martes, diciembre 01, 2009

Antes muertos que capitalistas

¿Qué tienen en común Star Trek, Galáctica, Espacio 1999, El planeta de los simios? Una visión del futuro sin economía de mercado. Antes muertos que capitalistas. Blade Runner fue la única que se escapó a uno de los dos errores sintomáticos de los autores de ciencia ficción: la creencia de que el capitalismo sería superado por un socialismo postescasez.






Esto es lo que defiende Joseph Heath en la introducción de su último libro, que podéis leer aquí, Lucro sucio. Economía para los que odian el capitalismo. Heath es un izquierdista azote de la izquierda, aunque también desbarata algunas falacias de los conservadores. Y es que, como sostiene, desde Marx pocos en la izquierda han estudiado suficientemente la economía por lo que al final sus propuestas se encuentran en el limbo de las almas bellas.






Heath criticando a economistas liberales como Hazlitt tiene razón en que el liberalismo no ha sido lo suficientemente consciente del impulso ético que está detrás del rechazo generalizado al capitalismo. El libre mercado como el modus tollens es anti-intuitivo, en contraposición al modus ponens y el socialismo que a la mayor parte de la gente, de Adolf Hitler a Stalin, de José Antonio Primo de Rivera a la Pasionaria pasando por Franco o Zapatero, les parecen intuitivamente correctos. El problema es que mientras que el modus ponens resulta ser lógicamente válido, el socialismo -como otras supersticiones también intuitivas- no es económicamente válido...






lunes, noviembre 30, 2009

Cuenta atrás (de facto, http://factual.es)



Quedamos en el chat/vídeo a las 18.00 -amor virtual, pasión factual- Que a las 20.00 nos van a hacer un hijo, en vivo y en directo...



PD. Queda menos, de hecho...




PD. Ya están aquí...








sábado, noviembre 28, 2009

Blow-Up, de Michelangelo Antonioni


En Libertad Digital a veces me gusta rescatar clásicos. En este caso, y dado que la semana venía relativista, elogio y refuto Blow-Up de Michelangelo Antonioni. Por cierto, se inspiró, muy libremente, en este relato de Julio Cortazar: Las babas del diablo.







jueves, noviembre 26, 2009

Los chicos de Historia, de Alan Bennett (En busca del profe perfecto)


En el diario Córdoba, y ante el inminente estreno en la ciudad de la obra dirigida e interpretada por José María Pou (del que próximamente veré su versión de la figura Orson Welles, está desatado el hombre), se publica una nota que he escrito en relación al tormentoso ambiente pedagógico en el que vivimos.

miércoles, noviembre 25, 2009

¿Qué tienen en común feministas, neoconservadores, apologistas religiosos, contraculturalistas y, ay, anarcocapitalistas?

Repitan conmigo: No todas las creencias son respetables. La frasecita se las trae, de acuerdo. En el límite apunta al totalitarismo platónico, en el que una casta de mandarines del conocimiento perfecto y absoluto decidirían qué debe enseñarse al resto de la sociedad. Albert Esplugas, en el otro límite, propone que ancha es Castilla, que cada cual de su capa un sayo y que si, por ejemplo, los indios americanos, creacionistas ellos, dicen que han estado en América desde el origen del mundo mientras que los arqueólogos dicen que llevan apenas unos 10.000 años pues que se respeten todos los puntos de vista en un "compromiso" político-epistemológico. Política anarquista, epistemología relativista.

