"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

viernes, marzo 20, 2009

¿Por qué nunca fui de izquierdas (o de derechas)?

Leyendo la entusiasta recensión de Mario Noya sobre la última reconversión desde los maniqueísmos izquierdistas a los matizados apasionamientos liberales -en este caso, El desencanto de Andrew Anthony- me surge la cuestión sobre por qué nunca fui de izquierdas (o de derechas).






¿Me he perdido algo? Desde que tengo memoria de conciencia política no dejaba de sorprenderme y desagradarme la estupidez de los habituales argumentos de la derecha y la demagogia en la que se solía instalar la izquierda. En primer lugar, me parecía increíble la buena conciencia que disfrutaban, el convencimiento de ser el pueblo elegido por la tradición, la lucha de clases o Dios sabe qué. También, la colección de estampitas sagradas a las que rezar, de la Virgen de las Angustias al Ché, siempre llevadas en procesión junto al corazón y que facilitaban una esperanza banal y superficial. Luego, la pasión por la uniformización: gomina para el pelo, pañuelo palestino al gaznate, tan previsibles en el exterior como en el interior. No olvidemos el brutal desprecio por los hechos acompañado de una creencia acrítica en los ideales: del Paraíso cristiano a la Utopía socialista, de lo que se trata es de no hincarle el diente a la vieja y dura realidad, no vaya a ser que nos dejemos las muelas en el mordisco. O dicho de otra manera, para la izquierda y para la derecha lo que importa es el interior: la belleza está en el interior, yo soy mi inconsciente, la verdad está en la infraestructura o en el más allá. De lo que se trata es de no enfrentarse al dragón real que, al despertar, te sigue esperando paciente y terrible.








Pero en una biografía intelectual lo más influyente pueden ser las primeras lecturas. Y en mi caso ninguna tan determinante como la de Federico Nietzsche. El primer libro que leí del Viejo Cabeza Pólvora fue El gay saber, seguramente el libro más perspicaz y feliz y libre -liberal en el sentido más amplio y genuino- que existe.

Contra Nietzsche escribió Hayek una nota en Camino de Servidumbre

“Pertenece por entero al espíritu del colectivismo lo que Nietzsche hace decir a su Zaratustra: “Mil objetivos han existido hasta aquí porque han existido mil individuos. Pero falta todavía la argolla para los mil cuellos: el objetivo único falta. La humanidad no tiene todavía un designio. Pero decidme, por favor, hermanos: si aún falta a la humanidad el designio, ¿no es la humanidad misma lo que falta?”

La discusión sobre el colectivismo de Hayek en el capítulo 10 “Por qué los peores se colocan a la cabeza” plantea la cuestión sobre “Si la “comunidad” o el Estado son antes que el individuo” La opción colectivista se enfrenta al individualismo tanto por la izquierda, llamémosla en general “socialismo”, como por su derecha, una etiqueta podría ser “comunitarismo”. El socialismo confía en el constructivismo estatista para formar y coordinar a los individuos. El comunitarismo dejaría esta función constructivista desde los mecanismos sociales propios de la comunidad. En ambos casos la tendencia anti-individualista y anti-internacionalista sería un mínimo común denominador de ambas posiciones que encontraron el pacto germánico-soviético una alianza anti-natural sólo en la superficie.

El caso de Nietzsche lo ve Hayek, que había vivido en primera fila la irrupción del irracionalismo en el ámbito cultural germánico, como paradigma de las fuerzas comunitaristas. Esa ambición por una meta, un destino, un fin común que habría de ser gestionado por una minoría, el rompehielos de la humanidad (tanto en su versión de “Führer” como, desde la otra orilla, por la vanguardia del proletariado.)

El texto nietzscheano citado por Hayek pertenece al capítulo “De las mil metas y de la única meta”ii, la traducción que hace Andrés Sánchez Pascual de “Von tausend und Einem Ziele” (Nietzsche quiere distinguir su entrada de una expresión común como habría sido “De las mil y una metas”). El cuidado en la traducción tiene su razón de ser en que el tema discutido por Nietzsche es el de la labor de elaboración de los valores. En un principio, plantea Nietzsche, la elaboración de los valores se hacía de manera mancomunada, es decir, era tarea de un pueblo entero, de una colectividad. Naturalmente dentro de cada pueblo no tenían igual participación todos los hombres. Siempre había algunos que destacaban en esta tarea de creación de valores (morales, estéticos, religiosos, etc.) Esta es la gran diferencia entre el hombre-animal y el resto del reino vital: el ser humano se pone a sí mismo como medida.

