Precisamente lo que planteaba Bergman en su thriller místico es la implementación de la Justicia en una situación de salvajismo y guerra de todos contra todos, en la que no existe un monopolio legítimo de la violencia y el castigo a los crímenes corre a cuenta de las manos de los individuos. Cuando Max von Sydow mata con sus propias manos a los tres hermanos que han violado y asesinado a su angelical hija se las mira entre extrañado y horrorizado, como si se le hubieran convertido en garras.

Y es que por encima del consenso democrático y de la misma voluntad de Dios, ya sea el Odín al que reza la criada Frida o el Cristo al que le lleva unas velas la virginal víctima sacrificial Karin, se encuentra un innato sentido de la justicia, que complementa necesariamente para que una sociedad sea auténticamente libre a los dos clásicos principios liberales según los establecía Constant: la autonomía del colectivo y la autonomía del individuo (ésta última sacrificada en el altar de los conservadores, los socialistas, los nacionalistas y las religiones, y que no debe confundirse con lo arbitrario o el reino del mero interés personal)
Sin olvidar, y esta es la guinda del pastel democrático, que como decía Levinas "El amor debe vigilar a la justicia" O, como propuso Adam Smith, que la condición de posibilidad de la riqueza de las naciones es un sano y equilibrado conjunto de sentimientos morales.De ahí ese final tan hermoso y esperanzador con el que Bergman da título a su película.
PD. La secuencia que hará vomitar a un ecologista. Después y antes de un crimen. Como dice Max en un momento dado: "Sólo Dios sabe conoce al culpable"

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