"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

jueves, diciembre 09, 2004

La televisión subversiva

“We don’t need another hero” le cantaba Tina Turner a Mad Max. Pero ni Mel Gibson en un futuro sin petróleo, ni James Bond ni siquiera Harry el Sucio son los héroes de un tiempo marcado por el mito del multiculturalismo y el dogma de lo políticamente correcto. Y ha sido la televisión –la denostada y menospreciada por los bien pensantes- la que le ha ganado la batalla, y este sí que es un signo de época, al cine en la construcción de un modelo globalizado. Matt Damon quería rehacer la mitología del héroe en momentos de confusión, pero ha sido Kiefer Sutherland quien ha construido un personaje cortado según el patrón del soldado que trazó Ernst Jünger, sólo que norteamaricano, padre de familia y capaz del sacrificio mayor, tanto propio como ajeno. Alguien capaz de mirar cara a cara a Bin Laden sin pestañear, y escupirle en la cara.

Cuando el año pasado la exquisita y combativa Cahiers du Cinema consagró una portada y todo un número a la actual “era dorada” de la televisión muchos se rasgaron las vestiduras. Además todas las series mencionadas eran norteamericanas, de CSI Las Vegas a Alias, pasando por Seinfeld, Frasier o los dibujos de Los Simpson o South Park. Ya Lynch y Trier habían demostrado con Twin Peaks y Kingdon que la televisión y el talento eran complementarios. Pero es ahora cuando una masa crítica de diálogos terriblemente ingeniosos, dirección salvaje, argumentos delirantes e interpretaciones que oscilan entre lo bressoniano y el histrionismo hace que la televisión sea el refugio de los actuales Ben Hetch y Raoul Walsh, de la ocurrencia brillante y la acción trepidante y sin pausa.

En esa portada de Cahiers aparecía Jack Bauer (¡ojo al del flanco superior!)

, esa mezcla imposible entre los métodos de Harry el Sucio, la voluntad de salvar el mundo de James Bond y la complejidad moral de un personaje de Camus. Formalmente la apuesta no puede ser más arriesgada: 24 horas del agente de la unidad antiterrorista en tiempo real. Cada hora de emisión se corresponde con cada hora de acción (salvo diez minutos que se corresponden con los dedicados a la publicidad, sublime ironía postmoderna). La trama principal se armoniza en un contrapunto salvaje con historias paralelas, aunque convergentes, que crean un clima de suspense endiablado, a través de la utilización de multipantallas (que mientras que en el cine resulta tan extraño como un zoom (y salvo en El estrangulador de Boston y Hulk pocas veces bien utilizado) en la televisión resulta natural y obvio.)

En cuanto al contenido, los dilemas éticos y políticos a los que se enfrentan tanto Jack Bauer como el Presidente Palmer (el primer Presidente negro de los EE.UU. es... republicano) les llevan al secuestro, el asesinato, la tortura (si una bomba nuclear está a punto de estallar en Los Ángeles y tu Secretario de Estado es uno de los responsables, además de haber planeado dar un golpe de Estado contra el gobierno legítimo, ¿está moralmente justificado torturarlo para que te revele dónde está la bomba? Vean la segunda serie). En la cuerda floja de los actos superogatorios, la grandeza moral tanto de Bauer como de Palmer reside en que son dos tipos metidos hasta las cejas en las cloacas del Poder, que asumen su papel de lobos entre lobos pero sin dejar de sentir por ello la herida del Mal que ellos mismos provocan.

Cuando termina la tercera serie, y perdonen por el desvelamiento, Bauer solo en su coche, consumido por el mono de la adicción a la heroína (me olvidaba, nuestro héroe también es heroinómano (¡por imperativo categórico!)), una vida familiar destrozada y los crímenes que ha realizado, estalla en un llanto de ira, desconsuelo e impotencia. En ese momento recibe una llamada de la central que lo reclama para otra misión, y Bauer sorbiéndose los mocos y la perplejidad arranca el coche. Continuará.

PD. Recién emitida la tercera serie, exiliada por Antena 3 a horarios nocturnos, la edición en DVD ofrece una segunda oportunidad de toparse con una de las joyas del imaginario colectivo de nuestra época (aunque tiene un peligro: la imposible dosificación por adicción, que te puede llevar a no salir de casa y descolgar el teléfono durante 24 horas. Sin parar).

5 comentarios:

fer dijo...

La mejor serie que he visto en mi vida, ha conseguido que los martes me mueva medio dormido tras las pocas horas de sueño. Realmente fantástica. Me recuerda mucho a las últimas películas de Tony Scot, que también empieza a jugar ardides publicitarios como la simultaneidad temporal.
EN serio, muy buena crítica a muy buena serie. ¿Dices que habrá otra temporada?

Libertariano dijo...

Exacto fer, creo que es en enero cuando comienza la 4º temporada de esta serie de auténtico culto. Bievenido a la "secta"

Phelan dijo...

Me uno a lo arriba dicho, excelente crítica. Yo sigo la primera temporada los jueves por la FOX, y realmente, vale la pena tener ese canal solo por la serie.

PAV dijo...

Estupendo y necesario, Santiago (por cierto Bauer y Godard compartiendo portada de una revista... un sueño, ese fue uno de los últimos números gloriosos y completamente libres de los Cahiers antes de que lo invadiera ya sin complejos el grupo PRISA franchute y JMFrodon con ellos.

Volviendo a "24", precisamente en estos días acaba de salir en EEUU la tercera temporada a la venta, dejo el link:

http://www2.foxstore.com/detail.html?item=1310

Por cierto, supongo que habrás omitido a posta a Brian De Palma al referirte a las pantallas partidas... (bien por el guiño a Hulk!! ;-) )

un saludo y continua alumbrando!

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