Del famosísimo e impresionante final de Casablanca se recuerda lo de "Siempre nos quedará París". Y se suspira mientras se sonríe. Pero Rick está recordando con nostalgia el pasado... y anticipando con pavor el futuro. Porque siempre-nos-quedará-París significa que en ninguna otra ciudad del mundo tienen espacio ni tiempo Bergman & Bogart para seguir desarrollando su pasión. Que muera el amor (¡qué bestia la Jurado!)
La actitud de Rick, por tanto, es más cobarde que austera. "Siempre nos quedará París" significa que no puede superar el trauma de París, que no puede reinventar París. Supone la victoria del amor platónico, en el mejor de los casos, sobre el amor terrenal, sobre el amor físico, sobre el amor de este mundo. En el peor, la reducción de Rick a un resentido, un cínico, amigo de otro resentido, de otro cínico (pero al menos el capitán Renault no va de Rolls Royce moral y romántico, ¡viva Claude Rains!, ese irónico y distanciado voyeur).
El romanticismo en estado puro, el galán encendido de amor, el tipo que aúna a la vez a Kohlberg y a Hendrick (al cuadrado) es Vicktor Lazslo. Rick y Elsa resultan un tanto patéticos al pretender que pueden engañarlo respecto a su traición. Vicktor no sólo pasa por alto los cuernos sino también el pequeño acto de compasión que supone intentar consolarlo para que Elsa pueda irse tranquila.
Naturalmente, Rick es Bogart. Y el aura heroica de Bogart ha ocultado durante demasiado tiempo la miseria amorosa de Rick.

PD. Un final igualmente genial y que incide en la misma dirección, aunque esta vez la cobardía es mucho más evidente, es el de La edad de la inocencia. Lo habré visto veinte veces y sigo esperando que Daniel Day Lewis suba esas malditas escaleras.
Para un caso contrario, la segunda y prodigiosa parte de Antes del amanecer, es decir, Antes del atardecer. Vaya final milimétrico. ¡¡Viva Ethan Hawke!! ¡¡¡Viva el amor!!!




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