"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

miércoles, febrero 04, 2015

Nightcrawler es la mejor película de Michael Mann que no ha hecho Michael Mann

Michael Mann tiene flow.  Cadencia.  Estilo.  Lírica dentro del ritmo.  Desde que en los 80 hiciera Miami Vice su marca personal es sinónimo de belleza y dinamismo, de planteamientos reflexivos adornados de brillantes arreglos sonoros y visuales.  Desde el inicio de Nightcrawler, una película de factura criminal realizada con nocturnidad y alevosía, la velocidad de los acontecimientos, la finura de los encuadres, la composición de los colores me ha traído a la cabeza películas como Heat o Collateral.




Pero no.  Tanto en su faceta de guionista como de director, Dan Gilroy ha realizado una composición redonda, perfecta.  Una bellísima fábula moral sin atisbo de moralismo pero plena de humor inteligente y precisión metafórica.  Jake Gyllenhaal, el mejor actor de su generación y una garantía de acierto en la película, da vida a una especie de don Quijote periodístico sólo que al borde del cinismo y el nihilismo, acompañado de un Sancho Panza que a duras penas puede seguirle los pasos en sus aventuras extremas como reportero nocturno a la búsqueda de escenas violentas que vender a los informativos.  No faltará una Dulcinea en forma de MILF tan femenina como viril.  



Porque si don Quijote le buscaba las vueltas realistas a los libros de caballerías, Nightcrawler pone en solfa, fundamentalmente, la sabiduría convencional de los best sellers de autoayuda y los MBA para ejecutivos agresivos.  Su protagonista es tan inteligente instrumentalmennte como vacío moralmente, y se limita a aplicar, hasta sus últimas consecuencias, las píldoras que en forma de máximas convertidas en clichés se dedican a fabricar los Paulo Coelho de los RRHH, el Marketing, la consultoría y demás sofistería al servicio de la formación del capitalismo.  En cada cita, en cada consejo, en cada mantra que el aspirante a trepar profesionalmente aplique en cada momento de su vida reconocerán las típicas sentencias grandilocuentes e inspiradas de Michael Porter, Tom Peters o Peter F. Drucker.




Pero aún siendo un golfo y un miserable, un canalla y un desaprensivo, no puedes dejar de sentir simpatía por su arrojo y su transparencia.  Y esa manera de andar, como la del Keyser Soze que interpretaba Kevin Spacey o el Hannibal Lecter de Anthony Hopkins cuando se paseaba por Florencia, ambos como si fueran panteras, estilizadas pero abominables, por la selva de asfalto.  




Esta enésima recreación capitalista de los peligros nihilistas del capitalismo, en su versión más despiadada, como si Adam Smith nunca hubiera escrito su Teoría de los sentimientos morales, le da también un giro de guión a cómo el cine rueda la manera de hacer cine.  Ironía capitalista sobre el capitalismo, sarcasmo cinematográfico sobre el cinematógrafo, Gilroy le da la vuelta a la tortilla al Adiós al lenguaje de Godard para mostrar que de la jaula lingüística no podemos escapar, ni falta que nos hace, pero sí que mediante los recursos de la propia lengua se pueden ampliar los límites del mismo.


Del mismo modo que Blow up de Antonioni planteaba un problema epistemológico sobre las imágenes, introduciendo el relativismo y la postmodernidad en el cinematógrafo, Nightcrawler plantea parecidos temas sólo que de una manera más oblicua y sutil: la fiabilidad de las imágenes en la época de la edición entendida como manipulación goebbelsiana, al tiempo que los límites de la representación así como el poder paternalista de los que lideran dichos medios para decidir lo que se puede y lo que se debe ver por parte de los telespectadores.  Un ejemplo de actualidad: el asesinato del piloto jordano Moaz al Kasasbeh por parte de los fundamentalistas islámicos que glosa Arcadi Espada.

PD.  Sólo ha sido nominada al Oscar al mejor guión original para Dan Gilroy.  Michael Mann, perdónalos porque no saben lo que hacen.

PD.  Un buen y exhaustivo análisis  de la película desde el punto de vista de la negociación como una de las bellas artes capitalistas.