"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

lunes, noviembre 12, 2012

¿Por cuánto nos comprarían la independencia? Lincoln negociaría con Artur Mas

Cuando un socio de una empresa se quiere "independizar" del resto del accionariado simplemente vende sus participaciones.  Se trata de llegar a un acuerdo sobre el precio de la separación.  Es lo que tiene una visión económica de la realidad, que es capaz de ponerle precio a las cosas, procesos y relaciones más variopintas.

Dicha perspectiva económica también se puede aplicar a la política.  De hecho, y como defiende Steven Pinker en su último libro, la extensión de la visión comercial de la vida ha logrado que los conflictos bélicos disminuyan a lo largo de la historia, debido a que las guerras interrumpen y anulan los beneficios de comerciar.  Está en el ilustrado interés propio, y no tanto en un beatífico sentimentalismo emocional, acabar con las guerras.

A lo que íbamos, si los catalanes se quieren separar del resto de la empresa "España", para crear su propia marca "Catalunya" en el seno de la globalización, pues pongamos un precio a la misma.  Dado que los españoles contamos con algunos ases en la manga, como el veto para la entrada de una posible "Catalunya" en la UE, la negociación puede ser muy rentable para los intereses españoles.  Y dada la insistencia de Mas y compañía, así como del cuerpo electoral catalán que le va a dar mayoría absoluta, la independencia parecen algo que desean con todas sus fuerzas lo que resulta otra baza negociadora.  Siempre es mejor pactar desde el neocortex que desde el sistema límbico. Desde el momento en que se permitan las negociaciones, la carta victimista de los catalanistas ya no tendrá eco retórico.

Una negociación puede incluir aspectos no sólo monetarios, claro.  También se pueden estipular una serie de derechos para los españoles que quieran seguir siendo tales en el Reino/República de Catalunya (creo que no tienen claro si quieren volver a los Austrias pre-1714).  Podría darse la paradoja de que la enseñanza en español estuviese más salvaguardada con la independencia que dentro de España y que los Montilla de turno prefiriesen que sus hijos estudiasen en un hipotético Instituto Felipe V en Barcelona similar al Colegio Alemán.

Por supuesto, ya sé que dicha negociación no se llevará a cabo.  Los españoles somos feos, católicos y, sobre todo, sentimentales así que seguiremos con la estúpida visión religiosa de la política que lleva a considerar algunos asuntos, así la indisoluble unidad de España (que es como declarar ilegal la inflación), como sagrados.

Dicha diferenciación entre enfoque "económico" y "sagrado" respecto de la política se la leí hace tiempo al filósofo israelí Avishai Margalit y me pareció luminosa para resolver conflictos enconados emocionalmente.  Si no tuvieramos ese talante de cristiano viejo, esa mezcla de honor y heroicidad que hacía tan patético a don Quijote, y sí el espíritu de tenderos de los ingleses, que están manejando el asunto escocés con más tolerancia y astucia, nos iría mejor.

PD.   Vreo que en ocasiones hay que tener una visión religiosa de la política en el sentido de postulados innegociables.  No se negocia con Hitler el exterminio de los judíos ni con el KKK la segregación de los negros.  Pero que los catalanes se independicen...  ¡más se perdió en Cuba!  Pero incluso en el caso caribeño, perdimos una isla paradisiaca pero ganamos la generación del 98 (aunque algunos cínicos la cuentan también en el debe patrio)

PD.  Hablando de independencia, respecto de la de los Estados del Sur, Lincoln lo planteó desde el punto más bien desde el punto sagrado de la imposibilidad ética de la esclavitud.  Aquí no cabía negociación posible.  La película de Spielberg está siendo del agrado similar de crítica y público