"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

sábado, octubre 31, 2015

La profesora de parvulario




Están proyectando en diversas Filmotecas de España (hoy en la de Andalucía en CórdobaLa profesora de parvulario, del israelí Nadav Lapid.  En la revista El Medio hice un comentario sobre ella y la revista So Film una crítica más extensa que ahora copio aquí:



Godard plantea en Adiós al lenguaje la imposibilidad de la comunicación en una época

como la nuestra en la que da la impresión de que ha sido dicho todo y lo que parloteamos

oscila entre lo banal y lo redundante.  Nadav Lapid, por un lado más optimista que el

cineasta suizo, apunta en The Kindergarten Teacher la posibilidad de la ampliación de los

límites del lenguaje a través de la poesía pero también la dificultad de dicha apertura en un

contexto de vulgaridad, mediocridad e idiocia generalizada.

Siendo la hostilidad a las novedades lo que más claramente revela a los mediocres, The

Kindergarten Teacher plantea -como ya hicieran Peter Shaffer y Milos Forman en

Amadeus sobre la relación entre Mozart y Salieri- el conflicto permanente entre el genio y

el rebaño de “hombres normales”.  Solo que a diferencia de la película del checo, el director

israelí propone una variación en la trama cuando la maestra de escuela y poeta aficionada,

Nira, es capaz de reconocer la singularidad de su pequeño alumno, Yoav -un angelical

Rimbaud que sobrevuela sonámbulo el abismo del infierno- y se embarca en la aventura de

convertirse en su ángel guardián para salir del purgatorio de una sociedad mercantilizada,

una figura paterna castradora y una escuela burocrática hacia un paraíso en el que los

versos libres no tengan necesidad de rimar obligatoriamente con las convenciones

establecidas.

Hay dos grandes momentos reveladores en la película.  En primer lugar, un “hombre-masa”,

el marido de la maestra de infantil, le lanza un codazo a la cámara mientras contempla

hipnotizado el típico programa-concurso que emiten todas las televisiones del mundo.  En la

antítesis, Yoav mira a la cámara mientras recita uno de sus poemas hasta que llega a

tocarla con la frente.  Con dichas rupturas del dogma cinematográfico que marca una

frontera entre los seres de ficción y la cámara que los graba, Lapid nos hace un llamamiento

a salir del letargo como espectadores, interpelándonos a una toma de partido activa.

Del mismo modo que en su anterior película, Policeman, el cine de Lapid tiene una derivada

estrictamente judía que, sin embargo, no impide que se comprenda universalmente el

paisaje ético y estético que nos propone, calculadamente ambiguo, delicadamente

ambivalente, propio de un país tan complejo y diverso como es Israel.  Lapid tiene la

perturbadora habilidad de situarnos en una posición originaria desde la que observar con

imparcialidad  el conflicto entre agentes del orden y terroristas en Policeman o, ahora, la

dualidad Jeckyll-Hyde de la maestra de párvulos, al tiempo liberadora y sectaria, tierna y

fanática.

Se desprende de The Kindergarten Teacher el aroma enfermizo y embriagador de un

cuento gótico, levemente terrorífico y absolutamente fascinante.  De sus protagonistas no

cabe hablar de interpretación, sino de encarnación o presencia.  Avi Shnaidman desprende

esa verdad que se les atribuye a los niños junto a los locos y los borrachos.  Por su parte

Sarit Larry se hace todo ojos en la contemplación de su geniecillo, unos ojos tan feroces y

profundos como, según Kim Carnes, eran los de Bette Davis.

Inspirada por el duende lorquiano (y la teoría estética del poeta granadino es especialmente

relevante no sólo porque uno de los poemas es de temática taurómaca sino, sobre todo,

porque el cante jondo sería equivalente al balbuceo de un niño en cuanto que comunica

mucho más de lo que dice) la poesía recitada durante la película es de una depuración y

sensibilidad sorprendentes teniendo en cuenta que fue compuesta por el propio director

cuando tenía apenas ocho años.

Frente a la desesperación nihilista de Godard, Lapid nos plantea un relato tan cristalino

como denso sobre la esperanza de unas palabras polimorfas y una gramática infinita que

nos abran a un sentido no por misterioso menos diáfano.  Parafraseando a Theodor W.

Adorno, ¿cabe la poesía en la época del turismo de masas y la Champions League?