"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

lunes, agosto 05, 2013

Apocalypse Now

Rodeada de una épica de merchandising (Coppola cayó víctima de un proceso de megalomanía tremens del que no se ha recuperado), Apocalypse Now  (AN) es una de las películas más intimistas que se han rodado. Con la doble voz en off de Sheen y Brando, y a través del recitado de grandes poemas de la tradición anglosajona, de Kipling a Eliot, AN es una representación del héroe trágico en la época de la tecnologización masiva, que transforma al hombre en superfluo.



El coronel Kurtz representa al "hombre rebelde" de Albert Camus al que el Sistema burocrático, esa monstruo frío y eficiente al que se refirió Nietzsche, envía un "hombre sin atributos" para que lo mate. Como si fuese un Ulises alienado con la misión de asesinar a un Aquiles superviviente de Troya, el capitán Willard remonta un río vietnamita a través de varios episodios que revelan el sinsentido no sólo de la guerra sino de toda una civilización que surfea en olas de napalm y espectáculos sexuales horteras.





AN no era sobre Vietnam ni sobre las Guerras sino sobre Occidente sumido en la cloaca de la trivalización sentimental en la apoteosis de lo que Nietzsche denominó "los últimos hombres", esos idiotas abotargados por una borrachera de derechos sin deberes, de entretenimiento hipnótico e insustancial. Por el contrario, el coronel Kurtz ha visto al "superhombre" encarnado en unos guerreros "primitivos", es decir, a salvo de la corrupción moral de la "civilización". En la disputa entre las visiones del "noble salvaje" de Rousseau y Nietzsche, entre el inocente y la bestia de presa, Kurtz, un hombre admirable aunque escindido entre la barbarie tecnológica y burocrática, por un lado, y la barbarie natural y selvática, por otra, finalmente se vuelve loco.

La clave de AN es musical. Los compases hipnóticos de Jim MorrisonRichard Wagner -el segundo un nietzscheano a su pesar, el primero un nietzscheano fervoroso- dotan a la película de Coppola y Milius de una atmósfera envolvente, poderosa y al mismo tiempo nostálgica. Frente al pacifismo hippie ingenuo y bienintencionado (del que está empedrado el infierno) y el militarismo irresponsable y desalmado (del que Duvall compone un personaje memorable, el teniente coronel surfero Kilgore), Kurtz representa el belicismo heroico de un Aquiles fuera de tiempo y Willard la astucia dinámica de un Ulises con la paradójica misión de eliminar a su colega espiritual de armas: alguien que lucha por la simple belleza de la batalla y la sensación de liberación que le producía, la expresión artística de la violencia unida a la noción de una justicia que redimiese las muertes. Puro espejismo.

Siendo su inspiración originaria El corazón de las tinieblas, AN bebe de más fuentes literarias, todas ellas relacionadas con el viaje como forma de aprendizaje o el destino del hombre como ser humano: de la Iliada a la Divina Comedia, del Así habló Zaratustra a Los hombres huecos. Y, por supuesto, El Apocalipsis según San Juan con su pathos de Holocausto definitivo, de Juicio inmisericorde. Aunque, siguiendo el hilo nietzscheano de la interpretación, los ensayos novelísticos con los que tiene más en común AN son los de Ernst Jünger, de Tormentas de acero a Sobre los acantilados de mármol pasando por Juegos africanos o El corazón aventurero. Sólo con el espíritu de un soldado-poeta de la altura de Jünger se está en disposición de respirar la atmósfera enrarecida -napalm y T. S. Eliot, The Doors y el Horror- de AN.

Obra de arte total en la que la integración de la forma y el fondo, el estilo y la reflexión, la diversión y el pathos, la industria y el arte, la técnica y el sudor y la sangre alcanzan un nivel de complejidad más alto y profundo (resultando más parecido el perfil final a las Marianas que al Everest), AN consigue ser una de esas películas que permiten denominar al cine estrictamente el Séptimo Arte y junto a otras de igual ambición y emoción (Ran, La cruz de hierro) convertir un espectáculo de muerte y destrucción en una apología de lo más digno de ese animal llamado "ser humano".


2 comentarios:

raulosan dijo...

Muy bueno!

Andrea Pérez Ulloa dijo...

Totalmente de acuerdo, esta película constituye una gran obra que no sólo nos deja reflexiones en la cinematografía sino también en distintos ámbitos de la sociedad. Considero que además de ello ha ayudado a impulsar a diversos actores, uno de ellos es Robert Duvall quien hoy en día tiene una fama impresionante, su última película: The Judge me ha gustado mucho también, tiene grandes cosas que aportar.