Pero en el camino de la creación de valores Nietzsche distingue dos momentos: el momento comunitarista, en el que el colectivo asume esa tarea de valoración, y sólo posteriormente aparece el momento individualista:

“Creadores lo fueron primero los pueblos, y sólo después los individuos; en verdad, el individuo mismo es la creación más reciente.”


Y es que

“El placer de ser rebaño es más antiguo que el placer de ser un yo: y mientras la buena conciencia se llame rebaño, sólo la mala conciencia dice: yo”


El problema interpretativo surge al final cuando Nietzsche advierte del peligro inherente a la acción de valorar, que se basa en el amor por partida doble: el que quiere dominar y el que quiere obedecer. O dicho de otro modo, “fuego de amor” pero también “fuego de cólera”. E definitiva, “un monstruo es el poder de ese alabar y censurar”. Mientras la acción valorativa estaba circunscrita a un grupo, a una tribu, a un pueblo, en las mismas relaciones sociales cerradas de dicho pueblo encontraba el “monstruo” los límites a su acción de construcción y destrucción.

Pero la irrupción del individuo ha trastocado el equilibrio de la acción valorativa y lo que Nietzsche teme es la aparición del nihilismo. Desde el momento en que la acción valorativa se ha atomizado, ¿cómo hacer compatible al átomo individual con el holismo social de la globalización, es decir, con la destrucción de los pueblos?

Una respuesta posible será, por parte de los reaccionarios, volver a encadenar “las mil cervices” a un proyecto colectivista anclado en la tierra y la sangre. Pero también es posible una salida liberal a la tensión individuo-mundo globalizado, que dote de “una única meta”, en cuanto que entendamos ésta como un mínimo común denominador a los individuos para que dentro de dicho marco de referencia se pueda establecer la pluralidad axiológica propia de la actividad individual libre.

Que esta lectura liberal, anticolectivista, es posible se visualiza mucho mejor cuando se lee un capítulo anterior, titulado “Del nuevo ídolo”v. Nietzsche nos advierte que allá donde desaparecen “los pueblos y rebaños” no surge espontáneamente y sin problemas el individuo, sino que hace su aparición “el más frío de todos los monstruos frío… “Yo, el Estado, soy el pueblo”

El análisis nietzscheano del Estado es muy similar al que hace Hayek. Nietzsche advierte contra los que parasitan al Estado, “aniquiladores” los llama, cuya principal actividad es “poner trampas para muchos”, al tiempo que suspenden sobre los hombres “una espada y cien concupiscencias”, es decir, la amenaza surgida de haber conseguido el monopolio de la fuerza y la promoción de todo tipo de actividades placenteras para conseguir un estado de alienación permanente. La “muerte de Dios” es sólo momentánea porque en seguida aparece “el nuevo ídolo”

A pesar de que el estilo grandilocuente, que no afectado, de Nietzsche está a años luz del estilo analítico, aunque polémico, de Hayek en Camino de servidumbre su crítica al Estado podría haber sido firmada por cualquier liberal de esa misma época:

“El Estado miente en todas las lenguas del bien y del mal; y diga lo que diga, miente – y posea lo que posea, lo ha robado.

… Confusión de lenguas del bien y del mal: esta señal os doy como señal del Estado. ¡En verdad, voluntad de muerte es lo que esa señal indica! ¡En verdad, hace señas a los predicadores de muerte!

¡Nacen demasiados: ¡para los superfluos fue inventado el Estado!

¡Miras cómo atrae a los demasiados! ¡Cómo los devora y los masca y los rumia!

“En la tierra no hay ninguna cosa más grande que yo: yo soy el dedo orden¡ador de Dios”…

¡Héroes y hombres de honor quisiera colocar en torno a sí el nuevo ídolo! ¡Ese frío monstruo – gusta de calentarse al sol de buenas conciencias!

