"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

martes, octubre 14, 2008

Krugman, el teórico accidental

Salgo de una inmersión en el cinematógrafo terrorista (Gomorra, Hunger, El abogado del diablo) para encontrarme con que Albert Esplugas me acusa de terrorismo intelectual: ¡llamar a Hayek y Mises "teolibs"! ¿Y qué es un teolib me preguntas, mientras clavas en mi pupila liberal tu pupila ancap? Aquel que cree en las propiedades mágicas del mercado, un mecanismo trazado por la Providencia que asegura la armonía preestablecida de los intereses particulares.

Lo malo es cuando el programa liberal -la creencia sostenida por la teoría mejor fundamentada y la evidencia disponible, que sitúa a los mercados como máquinas aproximadamente eficientes de creación de riqueza y organización social- se convierte en una especie de religión acompañada de una dogmática y un santoral en lugar de ser un paradigma enfocado a la comprensión del mundo social y a la resolución de problemas económicos.

En sus mejores representantes no lo es ni lo era. Adam Smith defendía muchas excepciones a la regla general (¡general!, no universal ni absoluta) de que "el gobierno no debe hacer ni intentar nada: la divisa o el lema del gobierno, en estas ocasiones, debe ser: ¡Quieto!" (Bentham) Y Hayek, en Camino de servidumbre por ejemplo, sostenía que numerosas intervenciones del Estado en los mercados pueden merecer la pena cuando se trata de mantener la competencia:
"La única cuestión está en saber si en cada ocasión particular las ventajas logradas son mayores que los costes sociales que imponen".


Lo que vale también para un amplio catálogo de servicios sociales, lo que hace que Hayek pueda ser reivindicado sin problemas también por la socialdemocracia. O establecer una discusión sobre las soluciones a la crisis actual como un problema técnico que no afecta a los fundamentos teóricos del sistema. Ni Marx está a la vuelta de la esquina, ni los diversos planes anunciados son necesariamente antiliberales.



Y, en particular, sobre la crisis al borde de la catástrofe en la que estamos situados podemos encontrar en Hayel una vía de aproximación posible:
"El funcionamiento de la competencia no sólo exige una adecuada organización de ciertas instituciones como el dinero, los mercados y los canales de información -algunas de las cuales nunca pueden ser provistas adecuadamente por la empresa privada-"

La grandeza de Smith o Hayek es que posibilitaban la existencia de discípulos antihayekeanos -a diferencia, por ejemplo, de la religión marxista- Es decir, seguidores que están de acuerdo con las ideas principales pero que no se convierten en clones predecibles del Maestro.

En la resolución de la crisis hay tres soluciones básicas: el plan de no hacer nada, el plan Paulson y el plan Gordon Brown. Todos ellos son programas de acción más que teorías contrastables.

El plan de no hacer nada no ha encontrado mucho éxito entre el personal, lo que debería ser un motivo de reflexión para sus defensores más allá del insulto o la conspiranoia. Quizás es que no se explican bien. Quizás es que hay factores sociales que no tienen en cuenta en lo que, al fin y al cabo, es una cuestión socio-económica (en un sistema democrático, la presión popular para la acción puede ser que dificulte estructuralmente la opción económica óptima).

Entre los otros dos, Paul Krugman se ha decantado básicamente por el inglés. Krugman recibió ayer el Premio Nobel de Economía por su análisis del comercio internacional. En el artículo para el New York Times en el que apoyaba el Plan Brown tomaba el título de la serie británica thatcheriana "Yes, prime minister", mi serie cómica favorita, que fue perpetrada por unos liberales astutos e inteligentes para ridiculizar el aparato burocrático del Estado. Pero como defendía Hayek en su libro seminal, también hay que repensar desde una óptica liberal la estructura del Estado, sin satanizarlo desde una dogmática doctrinaria.




Descubrí a Krugman en un saldo de su libro "El teórico accidental". Desde entonces he disfrutado de su fusión de análisis económico y humor sarcástico, aunque últimamente la pasión anti-Bush le había hecho cambiar el sentido del humor por el sinsentido del cabreo. Espectaculares son los artículos "Keynesianos vulgares" (no es tan importante ser "keynesiano" o "neoclásico" o "austriaco" que sus variantes vulgares o sofisticadas) o "Redomados galos: Liberté, Egalité, Inanité". Otro se titula "Elogio del trabajo barato: un mal trabajo con un mal salario es mejor que ningún trabajo" y se lo acabo de enviar por email al Excelentísimo Alcalde de Madrid. Por si le aprovecha.

