"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

domingo, julio 14, 2013

Sayyid Qutb, el Hermano Musulmán egipicio que visitó los Estados Unidos y no le gusto lo que vio


Ya saben, hay quien se sube a hombros de gigantes para tratar de ver más lejos y quien lo hace a hombros de enanos epilépticos y ebrios con lo que finalmente ven mucho más cerca el suelo, con las narices.  La primavera árabe ha llegado a su otoño, se dirige a su invierno y luego ya veremos.  Tampoco hay que ponerse nervioso, derrotista o pesimista.  Sobre todo si uno es español, ya que la historia política de España -una tensión no resuelta entre ilustración liberal y tradicionalismo religioso- en los últimos dos siglos también sigue la regla del paso atrás para coger impulso (aunque a veces parecía que definitivamente nos despeñábamos).

El golpe de estado por parte del Ejército contra el presidente de Egipto, al tiempo uno de los líderes de los Hermanos Musulmanes, muestra las paradojas de la democracia liberal como sistema político que va mucho más allá de la política, dado que es un sistema cultural complejo que necesita de muchos factores sociales y económicos para asentarse.  Si España, por ejemplo, fracasó hace poco con su II República, entre izquierdistas ultras y una derecha radical, pues tampoco es de esperar que poblaciones como la egipcia, que de democracia liberal sabe por las películas, se pusieran inmediatamente a diseñar un sistema perfecto.

A los demócratas liberales nos toca la paradójica tarea de apoyar a unos golpistas.  El mal menor, de nuevo, ese cáncer del pensamiento y de la acción que en cuanto uno se descuida se transforma en una metástasis y que, de todas formas, tras haberlo inducido hay que tratarlo posteriormente con quimioterapia.  A veces, claro, no se sabe muy bien si el remedio no será peor que la enfermedad...

Adam Curtis lo planteó a su modo neomarxista en El poder de las pesadillas, documental-ensayo en el que trazó un fascinante paralelismo intelectual entre dos pensadores antiliberales: a la derecha, Leo Strauss, el padre intelectual de lo que vino en llamarse "neoliberalismo" pero era sobre todo "neoconservadurismo antiliberal" (una estrategia de confusión semántica que a un neoplatónico político como Strauss le hubiese divertido); a la izquierda, Sayyid Qutb, un cabecilla de los Hermanos Musulmanes.  Strauss y Qutb estaban en los EE.UU. en los "felices" años 50 cuando, tras la guerra mundial, Occidente se erigía como faro del mundo, guía de las conciencias, paraíso de la felicidad, refugio de la libertad, parnaso de las artes y las ciencias, donde manaban leche, miel, frigoríficos y coches de las piedras.  Sin embargo, Strauss, un judío ateo que venía huyendo de la Alemania nazi, y Qutb, un maestro educado en el Corán, sólo veían a su alrededor miseria moral extendida a través de una pobre, vulgar y estúpida satisfacción material.

La solución de Strauss y Qutb era la misma, aunque su implementación era aparentemente muy diferente.  Mientras que Strauss quería llevar su idealismo político de corte platónico al núcleo del poder americano, transformándolo desde dentro, Qutb pretendía una revolución islamista en Egipto y el mundo musulmán.  La influencia de Strauss ha sido determinante, de Bush hijo a Obama (su mejor discípulo, precisamente porque no lo parece a simple vista, aunque sus hechos, del espionaje masivo y secreto a su guerra sucia pero invisible).  Qutb, más práctico que teórico, pretendía implanar la Hakimiyya li-llah (la soberanía de Alá en todos los países) mediante la Jihad (guerra santa. Lo que le valió ser acudado por otros líderes religiosos, como Muhammad’Abd al-Latif al-Sibki, de querer crear una banda de fanáticos asesinos usando torticera y espuriamente citas coránicas).  

Los Hermanos Musulmanes, que en un primer momento, optaron por la vía de confrontación con el Estado occidentalizado egipcio se volvieron mucho más sutiles, más "straussianos", en su conquista del poder, prometiendo a los incautos que habían cambiado.  Pero han sido, de todos modos, demasiado impacientes en su transformación de la sociedad a través de la conquista del poder político.  Y se les ha visto el colmillo islamista retorcido tras la barba conciliadora.  El primer enemigo de un Hermano Musulmán, no lo olvidemos, es un musulmán que no sea un Hermano Musulmán.  La guerra civil musulmana ha comenzado y desde Occidente deberíamos tener claro que estamos del lado de aquellos ciudadanos egipcios, musulmanes o no, que son capace de combinar su religión con los valores universales de la Ilustración entre cuyas fuentes, está, recordémoslo, un tal Abū l-Walīd Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd, más conocido para sus amigos latinos como Averroes (aquí echando un vistazo a lo que escribe Pitágoras).


Que ustedes lo disfruten y, sobre todo, lo piensen:  El poder de las pesadillas.