"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

lunes, mayo 28, 2012

Ni contra el Rey ni contra Franco, contra España



La pitada al himno español fue ante todo una muestra de odio.  Ese odio íntimo que se cuece en las escuelas, en las familias, en las cuadrillas gastronómicas, en clubes de fútbol que son más que clubes de fútbol. En los reportajes televisivos, trufados de mentiras.  No tiene nada que ver con el rey de España ni siquiera con Franco, del que aquél, y por extensión el sistema político democrático actual, se hace ver como su heredero.  El odio hacia España hunde sus raíces en el romanticismo nacionalista del siglo XIX y crece como un parásito, como un cáncer, a través de dictaduras españolas, repúblicas españolas y monarquías constitucionales españolas.  El odio hacia toda configuración política española es un componente esencial de los nacionalismos periféricos porque es el combustible ideológico que da alas a su paranoia política de corte victimista que les hace despreciar la realidad, para así poder seguir cultivando una cultura de la queja que les proporciona pingües beneficios político y económicos.  El destino de España, ante sus ojos inyectados de odio, es el de Yugoslavia...

Por el otro lado, por el español, tenemos una generalizada resignación franciscana adobada de mansedumbre de corderos destinados al matadero.  Los españoles, en general, han interiorizado orteguianamente que la tensión centrífuga nacionalista al sistema nunca se podrá solucionar sino tan solo sobrellevar.  Así que aguantan impertérritos insultos y ultrajes como el perpretado contra el himno.  E incluso sonríen con solemnidad beata, ponen la otra mejilla y a esperar que los catalanistas y abertzales se cansen de abofetearlos.  No lo harán, aunque traten de calmarlos aplicando el velo de ignorancia de Rawls y hagan tocar, antes del español, el himno catalán y el vasco.  No lo harán porque el amor que sienten por su patria es directamente proporcional, y se alimenta, del odio que sienten hacia lo español.  Aunque sería muy revelador escuchar los himnos de catalanes y vascos en el respetuoso silencio que toda persona de bien muestra hacia los símbolos de los demás, para después escuchar como un muro de insultos se desploma sobre la interpretación del himno español.

No todos los españoles balan tratando de caer simpáticos a los lobos que los acosan.  Todavía hay algunos que se oponen en plan irreductibles galos a que los pisoteen.  Así la masa social del Real Madrid que hizo llegar a sus dirigentes que no verían con buenos ojos que se utilizase el recinto blanco para un muerte simbólica anunciada.  Tampoco se rinde Esperanza Aguirre, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, una mujer que de aristócrata no sólo tiene el apellido, y debe de pensar que cuando le pitan es porque está cabalgando.  Pero son excepciones.  Frente a la torticera y sibilina exhortación de Sergio Rosell a los aficionados para que ultrajasen el símbolo de los valores constitucionales -esa libertad ciudadana, esa igualdad ante las leyes y ese pluralismo político que en Cataluña y el País Vasco se ven tantas veces coartados- refugiándose artera y vilmente nada menos que en la libertad de expresión, Esperanza Aguirre tuvo la valentía política (-mente incorrecta) de solicitar que en el caso de que se produjese semejante afrenta hacia lo que une a todos los españoles más allá de las discrepancias políticas, simbolizados en su himno, se cancelase el partido para que fuera jugado a puerta cerrada sin la presencia de los energúmenos silbadores (min. 13,30).  No comparto este criterio, aunque me parece digno por su parte haberlo expuesto,  porque soy favorable a que incluso dichas muestras de odio sean permitidas aunque sí creo, como ha hecho el Real Madrid, que ninguna afición debería permitirla en sus campos.  Y que sean siempre el Nou Camp y San Mamés los recintos que alberguen la infamia.  Por mi parte, y como hice en el pasado y he vuelto a hacer ahora, haré caso omiso del partido de fútbol y me dedicaré a hacer cosas de mayor provecho que soportar cómo se ofende impunemente a una bandera, española y constitucional, que es la mía.

Por supuesto, para el pensamiento-al-revés que denunció en su día George Orwell (y que analiza para el caso Federico Jiménez Losantos), la causa de la ofensa pasó a ser Esperanza Aguirre ("Esperanza, hija de puta").  Encima de humillados, ofendidos.  Cada vez parecemos más los españoles personajes dostoievskianos, de tan buenos, idiotas.  Sin embargo, ni la humillante, por consentida, pitada nos debería hacer seguir retrocediendo en lo que debiera ser la defensa de unos símbolos que, hasta nueva orden democrática, son los que representan lo que tanta sangre, sudor y lágrimas nos ha costado construir.  ¿Soportarían los nacionalistas impávidos que se silbase el himno de Cataluña y el País Vasco en lo que sería un acto de barbarie, de violencia y de agresión?  El principio de reflexividad impone que no hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran a ti. Por otro lado, la pasividad de gran parte de los aficionados culés y athleticos españoles (no todos, menos mal que nos queda Santiago González) ante la manipulación que han hechos los nacionalistas catalanistas y abertzales de sus respectivos clubes los hace ser cómplices silentes.  Esa mezcla de cobardía política y pasotismo moral que constituyen los ingredientes básicos de la banalidad del mal y del fútbol como la heroína del pueblo alienado que los hace ser felices en su morbosa modorra persistente.

