Sabemos poco de ella pero sí que era una filósofa universalmente reconocida y admirada por cristianos, judíos y politeístas. Sin embargo, una película diseñada para influir subliminalmente en el espectador medio (simple y maniqueo), la ha vuelto a
asesinar, convirtiéndola en un símbolo unidimensional que oculta y tergiversa lo que de esencial podía tener, para lo bueno y lo malo.
Realmente sólo se puede sacar algo en claro de
Ágora si le damos la vuelta al celuloide y mirando su envés prestamos atención a lo que el director trata de enmascarar. El momento clave ocurre cuando el asalto de la turba cristiana a la Biblioteca, donde se han refugiado los politeístas y uno de éstos exclama algo así: "
Pero, ¿de dónde han salido tantos cristianos?" Sin embargo, toda la película mira hacia otro lado. Los desesperados, los explotados, los masacrados... el gran magma de la esclavitud sobre el que se había edificado la civilización griega y, posteriormente, la romana encontró en el mensaje cristiano de la igualdad esencial de los seres humanos el pivote revolucionario sobre el que iba a edificarse el cristianismo, para sorpresa de restos aristocráticos que, como Hipatia, habrían aprendido de Aristóteles que la esclavitud es "por naturaleza".
Por otra parte, Hipatia, una neoplatónica, no estaría tan lejana programáticamente de los cristianos. Los neoplatónicos eran más bien una secta filosófica con fuertes componentes místicos y con tendencia hacia la tiranía como sistema político. De hecho, sería vista con bastante razón como una sacerdotisa laica pro-Imperial muy poderosa. Desde un punto de vista marxista-hegeliano tendríamos, en consecuencia, un nuevo capítulo de la habitual lucha entre amos y esclavos en la que los antiguos esclavos pasan a ser los nuevos amos. Nada nuevo bajo el sol.
PD.
Jesús Trillo, en la
Razón,
se rasga las vestiduras porque "va contra la religión" la película más
religiosa que se ha hecho en este país desde
Mar adentro: Esa mezcla de irracionalidad y sentimentalidad que caracterizan al sentir religioso. En el extremo opuesto
Elisa Serna, en
Público, aprovecha el disparate cinematográfico
para hacer de Hipatia una protofeminista abortista. Pobre Hipatia...