"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

jueves, noviembre 13, 2014

Festival de Cine de Sevilla 2014: Amor fou, Saint Laurent, El capital humano, Los hongos, Los inocentes

Este primer fin de semana del Festival de Sevilla me ha dado la oportunidad de ver cuatro películas interesantes y un clásico.  Lo interesante de un Festival es que te permite ver en un corto período de tiempo distintos estilos  procedentes de países muy diversos, lo que te da una idea aproximada del tipo de cine que se está haciendo en la actualidad en industrias no muy publicitadas.  No estamos viviendo una época especialmente cinematográfica, en el sentido de que las fronteras que se exploran no están cambiando la dirección de la historia del cine sino simplemente escarbando en algunas de las esquinas de los espacios que se abrieron hace veinte o treinta años.  Pero eso no quita que se puedan disfrutar de ideas originales, interpretaciones brillantes, guiones inteligentes o, al menos, secuencias que permiten añorar lo que era el gran arte cinematográfico.

Las películas en cuestión que he visto han sido Los hongos (Colombia), El capital humano (Italia), Saint Laurent (Francia), Amor fou (Austria) y el clásico de Jack Clayton, Los inocentes.

De las que más me han gustado a las que menos.




Amor fou, película en la Sección Oficial ambientada en la Alemania romántica post-Goethe, azotada por las ideas ilustradas, democráticas y revolucionarias, y centrada en un joven poeta tipo Heinrich von Kleist que le declara su amor a toda mujer con la que se encuentra y, a continuación, para demostrarle que su amor es sincero, puro y auténtico les propone rubricar el mismo suicidándose juntos.  En el colmo de esa ingenuidad cínica propia de esos fanáticos del ideal que son los románticos les dice a las víctimas de su amor que prefiere compartir una tumba con ellas que un lecho con una reina. Con una puesta en escena sobria, discreta, elegante, digamos, prusiana, Jessica Hausner realiza la mejor comedia del año, a medio camino entre Una cara con ángel de Stanley Donen de y La marquesa de O de Eric Rohmer, en la que la directora se burla con sofisticación y profundidad de los enfaticalistas romanticones, tan ahítos de ellos mismos y de su engolada y elefantiasica personalidad que, claro, la vida cotidiana, tan burguesa la pobre, les parece poca cosa.  Al menos Byron se iba a pegar tiros a los turcos, no a damiselas indefensas.




Saint Laurent película de Bertrand Bonello, el cual irrumpió como una bomba en el panorama cinéfilo con su atrevida, iconoclasta, seductora y envolvente Casa de la Tolerancia, la historia de los antiguos burdeles en los que el lenocinio era una de las bellas artes.  Bonnello continúa con su idea de que la pantalla cinematográfica tiene que ser un lienzo en el que pintar como lo haría Tiziano si en lugar de pinceles hubiera tenido cámaras, focos y atrezzistas.  Para ello nada mejor que apropiarse de la figura de Yves Saint Laurent, uno de esos modistos que quisieron elevar la artesanía del cortar y coser en una de las artes efímeras del siglo XX, junto a la publicidad o el graffiti.  Lo paradójico es cuando lo consiguió, y su moda entró en los museos con las bendiciones de los académicos y los “curadores”, en ese mismo instante lo efímero se convirtió en fósil con lo que su mayor triunfo fue dialécticamente su definitivo fracaso.

Esta dialéctica la muestra Bonello a través de cuatro ejes.  Por un lado, su genio como creador y su imbécilidad como ser humano.  Por otro, el imperio económico e industrial asociado a un tipo de creación artesanal y elitista.  Narcisista hasta la nausea, YSL tenía un ojo de Sauron para todo lo que fuese la creación de un estilo de ropa para la mujer y, en consecuencia, para las mujeres mismas.  La mejor secuencia de la película es cuando una clienta, Valeria Bruni-Tedeschi, se muestra insegura probándose un traje chaqueta que le parece excesivamente masculino.  Entonces YSL, como un Pigmalion del vestido, empieza a recomendarle cambios en el peinado, la manera de llevar las manos en los bolsillos o el color de un cinturón, para transformar con apenas unos detalles de estilismo lo que era una mujer inseguro y atemorizada en toda una belleza que pisa segura por la vida, dueña de su cuerpo y su destino.  Y es que después del inventor de la lavadora nadie ha hecho más por la liberación de las mujeres que estos modistos franceses haciendo que el cuerpo de la mujer, tradicionalmente considerado pecado, se convirtiera en el bien más preciado por ellas mismas.  Que se lo digan a los talibanes y las alienadas del burka.