¿Qué hace que una creencia sea respetable? Los filósofos tradicionalmente han puesto el listón de la respetabilidad muy alto. Platón aducía la existencia de una mística facultad de intuición intelectual. Una, quizás la primera, de las muchas variantes del cuento del traje del Emperador. Descartes exigía que las creencias fuesen claras y evidentes. Pero al treintaytantos por ciento de los españoles les parece claro y evidente que el Sol es el que gira alrededor de la Tierra (no hay más que mirar el cielo en un día despejado para darse cuenta de que lo más claro y distinto puede resultar, ay, falso)

Pero desde Galileo tenemos un método mucho más fiable para alcanzar creencias respetables. Se llama método hipotético-deductivo-experimental y aunque tiene limitaciones (según Wittgenstein y la Escuela de Frankfurt es un método incapaz de decirnos nada relevante sobre los asuntos más importantes de la vida. Pero el vienés era otro místico y los frankfurtianos...) es la mejor manera de aproximarnos a la verdad. Además de sus limitaciones intrínsecas, tiene una dificultad añadida: choca con el sentido común, ese conjunto de prejuicios y modos de pensar innatos que conforman la sabiduría cotidiana (fíjense lo fácil que es comprender la validez del modus ponens mientras que con el modus tollens nuestro cerebro patina).

En su respuesta a Eduardo Robredo, Albert plantea dos temas peliagudos. En primer lugar, la cuestión sobre la necesidad vital de la verdad. Es decir, plantea la pragmática cuestión de si es más importante la verdad o la vida. O, dicho de otro modo, si a la hora de elegir entre una verdad o una falsedad debemos elegir una u otra por su propio valor (en cuyo caso, claro, elegiríamos la verdad. Salvo que usted, como los Rolling en su buena, por malvada, época estén de parte de Satán) o bien deberíamos preguntarnos nietzscheanamente por su valor vital (en cuyo caso la mentira ganaría en muchas situaciones).

Sobre esta cuestión no hay forma de decidir racionalmente y sólo cabe el recurso a la voluntad, al carácter. Como sostuvo Popper, no hay forma de argumentar racionalmente a favor de la razón. Lo que cabe es dar un golpe en la mesa. Mi carácter, como el de Robredo, me lleva a apostar por la verdad... y pereat mundus. Los científicos del cambio climático, sin embargo, se decidieron según parece, por las mentirijillas convenientes. En este aspecto, soy pesimista. Creo que sí existe una diferencia entre la epistemología científica y la epistemología de la vida cotidiana, y que es duro, difícil y duele aproximarse a la primera alejándose de la segunda. Platón lo mostró magistralmente en su relato de la caverna:



La otra cuestión peliaguda es la instrumentalización de la ciencia por el Estado. Por ejemplo, es patético como bajo la cobertura institucional del sistema educativo estatal español se enseña de forma dogmática lo que tiene que ver con el cambio climático (ver supra) o con los modelos pedagógicos y económicos, haciendo pasar por ciencia lo que no es más que ideología. Pero de ello no se sigue, como pretende Albert, que debamos apuntarnos a una epistemología relativista y "libertina", que pone a un mismo nivel el creacionismo y la selección natural, sino como apunta Jorge Wagensberg refinar el sistema democrático para que funcione con criterios parecidos al sistema científico:

  • objetividad
  • inteligibilidad
  • refutabilidad


Una encarnación de esta combinación metodológica la encontramos en el juez británico que le paró los pies al gurú Gore. En la práctica, por tanto, tenemos que conseguir un sistema lo más fléxible y tolerante posible con las creencias respetables de los individuos. Y creo que tanto el posicionamiento de Esplugas como el de Robledo tiene un punto de fuga liberal: un marco pedagógico lo más plural y diversificado posible, en el que por supuesto las familias tengan el derecho a educar a sus hijos en circuitos educativos ajenos a los establecidos (en España el duopolio educativo entre el Estado y la Iglesia católica resulta axfisiante) pero con unas pruebas universales de ámbito estatal que garanticen que por cualquier sistema elegido se garantice el derecho de los estudiantes a una metodología científica y a unos conocimientos básicos.



PD. La respuesta a la pregunta es: que todos ellos atacan la ciudadela de la racionalidad en nombre del relativismo.


