"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

lunes, octubre 13, 2014

Fiesta Nacional (ni libres, ni iguales, ni, sobre todo, fraternos) desde Granada

Los ateos suelen mirar con condescendencia a los creyentes igual que los cosmopolitas a los patriotas.  España junta en tirabuzón ambas supersticiones, Raza y Pilar, por lo que es un buen momento para que los materialistas racionalistas huyan a cualquier otro país.  Londres y París están sufriendo ahora una plaga de españoles exiliados de los fastos militares y las procesiones con olor a incienso.

He leído que un nacionalista catalanista pide a los socialistas catalanes que salgan del armario y apoyen la consulta soberanista.  El PSC da tanta pena como Iker Casillas.  Atrapados en el dilema de que para ser progre hoy en día hay que ser independentista, no quieren renunciar a cierta tradición racionalista aunque ello les suponga pasar al banquillo de la historia política.

En el conflicto subyacente de identidades, la española por un lado y la catalana por otro, hay tanto de intereses creados por debajo de tanto idealismo patriótico que da tanto asco como el de los católicos que viven entusiasmados una vida de pecado que lavan periódicamente en esa fuente de las conciencias limpias que es el sacramento de la confesión.  Por un lado, mientras que los españoles nunca han destacado especialmente por el cultivo de un sano y vital patriotismo -pregúnteles donde están enterrados Cervantes, Goya, Lorca, Ortega y Gasset, Ramón y Cajal, o Machado. Señalaba Jünger que no hay mejor manera de conocer el carácter de un pueblo que observando cómo tratan a sus muertos-, los catalanes y los vascos se han dedicado a construir una "identidad" desde el resentimiento y la inoculación de una alteridad basada en la superioridad (léanse los comentarios racistas de esos padres de las respectivas patrias que son Sabino Arana y Jordi Pujol).

El último eslabón en esa cadena de incompresiones mutuas está el bienintencionado manifiesto de espíritu liberal titulado "Libres e iguales" pero en el que destaca precisamente lo que se omite.  Porque no era por casualidad que el lema revolucionario fuese "Libertad, igualdad y fraternidad" ya que sólo desde el vínculo cálido de la fraternidad se puede construir una realidad social del tipo de la patria.  La libertad y la igualdad pueden valer para fundar una Sociedad Anónima pero sin una práctica de sentimientos morales patrióticos, vinculados a la empatía y la simpatía, el respeto y la admiración, el reconocimiento y el perdón, es vano y lamentable tratar de vivir juntos sin el reconomiento de unos mitos en el pasado y unos proyectos para el futuro.

¿Queremos en el fondo seguir viviendo libres, iguales y fraternos, capaces de respetar las diferencias de los demás en un entorno de igualdad ante la ley y sintiéndonos todos hermanos?  Pues sinceramente me parece que ninguna de las tres variables se cumplen actualmente en el ánimo de los todavía españoles, de Cádiz a Gerona, del Ferrol a Alicante, saltando a Ibiza y Tenerife.  Por supuesto, que la situación es reconducible pero mientras sigan predominando los espíritus partisanos y prosperando la industria del rencor a ambos lados del Ebro, con el prestigio que otorgan las columnas periodísticas cínicas y el tertulianismo vociferante maximalista, mal vamos.

PD.  Donde surgió todo: Isabel y Cristobal, entre las banderas granadina, andaluza y española.  Al fondo, las banderas europeas, para que se note lo cosmopolitas que somos pese a todo.  Los Reyes Católicos enterrados aquí cerca, en la Capilla Real de la Catedral.  Colón, vete tú a saber...



PD.  En el Albaicín lo mismo te cantan un flamenco jondo que un folk espiritual. Barrio gitano, cosmopolita y metafísico en el que un anuncio de tienda de ultramarinos podría servir de lema de una España más cosmopolita que "plurinacional", es decir, más basada en cuarenta millones de ciudadanos libres, iguales y fraternos que en un puñado de naciones y nacioncillas rencorosas, estreñidas y a la gresca.