Todo quiere dároslo a vosotros el nuevo ídolo, si vosotros lo adoráis: por ello se compra el brillo de vuestra virtud y la mirada de vuestros ojos orgullosos.





Y en esto cayeron en mis manos La sociedad abierta y sus enemigos y Camino de servidumbre...

PD. Dedico este post al recuerdo de una filosófica y alcohólica noche en Madrid con David Ballota, Nasser Mouaffak y Paco Cerbán,  colegas liberales nietzscheanos.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

También debió caer algún título de Jünger, porque solo a él le he leido llamar a Nietzsche Viejo Cabeza de Pólvora. Copio y pego de un viejo post del exilio:

"1."Las mujeres de aquel pais son hermosas y estan llenas de aquella generosa fuerza que el viejo Botafuegos considera como la virtud dadivosa por excelencia".

2."Braquemart creia que desde los origenes de la tierra existian en el mundo dos razas: la de los señores y la de los esclavos, que durante el curso de los tiempos se habian ido mezclando. A este respecto se tenia por discipulo del viejo Botafuegos y, siguiendo el ejemplo de este, exigia la separacion de las dos razas. Y tambien, al estilo de ese burdo teorico, Braquemart vivia de aquello que la ciencia tiene de menos intemporal, y practicaba la arqueologia".

3."Entonces el Condor seria para mi "el tirano", no solo de hecho sino tambien en el sentido moral. Y como hay que odiar a los tiranos, le odiaria. O bien: encarna la voluntad de poder, tal como la enaltecia Boutefeu: conduce, como un gran capitan, a traves de las olas y las tempestades, de la struggle for life. Y entonces seria mi modelo, le seguiria incondicionalmente, le admiraria. En resumen: tipos de sentimientos de los que debo mantenerme apartado".

4."... el celebre Dios ha muerto. Con ello Cabeza de Polvora no hacia mas que abrir puertas abiertas. Era un hecho de general conocimiento. Asi se explica la sensacion que causo".

Los dos primeros los encontre en "Sobre los acantilados de marmol". Los otros dos en "Eumeswil". El botafuegos era el encargado de encender la polvora de la artilleria o los fuegos de artificio. Boutefeu es botafuegos en frances y Cabeza de Polvora esta directamente relacionado. En ningun momento cita a Nietzsche pero estoy seguro de que se refiere a el. Lo curioso del tema es que estos fragmentos parecen mostrar una opinion de Jnger poco favorable respecto a Nietzsche, pero por que no lo diria abiertamente? En "Sobre los acantilados de marmol" todos los personajes son figuras o tipos humanos y no hay ningun nombre propio identificable, pero en "Eumeswil" abundan las citas literarias directas por que con Nietzsche mantendra ese subterfugio?
Tengo incluso un difuso recuerdo en el que oigo a Heidegger llamar "Viejo Botafuegos" a Nietzsche. Quiza fue un sueño."

Tención. ¿Mesejcucha?. Soy Masgüel. Cambio.

Libertariano dijo...

A Jünger llegué un poco más tarde. Pero, claro, la influencia también es inmensa. Jünger junto a Nabokov es otro de mis referentes "libertarianos", en el sentido amplio de individualismo pro libertad. Al fin y al cabo, el anarca "de derechas" que era Jünger era un anticolectivista y un aristócrata del espíritu.

Eumeswill junto a Barra siniestra son mis dos grandes novelas distópicas, mucho más inmensas, complejas y "literarias" que los clásicos de Orwell, Bradbury y Huxley.

Tus citas, Max, me han hecho también plantearme lo que dices de su relación con Nietzsche. Pero "el burdo teórico" creo que está referido más bien a la reducción manipuladora que perpetraron los nazis con él, ayudados por la hermanita antisemita.

¡¡Gracias por recordármelo!!

Anónimo dijo...

muchas gracias por las referencias, S. me he preguntado varias veces qué tendría que ver Nietzsche con el liberalismo y esas cosas. ahora, para enterarme mejor, tendré que leer algo de Hayek (o quizá algo más básico aún).

bien por nosotros: mi primera revelación adolescente fue "ocaso de los ídolos". desde entonces lo veo un poco todo a través de ese prisma, tan bello.

no tienen los nietzscheanos, acaso, dificultad para llevar carnet de partido?
también Karlos Arguiñano quien, tras haber terminado de preparar un pastel salado, y clavándole encima una ramita de perejil, tornóse serio y dijo despacio: "ésta es mi bandera".

