español, el españal y el pingu- han contribuido a que esta Semana Santa berlinesa sea inolvidable e irrepetible. Gracias.



12 comentarios:

Revertiano dijo...

Ya puedes proclamar a los cuatro vientos aquello que dijo Johnn F. Kennedy al llegar a Berlín a dar ánimos en la guerra gélida: "Ich bin ein berliner" (soy un berlinés).

Buena crónica, muy al estilo arquitectural-gastronómico de la de Antonio Muñoz Molina cuando era director del I. Cervantes en Manhattan.

Bienvenido a casa. Wilkomen.

Por aquí pocas novedades, Manolo Chaves vuelve a postularse para la próxima prórroga.

Anónimo dijo...

Sólo dos comentarios, el título debería ser "Das Volk ist alles".

El segundo, es como es posible que llegue a Alemania y diga que ha bebido uno de los mejores cafés....

Si yo que llevo ya 8 años aquí sólo he bebido matarratas... Que suerte tienen algunos.

Respecto a lo de las quejas por cruzar los semáforos no es sólo cosa de Prusianos, aquí en la afable Baviera las viejas son auténticas máquinas!!!
Ya lo dice el refrán que todo alemán tiene un policía dentro.

Un saludo.

Numantinus

David Flórez dijo...

Por cierto, que lo que pone en el frontispicio es "Al pueblo alemán" ya que es un dativo, ergo objeto indirecto, como una casa..

Y lo de "ich bin ein berliner", provocó las risas de todos los berlines, poque "ein berliner" no es otra cosa que un bollo.

Anónimo dijo...

Es que dejas a los españoles cruzar en rojo y subirse a los monumentos y acabas viendo a los pakistanies cagando entre dos coches o a los bolivianos cocinando al lado de una farola.
¡que hijosdeputa son los alemanes!

Libertariano dijo...

Gracias por la bienvenida. Mi próximo destino, después de Aquisgrán y Berlín será Munich. Para entonces prometo chapurrear algo.

Anónimo dijo...

Si en el viaje a que haga a Munich o en otro, se acerca por la zona de Nuremberg, y le apetece tomar una cerveza con un buen codillo, probar las "Drei im Weckla", o tomar un café (que al parecer usted tiene muy buen ojo para las cafeterías), un "granaino" le acompañaría gustosamente.

Un saludo

Numantinus

Anónimo dijo...

Respecto al anónimo que habla de los semáforos.

Casos reales:

1.- Una avenida en la plana Alemania, con una visibilidad de más de 500 m en cada dirección, NO SE VE NINGÚN COCHE en ningún sentido. Esperaría usted a que se semáforo se ponga verde? Yo NO.

2.- El mismo caso la gente se lo suele cruzar excepto si hay alguien más, entonces se vigilan unos a otros. No necesitan que el gran hermano los vigile, ya lo hacen sus "otros hermanos".

3.- En Berlín y toda la antiguar RDA (ya me cuesta no decir DDR), todavía queda un poso a StaSi en todos los que la sufrieron.... aunque mucho piensen que fue una bendición!!!

Anónimo dijo...

El anterior post era mío.

Numantinus

Cavernera dijo...

¿Qué me dice del museo de cine?

Fría ciudad donde es difícil notar el paso tiempo

Peter dijo...

A veces queda un poco literario y relamido, como de postal de tercera. Mejora con las anécdotas y las referencias a españoles. Se detecta un amor a lo patrio

Anónimo dijo...

Hace unas semanas pasé en un tren de cercanías a traves de la ciudad. Cuando he leido tu cronica me he sentido como el que ve pasar a la tía y otro se la cepilla. Mamón. No puedo envidiarte lo que tienenes en la cabeza porque es como la semana del todo a cien en el corte inglés, pero las emociones... ¡ay¡ ¡quién hubiera estado y acompañado de un pijo liberal de mierda y de la mujer de los proverbios (un saludo Eva).Negrito.

Libertariano dijo...

Por el Museo del Cine y la Filarmónica de Berlín estuve sólo de paso, me la dejé para una posterior visita en profundidad y tranquilamente, junto a alguna obra en la sede del teatro creada por Brecht, en la que montaban un Ricardo III.

Negrito, a ver si convences al berlinés de una escapada alemana de fin de semana. Me apunto (la semana de El Corte Inglés está infravalorada pero no venden libros de Jünger)