Volviendo al tema planteado por Albert cito del artículo "Locuras del 4 por 100":

"Un verdadero economista no empieza con una visión política, sino con una historia acerca de cómo funcional el mundo. Esa historia toma casi siempre la forma de un modelo... Una vez que usted tiene un modelo, puede preguntarse sobre su adaptación a los hechos... Cualquiera que hay hecho el esfuerzo de comprender un modelo económico realmente útil... aprende algo importante: el modelo es a menudo más brillante que usted... Un modelo coherente a menudo le impone conclusiones que nunca se había propuesto, le obliga a abandonar creencias fervorosamente mantenidas"



20 comentarios:

Albert Esplugas dijo...

Hola Santiago,

Contesté en mi blog tu comentario, lo copio aquí por su relación con tu post:

No sabemos lo que hubieran dicho Hayek y Mises, quizás se hubieran opuesto o quizás no. Hayek, a Mises lo conozco menos, como Adam Smith, no estaba en contra, por sistema y dogmáticamente, de cualquier intervención del Estado en la economía. Baste leer en "Camino de servidumbre" palabras que respaldarían, por ejemplo, el Plan de Dependencia del gobierno socialista, en cuanto que el Estado llegaría a donde no llegan los mercados. El Estado según los liberales puede y debe complementar al mercado. Los ancaps defienden otra cosa...

Que Hayek no fuera un dogmático o que aceptara cierta intervención del Estado en la economía nada nos dice sobre su posición concreta respecto a este tipo de crisis. Que Hayek y Mises desarrollaran la teoría del ciclo austriaco, responsabilizando al Estado y su banco central de generar estas crisis, y advirtiendo que nuevas inyecciones de dinero (lo que están haciendo y proponen seguir haciendo nuestros gobiernos) conducen a un recrudecimiento y prolongación de la crisis, sí prueban mi punto.

También puedes leer a los hayekianos y misianos actuales para ver lo que opinan sobre la crisis, los rescates etc. Pásate por Cafe Hayek, Austrian Economists, Mises Institute, Division of Labour. O en España puedes fijarte en las recomendaciones del IJM (su estudios y notas de prensa sobre la crisis deberían ser lectura obligatoria) o en el blog de Rallo (que supongo que también será un teolib para ti).

Es decir, Gordon Brown, por citar a un gobernante-economista, como un liberal científico que es, y no doctrinario, está dispuesto a cambiar de teoría si los hechos la refutan.

Es que no es así Santiago. Todo el establishment, como señala Kling en una de mis últimas entradas, ha quedado desacreditado por la actual crisis. La crisis está refutando su teoría, pero en lugar de cambiarla como tú dices que están haciendo, siguen abrazándola y proponiendo más de lo mismo. Y lo que es peor, gente como tú sigue dándoles crédito incluso ahora.

Un saludo

Albert Esplugas dijo...

Sobre Krugman, Rallo se ocupa de refutar su simplista y keynesiana visión de las crisis económicas. Su incomprensión de la teoría austriaca del ciclo es notable, aunque es probable que tampoco la haya estudiado como debiera antes de criticarla. Publicaré varias referencias sobre este en mi blog pronto.

Libertariano dijo...

Hola Albert,

A Rallo yo mismo lo he enlazado como crítico del Plan Paulson. Y es que mis post no están dirigidos contra la teoría austrica sino, insisto, contra la aplicación dogmática de los principios no intervencionistas.

Por tanto, tampoco está Rallo entre los teolibs a los que hago referencia. La vulgata liberal contra la que manifiesto es la que se engancha al liberalismo como una fuente de consignas.

Centrándonos en la teoría austriaca, y ahí sí que hago una crítica, es su incapacidad para ir más allá del diagnóstico. Es decir, el superóptimo sería dejar que el periodo traumático se desarrollase por sí solo, para que la reasignación de recursos desde los sectores productivos se realizase con eficiencia.

Pero esto está en contradicción, con lo que sugería en el post, con los procesos políticos de una democracia.

Precisamente para no caer dentro de las pautas cortoplacistas y populistas de las democracias los Bancos Centrales tenían una fución de élite.

Pero ni siquiera eso ha sido así, y "austriacos" como Greenspan han caído bajo los cantos de sirena de las necesidades políticas.

Greenspan, el randiano misesiano... Algo huele a imposibilidad en la aplicación de la teoría austriaca, por lo que debemos conformarnos con un óptimode segundo orden.