Con su habitual estilo meloso, envolvente, de colores densos y perspectivas insospechadas, Bonello nos descubre a un YSL que quisiera ser el Marcel Proust de la Alta Costura.  Y aquí reside el único problema de la peícula ya que tiende a representar el universo gay con un estereotipado sabor dulzón y decadente, recargando el vacío y superficial existencialismo de pacotilla de su YSL de un modo que lo hace tan cargante como idiota, lo que repercute en una infravaloración de su labor como presunto artista (la labor creativa se reduce a unos cuantos bocetos, mucho whiskey para pensar mejor y no coger unas tijeras ni para cortarse las uñas).

En definitiva, Saint Laurent cae de lleno en los mejores defectos (valga la paradoja) de ese cine francés que constituye el género de la “francesada”, que merece la pena verse por el espectáculo de bellas y estilosas mujeres bebiendo champagne como si fuera agua y fumando cigarrillos franceses como si el cáncer fuera un invento de la industria de la quimioterapia.  En cierto modo, se deber ver Saint Laurent con el mismo placer culpable de quién ve una americanada como Rambo IV.  Códigos desviados hacia el kitsch.



Dos películas que se dejan ver pero que resultan perfectamente banales e intrascendentes son Los hongos y El capital humano.  La segunda es un melodrama tan tramposo como idiota sobre sobre las contradicciones de unos burgueses más o menos adinerados a los que las turbulencias económicas de la crisis financiera llevan a enfrentarse al vacío y el sinsentido de sus vidas.  Superficial, maniquea y con un aire a telenovela de qualitè, al estilo de nuestro Cuéntame, El capital humano pretende ser una denuncia de la mercantilización de la vida humana en el contexto del capitalismo al mismo tiempo que mercantiliza el arte cinematográfico reduciéndolo a su mínima expresión estética para conseguir aquello que denuncia: la reducción de lo trascendente a sucio y vil dinero.

Los hongos es una modesta y luminosa película colombiana sobre unos grafiteros en el Medellín de Álvaro Uribe.  Este es uno de esos casos en los que el guión es tan pobre y deshilachado que más les hubiera valido rodar sin orden ni concierto porque lo más valioso de la película son las idas y venidas de la pareja protagonista, grafiteros y skaters, por las calles colombianas, escuchar los giros idiomáticos, las conversaciones políticas...  Lo más valioso de Los hongos es cómo testimonio documental de la vida en Colombia, del color y el sabor sus gentes.  Versión pobre, en todos los sentidos, de Paranoid Park de Gus van Sant, Los hongos muestra a unos parásitos de la sociedad que, sin embargo, resultan simpáticos en su ingenuidad revolucionaria ("Zion" contra "Babylon"), artística y moral.


El clásico fue Los inocentes de Jack Clayton, una adaptación de Una vuelta de tuerca de Henry James.  Película sobre la depravación moral es una extraordinaria metáfora del paternalismo, maternalismo en este caso, enfermizo: ese deseo de llevar a los demás por lo que se considera el bien aunque para ello haya que provocar el mal.  Un vicio muy extendido políticamente entre conservadores y socialistas.  La institutriz le da una vuelta de tuerca a aquello de "dejad que los niños se acerquen a mí".  Ver este blanco y negro espectral y ominoso en una gran pantalla no puede ser sustituido por el sucedáneo de verlo en la pantallita de una televisión o un ordenador pero menos da una piedra, así que gracias al que lo ha subido a youtube podéis disfrutar de esta brutal y sutil denuncia del abuso de menores.

3 comentarios:

dvd dijo...

¿Joseph Losey?... ¿Henry Miller?... ¿?...

Santiago Navajas dijo...

Entre los párrafos de arriba y que he escrito los finales he estado viendo películas de Losey y de ahí la errata que me ha hecho confundir, de paso, a James con Miller. Gracias!

dvd dijo...

No pasa nada. Ya entendía la confusión...