Hay dos capítulos de El ala oeste de la Casa Blanca que tratan la cuestión de los símbolos, el 16 de la 1ª temporada y el octavo de la sexta.  En ambos casos, son ofensas puntuales que son resueltas como problemáticas pero anecdóticas.  En el mencionado capítulo 16, y ante una propuesta de hacer una enmienda a la Constitución que prohíba quemar la bandera estadounidense (lo que chocaría, seguramente con la primera enmienda) Bartlet se pregunta

¿Hay una epidemia de profanaciones a la bandera de la que nadie me haya informado?

En España al parecer nadie ha informado a Rajoy de que efectivamente hay una epidemia de silbidos al himno nacional y a la Jefatura del Estado español.  Bueno, tampoco hay que esperar a que Rajoy hiciese una declaración pública señalando lo mal que está silbar himnos metido como está en declaraciones públicas sobre la crisis económica, día no, día tampoco...  Pero, qué duda cabe,  la ofensa a los españoles que han hecho los catalanistas y los abertzales ha sido cometida con premeditación y alevosía.  Y contumancia.  Porque esperen la próxima final en la que participen vascos y/o catalanes... Esto se va constituir en una de esas ominosas tradiciones, como la de no darle el Nobel a Borges.  Y tan culpables de ello serán los que ultrajen como aquellos que lo han permitido con su aquiescencia pasiva.

PD.  Las banderas más quemadas en el mundo son las de EE.UU., Israel y Gran Bretaña.  En cierto modo, estar en este exclusivo club de países democráticos y liberales es todo un honor.

PD.  En el capítulo ocho de la sexta temporada, un par de magos queman, ¡en la Casa Blanca!, una bandera norteamericana enrollada dentro de un papiro en el que está escrita la Constitución estadounidense, entre referencias a la primera enmienda.  Un sutil juego intelectual para celebrar el cumple de la hija del Presi (lo que no le hace ninguna gracia al Presi).  Una antífrasis, que diría Arcadi Espada.  Pero, como diría el mencionado Ortega y Gasset, no es esto, no es esto...

4 comentarios:

J.C.Alonso dijo...

Desgraciadamente, Santiago, España hace mucho tiempo que quebró y el concepto nación sólo existe en las Eurocopas, los Mundiales y los inminentes juegos Olímpicos de este verano en Londres. Coincido en gran parte con el 90 % del análisis del episodio acontecido este viernes pasado en el Calderón. Podría hablar de la Sra. Aguirre (me duele mucho que a esta mujer se le desee la muerte constantemente en chats & foros, etc.) y sus declaraciones; no voy a entrar en ello. Creo que todo el mundo tiene derecho a expresarse (mejor o peor, más oportuno o menos, etc.) libremente. Pero, esa premisa es inviolable: la libertad de expresión. La hazaña de la pitada, fue deleznable y bochornosa. Conozco muy bien U.K. y la idiosincrasia de sus territorios, ningún británico del norte ni del sur (incluidos sus jugadores se opondrían al expolio sonoro, muchos de ellos nativos de Escocia, Gales o Irlanda) hubieran sido tan maleducadamente mezquinos de pitar el “Good save The Queen”. Ya verá, este verano si la selección llega a la final, prepárese al aluvión de declaraciones estratosféricas de la platea regional. Al tiempo, recibe un saludo

Josué Muñoz dijo...

Don Santiago, le mando un enlace de mi joven blog (dedicado sobre todo al Madrid) que estoy tratando de difundir entre la gente sensata, mourinhista y del Madrid. Estoy bastante de acuerdo con su último artículo. Yo también le he dedicado al tema mis dos últimos artículos. Un saludo y gracias por ser uno de los causantes de que me haya lanzado a esta aventura: http://caballero-del-honor.blogspot.com.es/

Anónimo dijo...

Que quiere que le diga, a mi todo eso de Mourinyo me da como que es usted presa de un ataque de cuernos con el Barça y Guardiola. Le agradezco las risas que me he pegado con usted. ¡Mourinho y la filosofia! será del retrete...

Santiago Navajas dijo...

No muy amable, espectador anónimo, pero, eso sí, sincero... me alegro de, por lo menos, las risas, aunque hayan sido a mi costa.

Viva el Madrid y visca el Barca!