Saludos

Albert Esplugas dijo...

Santiago, se agradece la respuesta. Precisamente estaba escribiendo un último comentario que sirve como réplica al tuyo. Cuando dices:

El plan de no hacer nada no ha encontrado mucho éxito entre el personal, lo que debería ser un motivo de reflexión para sus defensores más allá del insulto o la conspiranoia. Quizás es que no se explican bien. Quizás es que hay factores sociales que no tienen en cuenta en lo que, al fin y al cabo, es una cuestión socio-económica (en un sistema democrático, la presión popular para la acción puede ser que dificulte estructuralmente la opción económica óptima).

El liberalismo en general tampoco tiene mucho éxito entre el personal, y en particular muchas de las políticas que tú defiendes estoy seguro de que son tan populares como el patrón oro o la abolición de los bancos centrales. No crees que eso debería ser igualmente motivo de reflexión?

En cuanto a tu segundo punto, sobre los factores sociales que presumiblemente dificultarían la opción económica óptima, estoy parcialmente de acuerdo: la gente pide intervencionismo y el gobierno hace lo que la gente pide. Pero es así en cualquier otro ámbito en el que las medidas liberales no son populares, y no por ello dejamos de defenderlas. Y no se trata de rechazar lo bueno por purismo, una renovada expansión crediticia es contra-producente, no nuestra segunda mejor opción.

Un saludo

Libertariano dijo...

Por cierto, Albert, no te pierdas Hunger, de Steve McQueen, sobre la "guerra" que emprendieron los presos del IRA contra la Thatcher para ser considerados "presos políticos" Creo que la estrenan estos días en Uk

La película es hermosa a la vez que dura, con la suficiente dosis de ambigüedad en su planteamiento político. Me ha fascinado al tiempo que me ha provocado repulsión. Me temo que en España ni se estrenará...

Volviendo al tema de la crisis he estado leyendo en estos días un par de libros sobre la crisis del 29. Más allá de las obvias diferencias hay un parámetro común: la falta de información de los mercados provoca una crisis irracional que ocasiona una estampida.

Una de las líneas de fuga más interesantes de Camino de servidumbre es precisamente la idea de que el tratamiento de la información es uno de los problemas a resolver dentro de los mercados y, sobre todo, fuera de ellas. Es decir, contemplar que los mercados no sólo son instituciones económicas sino instituciones sociales.

Los diversos planes, al fin y alcabo, no son sino cortafuegos informacioales. Creo que una reforma institucional de los mercados debería insistir en la transparancia informativa de los mismos para que las instituciones empresariales se conviertan en cajas transparentes.

Alberto dijo...

Libertariano, entiendo y comparto el sentido global de lo que dices, pero aplicarlo al caso de la intervención en esta crisis me parece una barbaridad. Parece que piensas que esto ha sido un fallo del mercado, lo cual quiere decir que tienes muy poco conocimiento de la historia de esta crisis. Y perdona.

Nairu dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nairu dijo...

Según tú, un teolib es aquel que cree en las propiedades mágicas del mercado, un mecanismo trazado por la Providencia que asegura la armonía preestablecida de los intereses particulares.

No sé a quién te refieres en concreto, porque aquí no decimos que el mercado vaya a acabar milagrosamente con la escasez ni que vaya a a contentar a todos, pero sí que favorece una asignación de recursos escasos mucho mejor de la que puede lograr ningún planificador central. Lo que yo sí veo por muchas partes es a quienes creen en las propiedades mágicas de la acción estatal, a los que ignoran que los precios y beneficios arbitrariamente fijados sólo pueden prolongar la escasez y reducir la producción y también el número de empleos.

El libre mercado no es mágico, ni siquiera nos ofrece privilegios, ni favores, ni subvenciones, ni exenciones, ni tampoco monopolios... por eso es tan impopular.

Mary White dijo...

En primer lugar, gracias a ambos por ese "fuego cruzado" tan interesante. Curiosamente el comentario de hoy del IJM es mío y sobre Krugman :))

Creo que la cuestión no es si el mercado o el estado funcionan por arte de magia... yo más que mágico hablaría de POSIBLE. ¿Es posible un mercado en el que todos los engranajes funcionen a la perfección?¿o un estado limitado por uno o varios contrapoderes que permitan que la persona viva lo más libremente posible? Pues si la coletilla es "y felices como perdices sin problemas",la respuesta es ninguna de las dos opciones son posibles. No hay magia. Hay fricciones, subidas, bajadas, burbujas y contracciones... somos imperfectos e imprevisibles.
Y dicho esto, es decir,que ni mercado ni estado son mágicos y solucionan la vida en sociedad, mi opción es aquella en la que creo que el ser humano puede aprender mejor de sus errores, aprender valores no por imposición,sino por educación,aprender a dar lo mejor de uno, o elegir quedarse a lamitad,etc... sabiendo que es imperfecto por naturaleza,y convencida de que desde arriba no se planifican las correcciones o los incentivos adecuadamente: somos imprevisibles.

