"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

lunes, julio 27, 2015

Homenaje al Café Comercial

Cierran el Café Comercial en Madrid. Hace unos pocos meses tenía que escribir en la noche de las elecciones andaluzas un par de artículos para Libertad Digital y el Diario Córdoba. Acaba de aterrizar en el Adolfo Suárez desde Praga y necesitaba un ambiente tranquilo, silencioso, clásico, peculiar. Así que me fui para el Café Comercial donde empecé ambos artículos que terminé más tarde en Casa Lucio. Es una pena que prosperen pseudo cafés como los Starbuck a costa de sitios tan auténticos como todavía es el Café Comercial. Esta panorámica la tomé una mañana mientras desayunaba y escribía acerca de la monumental faena de Castella en Las Ventas. Las dos mesas junto a las ventanas están reservadas de forma permanente para dos clientes crónicos. ¿Dónde irán ahora? La cercana Le Pan Quotidien también se está bien pero no tienen churros y tiene ese aire a plástico de las franquicias . Al final, sin toros y sin churros pero con, eso sí, con muffins y hipsters, Madrid, una de mis ciudadades favoritas gracias a bares (¡qué lugares!) como el Café Comercial, me resulta algo menos atractiva.


Una cosa es ser un liberal y otra muy distinta es asentir de manera ciega y acrítica a las dinámicas del mercado, al papanatismo de las modas. Anti liberal sería prohibir los Starbucks o subvencionar al Café Comercial. Pero resulta muy acorde con el liberalismo la crítica a la manipulación del mercado realizado por las empresas vía acuerdos de precios o manipulación de los individuos (es conveniente leer a Dan Ariely sobre esto último). Precisamente ayer comentaba lo bueno que es para los liberales leer a Nietzsche, porque su aristocratismo moral nos redime de ese chapoteo insano en esa "dictadura de la chusma" en la que se convierte el mercado político y/o económico cuando no hay una educación poderosa y compleja detrás. No hay que confundir la democracia con la oclocracia ni el liberalismo con el sometimiento a las empresas y sus mecanismos publicitarios de conformación de las conciencias. Que al #apesardelgobierno que dice Rodríguez Braun en su twitter hay que complementarlo con un #ypesardelasempresas. El liberalismo, os recuerdo porque seguro que sois lectores asiduos de Smith, Kant y Hayek, pasa por criticar al Estado, a las empresas y los gustos dominantes para defender a las minorías. Lo que no hace el liberalismo es querer cambiar la sociedad a través de la coacción pero sí a través de la educación. De ahí que el liberalismo sea antes que nada una cuestión filosófica antes que económica o, incluso, política.

Una cosa es el mercado como proceso y otra el mercado como resultado. Que respete el primero no significa que me guste el segundo. Como con la democracia, acato el resultado del proceso pero me reservo el derecho a criticarlo e intentar cambiarlo. Como decía Churchill de la democracia representativa, el mercado es el más malo de los sistemas económicos exceptuando a todos los demás. Por otra parte, el mercado como la democracia, y todos los mecanismos que se basan en la mayoría, tienen una tendencia hacia la vulgaridad y la dictadura de la masa que hay que compensar con mecanismos que defiendan los derechos de las minorías. También es cierto, como vio Marx en el Manifiesto Comunista, que al ser el valor económico el fundamental para organizar el mercado, hay un sesgo en reducir todos los demás valores, de los éticos a los estéticos, a los económicos. Pero esa es una (per)versión pseudo liberal. Es como aquellos que van por una exposición artística creyendo que los mejores cuadros son los más caros. El liberalismo ramplón que no es un humanismo, pongamos un Donald Trump, es como una democracia que elige a Adolf Hitler: un populismo de la peor especie.