"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

lunes, noviembre 29, 2010

Crítica de la crítica

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En Libertad Digital he escrito acerca de esa actividad parasitaria que es la crítica.  Me refiero fundamentalmente al cine pero vale lo mismo para la literatura, la música o el futbol.  Y es que los parásitos somos también imprescindibles.  Otra cosa es que seamos beneficiosos o dañinos...

La crítica de la crítica de Anton Ego

viernes, noviembre 19, 2010

Harold Bloom y el Dios yanqui

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En Libertad Digital recomiendo tres libros de Harold Bloom.  Dos de crítica literaria sobre cuento y ensayo, aunque con muchas reservas por la irregularidad de los artículos, y otro de crítica religiosa, el muy original y documentado La religión americana, ensayo éste imprescindible para los europeos que quieran conocer el "way of religious life" de los yanquis.  Al final conseguirás distinguir a un basptista de un presbiteriano a un testigo de Jehová de un mormón, Y, sobre todo, habrás captado el individualista y gnóstico sentido de la vida religiosa a la americana...


Pregunta de trivial:  ¿A qué iglesia pertenece Homer Simpson?


1. Católica, ¿hay otra?
2. A la única verdadera, la católica, claro
3. Va a misa los domingos así que es católico
4. La mayor parte del tiempo forma parte de la iglesia presbiluterana estadounidense reformada (que vete tú a saber en qué creen...)

miércoles, noviembre 17, 2010

Berlanguianas

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Actualmente están emitiendo Plácido en La 2 y el sábado se puede comprar El verdugo con Abc. Y de Bienvenido Mr. Marshall se puede aprender y disfrutar mucho con la charla de ¡Qué grande es el cine! (en youtube)  Tres obras maestras del Maestro austrohúngaro.





PD. El Especial de Libertad Digital sobre Berlanga

domingo, noviembre 14, 2010

The Big Bang Theory: ¡Zas en toda la boca!

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Si hay un género del que he desertado casi por completo en cine es la comedia.  Los diálogos ingeniosos, la velocidad en la puesta en escena y la crítica corrosiva envuelta en una sonrisa (estoy pensando en el modelo Hecht-Hawks fundamentalmente) han desaparecido de la gran pantalla.  Pero, sin embargo, ha prosperado y triunfa en la televisión: Seinfeld, Frasier, Friends, Larry David, Rockefeller Plaza, The Office, Me llamo Earl... y, sobre todo, The Big Bang Theory a la que dedicó mi artículo finsemanal en Libertad Digital.



PD. Próximamente plantearé una encuesta sobre la mejor comedia de los últimos años en la tele, así que confesad ahora vuestras series de comedia favoritas o callad para siempre!

sábado, noviembre 13, 2010

Luis García Berlanga, Plácido y Verdugo, ha muerto

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Viva el Cine!!!!  En Libertad Digital despido al Maestro, celebro su Cine y me acuerdo de como relataba sus encontronazos con la doble mafia, la franquista y la comunista, con la que tuvo que lidiar para hacer sus maravillosas películas.



Por cierto, que con las prisas de la crónica me he olvidado de otro director español que recoge el testigo del humor berlanguiano, el Presidente de la Academia Española de Cine, Álex de la Iglesia.  No cabe duda que con la debida distancia tanto El día de la bestia como Muertos de risa o Crimen Ferpecto beben directamente de la mala leche humanista de Berlanga.  Hay esperanza para el cine español, sobre todo ahora que está cerca de estrenarse su última película Balada triste de trompeta.

lunes, noviembre 08, 2010

¿Por qué no matar a unos terroristas... o unos policías? El dilema X de Felipe González

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Les amants réguliers es una de las películas más interesantes sobre la revuelta estudiantil parisina de mayo del 68.  Garrel, el director, combina con audacia los altercados entre los estudiantes y la policía con una sui generis historia de amor de dos jóvenes tan bohemios como burgueses, enlazando la ingenuidad y la autenticidad de ámbos fenómenos.  Hay una secuencia muy interesante desde el punto de vista politico.  El protagonista se encuentra en unas escaleras -las escaleras son importantes en esta película como lugar de paso entre órdenes de la realidad- con uno de sus compañeros que viene de un encontronazo con los agentes de la autoridad en unas barricadas.  Le explica que ha estado a punto de quemar un coche de la policía con un cóctel molotov pero que en el último segundo se ha echado para atrás porque ha comprendido,  en un fogonazo de lucidez, que los uniformados que iban a morir también eran personas.



Está inspirado Garrel porque efectivamente la relación con la violencia ha sido la fractura más decisiva entre los miembros de la izquierda.  Zigmunt Bauman con generosidad no exenta de cinismo se refiere al comunismo como "el hermano impaciente del socialismo".  Hay impaciencias que matan.  En aquel mayo del 68 la mayor parte de los jóvenes de izquierda se comprometieron, a despecho de Garrel, con la violencia como método de acción política.  Por activa o por pasiva.  Los policías y en general los que no eran de izquierdas eran enemigos de clase a los que había que exterminar siguiendo la guía leninista de "El Estado y la revolución", ese Mein Kampf de la tribu izquierdista.