Mary White dijo...

Releo y me parece que me quedo corta: la diversidad de opciones para elegir tiene el riesgo de equivocarse, pero ofrece una oportunidad para aprender. Y eso es el liberalismo para mi.

No es alcanzable hoy,ni lo verán mis nietos... pero es hacia donde creo que hay que ir. Y no se trata de admitir o no excepciones. Smith no era radical, era bastante ambiguo en ocasiones,desde luego. Trabajaba en la política posible. Pero cuando explicaba el sistema de libertad natural era bastante más categórico.

ElSalmantino dijo...

Bueno, y al final, ¿quiénes son los 'teolibs'? Porque parece que Hayek y Mises eran sus representantes más ilustres y ahora resulta que Hakek vale para un roto liberal y un descosido socialdemócrata.

Si hablamos de gente que considera que el mercado debe funcionar sin reglas, me gustaría ver negro sobre blanco algún nombre, porque yo no conozco a nadie que defienda tal cosa (ancaps incluidos, por supuesto).

Ahora bien: ¿Cuales son las causas fundamentales de la crisis? ¿Las medidas adoptadas son las adecuadas? Más aún, y suponiendo que no sean moralmente aceptables, ¿podrían ser útiles o incidirán más en lo que se pretende evitar?

A esas preguntas básicas hay varias respuestas. Así, los 'teosocialdemo' nos quieren convencer de que no había ninguna regulación en el mercado financiero y ahora hay que ponerle coto. Y, por supuesto, para ellos la expansión crediticia no es problema alguno, y como confunden (estos sí) deseos con realidad, pretenden convencernos del fin del liberalismo desenfrenado y sin normas (sic).

Hay otros (y no sólo ancaps, querido Santiago, pero sí netamente austriacos) que llevan dando argumentos sólidos muchos años (por no mencionar décadas, pues si algo ha quedado claro es el acierto de la teoría austriaca del ciclo económico).
Predicciones cumplidas y recetas basadas en un paradigma que no tiene nada de irracional ni dogmático, antes al contrario.
Y que han de ser, por tanto, muy críticos con las medidas que se están adoptando; medidas que no llevan aparejados cambios estructurales importantes.

Y yo pregunto, entonces: ¿Quiénes son aquí los dogmáticos que no quieren ver la realidad? ¿Los que inciden en las causas de la enfermedad o los que la han diagnosticado adecuadamente?
Porque tal parece que si uno se opone al nuevo dogma político (esto sí que es política y no economía) es un dogmático que no quiere hacer nada en aras de un mercado libre y sin reglas, cuanto es, simple y llanamente, mentira.
Reglas tiene que haber; porque, para empezar, la seguridad jurídica es infinitamente más importante que la información: aunque esta última fuese deficiente, si no se hubiese tolerado el sistema financiero actual mediante las reglas adecuadas para ello, no habría pasado esto.

Hayek, por cierto, y si me permites el consejo, tiene obras mucho más interesantes que su "libro seminal" para entender sus posturas ante lo que está cayendo.
Obras que permiten comprender que no hay que cambiar idea preconcebida alguna, pues los hechos las han corroborado sobradamente.
Son otros, alguna escuela liberal muy famosa incluida, los que deben reflexionar.

Libertariano dijo...

El objetivo de mis ataques es la caricatura del liberal como un defensor del "laissez-faire" Esta caricatura es convenientemente utilizada por los socialistas, pero lamentablemente hay "liberales" que contribuyen a cimentar el tópico.

Aparte de cuestiones lamentablemente propagandísticas asociadas a la disputa periodística también he captado este liberalismo de vulgata en los conversos al liberalismo desde la extrema izquierda y la extrema derecha.