El camino del relativismo está pavimentado con la mejor de las intenciones y la peor de las argumentaciones


Philip Kitcher

lunes, noviembre 23, 2009

Feministas/os de cuota contra el analítico perverso

A Sócrates lo mató el sano y simple pueblo: democracia popular, justicia popular. La gente común no suele tener muchos argumentos en el fondo de la sesera pero la sensibilidad la tiene a flor de piel. El sofista ateniense se consideraba un tábano, una mosca cojonera. Picó en muchos testículos y pisó muchos callos. Lo acusaron de pervertir a la juventud y de mofarse de los ídolos de la tribu. Es decir, de herir sensibilidades ("el artículo ha herido una sensibilidad que forma parte del núcleo central de la identidad de este diario"). El último Sócrates ha sido Enrique Lynch, un esteta letal por lo que se ve.

En su artículo "Revanchismo de género" criticaba cierta tendencia del feminismo dominante consistente en criminalizar al sexo débil (es decir, los hombres según Susan Pinker) en una deriva que habría desvirtuado el feminismo individualista y liberal, a la búsqueda de la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, hasta haberlo convertido en una patética caricatura hembrista, la imagen especular del machismo, animosamente castradora. Y, en su estructura ideológica, una derivada del concepto marxista de lucha de clases extrapolado a la disputa sexual por el poder.

Todo ello lo realizaba implícitamente desde una hermeneútica de la última campaña de nuestro Ministerio orwelliano favorito (el de Igualdad, aunque últimamente el de Defensa no le va a la zaga) Desde luego, algunas de sus conclusiones son discutibles ("Su artículo sólo sería uno más de la larga lista de lamentos por la pérdida de la supremacía masculina, si no estuviera revestido de una perversa analítica.") pero, qué quieren que les diga, un par de referencias a Nietzsche y ¡Willard van Orman Quine! han conseguido que el filósofo de la Universidad de Barcelona se haya ganado mi maltrecha y raquítica sensibilidad.


Pasen y vean los anuncios en cuestión, lean el artículo de Lynch y luego los artículos con los que la Santa Inquisición Feminista pide su fálica y patriarcal cabeza (ojo al "más" y al "menos")






PD. Creo que el argumento correcto de las feministas, políticamente incorrecto pero qué le vamos a hacer, debería ser: "Sí, queremos realizar una nietzscheana transvaloración jerárquica para poner a los hombres en su sitio, que es por debajo nuestra. En la guerra del sexo siempre hemos tenido las de perder pero ahora ha llegado nuestro turno. ¿Qué pasa?" Es decir, que las mujeres han tomado como modelo a las macacas y se nos han hecho macacovélicas. Todo esta paranoia la entenderéis mejor si escucháis la última entrevista de Punset, al psicobiólogo y macacologo Darío Maestripieri.



PD. Que conste que yo, como Ian Holm en Alien respecto de los humanos, pongo todas mis simpatías y mis sensibilidades de parte de ellas.

PD. Hoy la socióloga Judith Astelarra carga en El País contra las feministas-inquisidoras y plantea el debate, oh!, debatiendo... El único problema es que sigue planteando el feminismo como si fuera un frente unido, unidimensional. Y no. No es lo mismo la Harding que la Haack, por ejemplo.

viernes, noviembre 20, 2009

La paradoja sexual, de Susan Pinker


En esta ocasión mi colaboración con Libertad Digital es una reseña del libro de Susan Pinker (sí, la hermana de Steven) La paradoja sexual. De mujeres, hombres y la última frontera de género. Es muy interesante, y despiadada, la guerra cultural que se está produciendo en la izquierda entre los ultramodernos -aquellos que reivindican el legado de la Modernidad y la Ilustración- y los posmodernos -la derivada relativista y sofista de áquellas- También, por ejemplo, acaba de ser publicado la última entrega de Alan Sokal, el físico cuántico que arremetió contra el bullshit postmoderno en Imposturas intelectuales. Pero eso será otra reseña... (Mario Noya mediante)