Todavía hoy el romántico aura de la violencia sigue confundiendo a la mayor parte de la izquierda.  El  Tea Party en los Estados Unidos será lo que sea pero al menos, como señala el Lexington de The Economist, no ejerce la violencia callejera y se manifiestan de forma civilizada.  Los estudiantes franceses, sin embargo, destrozan todo a su paso, utilizando la kale borroka con charme como método de intimidación política, haciéndose fotos en las barricadas con la impunidad de niños de papá que saben que sus faltas les serán perdonadas: ¡son tan monos!  Hace poco un amigo que ha transitado progresivamente de la izquierda a la derecha, según aumentaba su cuenta corriente y su estatus social, todavía justificaba el atentado de ETA a Carrero Blanco ya que, como un tertuliano de Iñaki Gabilondo explicaba a la audiencia de Cuatro, no era lo mismo ETA durante la dictadura que durante la democracia.  Algo con lo que no estarían de acuerdo los propios etarras y, por una vez en la vida y en la muerte coincidiendo con los del tiro en la nuca y la bomba lapa, yo tampoco.




Esa secreta intimidad de la izquierda con la violencia se traslució en la entrevista de ayer del solar Follonero al tenebroso Jesús Eguiguren, el dirigente socialista que prefiere a Otegui antes que Basagoiti, según descripción del dirigente conservador.  En un momento dado se refirió al terrorismo y los asesinatos de ETA como "actividad armada".  Dios está en los detalles y el Diablo en los matices semánticos. 



Por la mañana había desayunado en El país que Felipe González tuvo la ocasión de descabezar, asesinando, a la cúpula de ETA antes de las Olimpiadas de Barcelona.  No lo hizo.  No por elevadas razones morales sino más bien, y aunque pueda resultar paradójico, por cuestiones de lo que denomina pragmáticas en el sentido del más ramplón utilitarismo:  no fuera a ser que los franceses se cabreasen.

Todavía no sé siquiera si hice bien o hice mal, no te estoy planteando un problema moral, porque aún no tengo la seguridad. Tuve una sola oportunidad en mi vida de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA. Antes de la caída de Bidart, en 1992, querían estropear los Juegos Olímpicos, tener una proyección universal... No sé cuánto tiempo antes, quizá en 1990 ó 1989, llegó hasta mí una información, que tenía que llegar hasta mí por las implicaciones que tenía. No se trataba de unas operaciones ordinarias de la lucha contra el terrorismo: nuestra gente había detectado -no digo quiénes- el lugar y el día de una reunión de la cúpula de ETA en el sur de Francia. De toda la dirección. Operación que llevaban siguiendo mucho tiempo. Se localiza lugar y día, pero la posibilidad que teníamos de detenerlos era cero, estaban fuera de nuestro territorio. Y la posibilidad de que la operación la hiciera Francia en aquel momento era muy escasa. Ahora habría sido más fácil. Aunque lo hubieran detectado nuestros servicios, si se reúne la cúpula de ETA en una localidad francesa, Francia les cae encima y los detiene a todos. En aquel momento no. En aquel momento solo cabía la posibilidad de volarlos a todos juntos en la casa en la que se iban a reunir. Ni te cuento las implicaciones que tenía actuar en territorio francés, no te explico toda la literatura, pero el hecho descarnado era: existe la posibilidad de volarlos a todos y descabezarlos. La decisión es sí o no. Lo simplifico, dije: no. Y añado a esto: todavía no sé si hice lo correcto. No te estoy planteando el problema de que yo nunca lo haría por razones morales. No, no es verdad. Una de las cosas que me torturó durante las 24 horas siguientes fue cuántos asesinatos de personas inocentes podría haber ahorrado en los próximos cuatro o cinco años. Esa es la literatura. El resultado es que dije que no.

Por "literatura" parece entender el ex Presidente del Gobierno las discusiones filosóficas sobre el particular, tanto de asesinar a unos terroristas como de las molestias diplomáticas que eso ocasionaría. En un político es bueno que predomine la ética de la responsabilidad por encima de sus convicciones.  Pero en este caso no hay tal conflicto.  Felipe González fue siempre un político de convicciones débiles, con una orientación hacia el pragmatismo de andar por casa, y muy pagado de sí mismo, en el límite del narcisismo como patología.  En la entrevista que le ha hecho Juan José Millás se destacan ambos aspectos de su personalidad.  Aunque quedará para la historia el dilema político-moral de Felipe González.  ¿Qué habrías hecho tú?  Nuestro presidente estadounidense favorito, el demócrata Bartlet, lo tuvo claro y mandó asesinar a un terrorista que iba a atentar en Estados Unidos.  Si El ala oeste de la Casa Blanca hubiera existido en aquella época quizás otra habría sido la decisión de González.



Me ha recordado la sutil secuencia mencionada de Les amants reguliers. Es obvio que cualquier presidente del Gobierno enfrentado a la oportunidad de eliminar a los terroristas máximos lo hubiera hecho.  La diferencia entre unos y otros, entre los psicópatas y los responsables, es que éstos últimos sentirían el dolor moral que significaría el asesinato, tanto por la pérdida humana causada como por el daño causado a los principios del Estado de Derecho.





Comprendo la decisión de Felipe González.  Aunque por otras razones.  Si fue por una cuestión utilitaria entonces simplemente hizo dejación de responsabilidades y no gestionó bien el asunto.  El caso es que aunque el asesinato de los dirigentes etarras era algo que tenía que haberse realizado yo creo que tampoco hubiese tenido "estómago" para ejecutarlo.  Hubiese tenido ese fogonazo que me los habría presentado como "también ellos son seres humanos".  Por eso, entre otras razones estomacales, no me dedico a la política.