Un debate sobre el lugar exacto de Hayek en el continuum liberal sería muy esclarecedor. Cuando se cita a Hayek parece que sus antiguos enemigos y adversarios, los comunistas y los socialistas puros tienen muy poco que ver con los socialdemócratas actuales. Confundirlos tiene más que ver con fobias partidistas que con un análisis de las posiciones de las diversas corrientes dentro del único horizonte político-económico: la tercera vía, en el sentido de que el debate entre un Estado intervencionista y un Estado reducido a su mínima expresión está sencillamente obsoleto (los fallos del Estado han sido asimilados y los fallos de los mercados asociados a los problemas de información también)

El programa austriaco cumple una importante labor de paradigma alternativo en la sombra. Lo que sucede es que sus propios límites metodológicos le impiden desarrollarse. Hace falta una mutación en el "austracismo". Pero ese es otro post.

María traza la línea de fuga hacia una mayor libertad vinculada a la extensión de los mercados. Ojalá. Pero la alternativa no es lógicamente imposible. Será por mi querencia hegeliana, pero creo que la dualidad Mercado-Estado es un planteamiento equivocado de base. Que realmente son dos manifestaciones de un mismo proceso social-económico...

Libertariano dijo...

En cuanto a las teorías de las "catástrofes" del capitalismo a bote pronto recuerdo tres: la de Marx, la de Keynes y la austriaca.

La de Keynes me parece superior en cuanto que tiene en cuenta el proceso social como un todo. Es decir, plantea la solución económica dentro de un marco social y psicológico por el que las masas ante el menor síntoma de que su seguridad y su felicidad están en peligro están dispuestas a sacrificar su libertad.

Ante este hecho, creo que la opción más realista y pragmática es la de reducir los males en lugar de buscar la mejor solución spockiana.

Podríamos decir que los austriacos en realidad son vulcanianos. Los liberales neoclásicos, humanos. Los socialistas, marcianos. Y los marxistas, de Plutón (que ni es planeta ni es ná)

ElSalmantino dijo...

Pedir que se "deje hacer" al mercado parece lo lógico en un liberal, independientemente de que los progres nos hagan caricaturas por ello. Sólo faltaba que tengamos que edulcorar la doctrina para que ellos se sientan a gusto (inútil por otra parte, porque nunca reconocerán su equivocación).
Pero que uno quiera limitar el poder coactivo estatal (o incluso eliminarlo por completo, como los ancaps) no quiere decir que no deban existir regulaciones. No creo que sea tan difícil de entender.
Y aquí el problema es de "malas" regulaciones, no de que nos las hubiese habido, que haberlas habíalas. Y de hacia dónde hay que ir, qué hay que cambiar, no de estarse parado y dejarlo todo como está.

Yo, la verdad, no sé dónde ves tú esos liberales que pretenden que no haya ningún tipo de intervención.
Y si no recuerdo mal, primero hacías mención a los Congresistas y luego, en otro post, a Hayek y a Mises, lo que en todos los casos parece una broma. Ahora son periodistas. Bueno vale.

Luego introduces un nuevo concepto, que quiero creer nada tiene que ver con el objeto del post ni con esta discusión, puesto que en caso contrario, y si yo entiendo bien, habría que deducir que pretendes decir que los teolibs serían TODOS los liberales que no aceptan la milonga de la llamada tercera vía. Pues estamos apañados.

Mira Santiago, no creo yo que Keynes, enemigo intelectual por excelencia de Hayek, pueda ser tildado de comunista ni de socialista puro.
El mismo Keynes que, por cierto, y como ya te dije, reconoció su derrota ante el maestro y ya apuntaba la necedad de sus propios seguidores, tildándolos de "bobos".
No seamos pues más papistas que el Papa.

Ya te lo ha apuntado Albert. Aspectos básicos de la filosofía hayekiana son precisamente los que han resultado reveladores una vez más en esta crisis.
El colmo sería que cuando los hechos le dan la razón a toda una obra, pillemos un párrafo de "Camino" para interpretarlo nada menos que como una enmienda a la totalidad de toda una vida luchando contra todos; libro éste, por cierto, considerado menor por Hayek a pesar de su enorme fama.
¿Límites en la teoría austriaca? Hombre, si hablamos de competencia entre monedas, bancos centrales, expansión crediticia, ciclos económicos, patrón oro... Yo no los veo. Pero nada, sigamos ignorando lo obvio en nombre de la realidad (terrible paradoja).
Criticamos a los congresistas por guiarse por el cortoplacismo del voto y tildamos a la Escuela Austriaca de poco práctica... por motivos socio-políticos.
No entiendo nada.

