"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

martes, junio 02, 2015

Patriotismo (constitucional)

2 de junio. Italia. Festa della Repubblica. Escucho en RAI 1 preguntar si morirían por la patria. Es decir, allí todavía tiene sentido preguntar eso. Aquí la pregunta ni se entendería (ni por los Guardias Civiles, explícitamente tan patrióticos). La mayoría dice de todas formas que va a ser que no. Peccato. Precisamente en una película italiana, Il Generale Della Rovere (¡Ah, Roberto Rossellini!), se contempla una de las más bellas y sentidas manifestaciones de lo que significa morir por la patria, en el sacrificio de Vittorio De Sica (también Charles Laughton en Esta tierra es mía de Jean Renoir, pero este sacrificio por la patria es más enfático, retórico y sentimental) . Un 2 de junio votaron entre monarquía y república. Cada vez que voy a Italia me hago radicalmente monárquico (sin mirar en Google el 99,99% de los españoles no saben quién es el Presidente italiano. Y seguramente el 75% de los italianos). Me hice filoitaliano en el Mundial de España (¡Ah, Paolo Rossi!) Y luego cuando me dieron a elegir entre ser Erasmus en Galway o en Siena lo tuve claro. Por eso me he reí tanto con el sarcástico e hiperbólico artículo de Salvador Sostres, al que acaban de "despedir" de El Mundo, che se non è vero, è ben trovato.





Y es que no es la misma la patria de Fernando VII que la del General Riego.  De Pericles a Habermas, el único patriotismo legítimo, aquel por el que merece la pena morir, y es un honor, es cuando el sentimiento de pertenencia a una comunidad cultural se combina con la razón y la libertad.

2 comentarios:

Masgüel dijo...

Hola Santiago.

Por incordiar. ¿Qué tal un cosmopolitismo constitucional?. Reconocer la pertencia a una comunidad cultural, reconocer que el parlamento, el himno y la bandera te representan políticamente, no implique experimentar mayor simpatía por lo que te representa que por lo que representa a un filipino, ni el reconocimiento de pertenencia a una comunidad cultural suponga una obligación de defenderla de influencias externas o de su completa desaparición. Para un cosmopolita constitucional no hay irracionalidad ni deshonor en trabajar para una empresa extranjera contra el interés de tu país, en cambiar de nacionalidad, en incumplir una ley y asumir las consecuencias, o en comer con palillos. Dependerá de lo legítimo que consideres el interés o la ley de tu país en cada caso, de la actividad de tu empresa, de tu preferencia por la cocina oriental, etc. Si hace falta morir o matar, ni pensar en el pasaporte. Y reconocer la honorabilidad de "traidores" tan necesarios como Edward Snowden.

Un abrazo.

Santiago Navajas dijo...

No incordias, todo lo contrario, te compro el argumento de la a a la z. Precisamente ahora voy a dar un charla sobre estoicos y me he apropiado también de Borges: “Los estoicos amonedaron la paradójica palabra cosmopolita, para significar que eran ciudadanos del cosmos y no de un solo sitio”. Pero pasar del patriotismo del terruño a ese cosmopolitismo constitucional el paso intermedio sería el patriotismo constitucional. Entre tanto, viva Snowden