Miguel

Pascual González dijo...

Es una entrada realmente sugerente. El problema que le veo, sin embargo, es si basta denunciar al Estado u oponerlo al individuo para ser liberal o, siquiera, acercarnos al liberalismo. En tal sentido me parece que hay demasiados elementos que alejan a Nietzsche de éste. Desde luego los ideales aristocráticos.

Tal como yo lo veo, el liberalismo no es tanto una invocación del individualismo como una filosofía social. Su ideal no es el "maverick", ni el hombre que mira desde las cumbres, sino a hombres que se relacionan con otros hombres el pie de igualdad. El liberalismo, finalmente, no es idealista, sino realista. De lo que se trata des de cómo generar juegos de suma positiva entre sujetos egoístas, cómo convertir el egoísmo particular en beneficio general (Mandeville).

Ahí es donde los liberales descubren las bondades de la no intervención del Estado, ni de la censura moral de la religión... del individualismo. Pero es un individualismo que, finalmente, sólo se entiende (y se justifica) por el tipo de juego social virtuoso a que acaba dando lugar. Así, por ejemplo, Mandeville no elogia el egoísmo de su colmena porque satisfaga los deseos de independencia de las abejas egoístas,sino porque ese egoísmo, sabiamente liberado, se convierte en una fuente de prosperidad social.

Otra reflexión que cabe hacerse al hilo de esta interesante entrada es hasta que punto la visión del Estado ofrecida por Nietzsche no está demasiado determinado por le modelo que le tocó padecer a él: el Estado burocrático nietzscheano, con su reducción, igualmente burocrática, de cualquier imperativo categórico. Creo que Nietzsche descubre la burocratización de la moral llevada a cabo por Prusia (en definitiva, una forma de generar las inmensas energías propias del Estado nación sin pasar por una revolución como la francesa). Ese tema está presente en Nietzsche desde la primera de sus consideraciones intempestivas, contra David Strauss, a propósito de la cultura alemana tras la victoria sobre Francia y la unificación. Parece que Nietzsche tuvo una conciencia precoz sobre el tipo de monstruo que Prusia había creado. Pero no puedo dejar de imaginar cómo habría escrito Nietzsche de haber viajado a EEUU, por ejemplo.

a dijo...

¡Cómo os gusta "liaros" con vanas dialécticas!
¿Es que ninguno de vosotros conoce el raciovitalismo orteguiano?
Ni de izquierdas ni de derechas, ni idealistas hasta el paroxismo de lo utópico ni vitalistas hasta el absurdo más irracional.

Si es que todavía creen algunos que están descubriendo las Américas...

Anónimo dijo...

Respuesta: Porque eres filósofo. Y cuando el temporal arrecia, cada puta se cobija en el portal que más cerca le pilla. A mí me pillo en la desigualdad más salvaje y en la represión asumida desde dentro como si fuera lo mas natural del mundo, asi que cuando por esas cosas de la movilidad social pude ser uno mas del rebaño, al pañuelo palestino...no he llegao (no por ética sino por estética)(¿no eslo mismo?)pero a saber dónde nunca he de meter mi papeleta de voto ¡desde luego¡

Alvy Singer dijo...

A los liberales, con lo majos que sois en privado y en el arte, os gusta pensar, a diferencia de la ciencia secular que tanto bendecís (esa que dice que la verdad absoluta no existe), que vuestra postura no es que sea ética, o sea, coherente y con cierta solidez moral, es que es la única posible. El liberal ha comprado el matiz y lo razonable. :P

Libertariano dijo...

Alvy, Alvy... como me dices esas cosas tan feas? Precisamente el liberalismo cree que la pluralidad de valores, de ideas y deseos son, con dificultades, posibles de ensamblar. A diferencia de otros sistemas, que exigen la emergencia obligatoriamente de un "hombre nuevo" (marxista, cristiano...), el sistema liberal está diseñado incluso para funcionar en mundo de demonios. Que no es descartable que sea éste mismo...