Ayer comencé mis lecciones de alemán así que seguramente habré escrito una barbaridad. Me he inspirado en la célebre proclamación de John F. Kennedy durante su viaje a Berlín cuando se reconoció como un berlinés más (lo que dio lugar a una curiosa leyenda urbana lingüística).
Alemania es el único país el mundo donde iría a votar a un Partido suficientemente afín a mis querencias: el FDP de Guido Westerwelle. Naturalmente hay roces, de programa y de talante, pero dada mi habitual enemistad con utopías y demás territorios del "mejor de los mundos posibles" es algo que en el fondo me tranquiliza saber que en algún país hay una oportunidad política de realizar mis "sueños" (entre comillas para significar lo irónico y el distanciamiento que con respecto a los mismos me coloco.)
El FDP, a grandes rasgos: partido de los jóvenes urbanos, universitarios, liberales de derecha y de izquierda (resumiendo a la española: progres liberales), menos impuestos, más mercado, menos pero mejor estado (menos es más, menos es mejor), más derechos y libertades, meritocracia, la única política social pasa por una buena política económica, energía nuclear por supuesto, reforzar la libertad asumiendo responsabilidad, apostar por la OTAN como centro multilateral de toma de decisiones (ni unilateralismo yanqui ni impotencia a-la-ONU), occidente debe seguir siendo el faro que ilumine a los que busquen libertad y prosperidad en regiones sombrías, antipostmodernismo y antirrelativismo firmemente anclados en la Ilustración.
En fin, más Goethe, Kant y Humboldt y menos Marx, Nietzsche y Heidegger.





