Por último, no le veo tampoco sentido ahora al debate sobre el Estado si de las causas de la crisis hablamos; al menos, no directamente.
Porque no se trata tanto, repito por enésima vez, de las regulaciones en sí, sino del tipo.

ElSalmantino dijo...

Sí, los liberales neoclásicos son de lo más humano. En eso no puedo estar de acuerdo, porque sólo el ser humano es capaz de tamaña necedad sin aprender nada de sus propios errores.

Ignacio dijo...

Me apunto a la defensa del realismo frente al dogma, don Santiago. No se trata e qui´n acierta en esta coyuntura, sino del marco mental adecuado, que nunca puede ser el de una repuesta pavloviana.

Mientras tanto, egócrata y el admirable citoyen lanzan la etiqueta neoprog, bajo la divisa "izquierdistas basados en la realidad". Hay esperanza.

Libertariano dijo...

Ignacio, The Economist también se apunta

http://www.economist.com/opinion/displayStory.cfm?story_id=12429544&fsrc=nwlbtwfree


In the short term defending capitalism means, paradoxically, state intervention. There is a justifiable sense of outrage among voters and business people (and indeed economic liberals) that $2.5 trillion of taxpayers' money now has to be spent on a highly rewarded industry. But the global bail-out is pragmatic, not ideological.

ElSalmantino dijo...

Me apunto a la defensa del realismo frente al dogma, don Santiago. No se trata e qui´n acierta en esta coyuntura, sino del marco mental adecuado, que nunca puede ser el de una repuesta pavloviana.

Estoy que no quepo en mí. Así que lo real no tiene que ver con quién acierta, sino con marcos mentales.
Para este viaje no hacían falta alforjas, porque el "marco mental adecuado" siempre ha sido el políticamente correcto (=progre), aunque ni funcione ni sea mínimamente ético.
Conclusión: dejémoslo todo como está estructuralmente aunque las causes estén claras y vaciemos un poco más el bolsillo del común.
Y al que proteste, ya se sabe: "¡Dogmático!"

Mientras tanto, egócrata y el admirable citoyen lanzan la etiqueta neoprog, bajo la divisa "izquierdistas basados en la realidad". Hay esperanza.

Disculpa, pero ellos no se han movido ni un ápice. Mira tus pasos.

Respecto a "The Economist", nada nuevo bajo el sol. Repito por enésima vez, aunque sin ninguna esperanza, que NINGÚN liberal defiende que no haya normas; el problema es cuales.
Lo pragmático es lo que funciona, no incidir en lo que ha causado el mal.
Y, en cualquier caso, si uno ve que lo que ha defendido no sirve, debería buscar nuevas ideas, no aparcarlas. Lo contrario es de una deshonestidad brutal.

Me temo que algunos tenéis un gran problema de identidad. No se puede ser liberal a jornada partida, salvo que uno sea político o empresario, claro.

Libertariano dijo...

Los liberales "a jornada partida" somos el 90% de los liberales, los liberales "neoclásicos" y los liberales "keynesianos". Quizás los que nos preocupamos menos de las etiquetas y más de los razonamientos, no tan henchidos de honestidad brutal.

Los marxistas ortodoxos tenían otro nombre para los marxistas que trataban de amoldar la teoría marxista a la realidad: "revisonistas". Claro, era tal su "deshonestidad" con el credo que solían terminar matándolos. Por deshonestos.

Un saludo

ElSalmantino dijo...

Por mí como si sois el 99,9%. La cantidad no da la razón, ni en esto ni en nada.
El hecho es que las recetas "keynesianas" y las "neoclásicas" son las causantes curiosamente de la crisis. Y lo que proponéis es que los que llevaban años avisando de lo que se avecinaba acepten la perseverancia en el error. ¿Quién es aquí el dogmático y quién no tiene en cuenta la realidad? Es delirante.

Y lo es especialmente viniendo de alguien como tú Santiago. Mi sorpresa es mayúscula, honestamente.
Porque, y lo siento mucho, de razonamientos nada de nada. ¿Dónde están? No los veo. Por no mencionar que tú mismo reconociste que no pretendías hablar de economía. Entonces, ¿de qué hablamos aquí?

No se trata, pues, de etiquetas, sino de la odiosa realidad que se aparta, sí, de forma brutalmente deshonesta mientras se llama dogmático, teolib o lo que se tercie a quien simplemente dice las verdades del barquero, que en este caso ya no son meras abstracciones de economistas fracasados.

Tu última frase se contesta sola. Lamentable.