
Encerrado más de una semana en una habitación de hospital con un cacho de cielo nublado y una televisión analógica como todo horizonte audiovisual, haciendo zapping entre
Susanna Griso y
AR, he descubierto que una tal
Belén Esteban es la musa indiscutible de las clases populares y que el Tribunal Constitucional es, en contrapartida, el principal enemigo del pueblo.
La diferencia entre Belén Esteban y el Tribunal Constitucional reside en que mientras la primera expresa con meridiana claridad lo que
los-más quieren oir, el TC se empeña en llevar la contraria, por una minucia llamada "Constitución", al pueblo levantado en urnas y en
editoriales. Miseria de ley positiva contra la supermetafísica voluntad popular.
Belén Esteban está sobrada de ingenio, es rápida y mortal como Sharon Stone. Por ejemplo cuando argumenta que es imposible que el barón Thyssen sea el padre de unas mellizas porque si el pobre ya no tenía ni sangre... a más y más, semen... El TC, por el contrario, es más lento que el caballo del malo y sus miembros, por el diseño institucional del mismo, tienen un marcado sesgo a ser la voz de su amo, en este caso de la facción política que los aupado.
¿Qué pensará Belén Esteban del Estatuto catalán? Y sobre la relación entre televisión y política, ¿se sumaría a las tesis liberales del Tribunal Supremo en su recurso de inconstitucionalidad sobre que
las empresas televisivas financien obligatoriamente cine español? Lamentablemente ayer me dieron el alta y perderé de vista para siempre a la
Tribuna de la Plebe. Dios, qué país.