"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

martes, enero 21, 2014

The Grandmaster, de Wong Kar-wai




Entre lo ridículo y lo sublime, The Grandmaster es una versión del Doctor Zhivago rodado con la estética de In the mood for love según una especie de El mono borracho a la sombra del tigre.  Junto a Matrix y Kill Bill es la mejor renovación de la coreografías de lucha, a las que dota de una estilización elegante y una precisión soberbia en la que tienen mucho que ver Philippe Le Sound y Yuen Woo-ping.



Quizás por el recorte de metraje, las al parecer cuatro horas originales se han perdido en la sala de montaje hasta las dos horas, la historia relatada, una metáfora de la China contemporánea a través del enfrentamiento entre diversas escuelas de artes marciales que representarían distintos modos del "chinese way of life", resulta esquemática y vacía, reducida a los habituales clichés de la presunta sabiduría oriental, más cerca de las perlas indigestas de Paulo Coelho que del oráculo de Delfos.  Pero lo que fascina en la película es la delicia embriadora de unas imágenes que transmiten una sensación de seda y viscosa. 



El cine de Wong Kar-wai ha sido en sus mejores momentos más táctil e incluso olfativo que visual.  O, quizás sería más exacto, sinestésico.  Y, no lo olvidemos, toda su despliegue visual está al servicio de una historia de amor tan intenso como imposible, lo que imprime a la película, a contrapelo de lo habitual en el género supremo de las patadas, una dulce sensación de nostálgico fracaso, como unas volutas de humo que nos recuerdan que la melancolía es el opio de los enamorados condenados al fracaso.




2 comentarios:

Long dijo...

Saludos, Santiago. No pienso ver la película ni por casualidad, he visto el trailer y algún fragmento de lucha en youtube y aunque no soy un experto en cine, y por lo tanto no puedo hacer análisis tan especializados como tú, sí puedo decir, commo experto en artes marciales, que técnicamente el protagonista es deplorable. Vale que es una película sobre el wing-chun que aprendió Bruce Lee y por lo tanto no puede juzgarse en comparación con fantásticos técnicos como Van Damme y Jackie Chan, o con películas como Kung-Fu-Sion, donde algunos actores son auténticos máquinas, pero podían hacer una concesión a la modernidad. Al fin y al cabo la gente no tiene ni idea de qué es el wing chun, así que por carecer de rigor histórico tampoco se perdería nada por hacer algo más que ridículos molinetes de manos con cara de poker y habilidades "energéticas" que perpetúan los mitos, más falsos que un euro de madera, y que en una película como Mátrix encajan, pero aquí harán que una panda de desinformados acudan a entrenar con dementes como el shaolin de Bilbao y otros -la mayoría- de similar pelaje a ver si consiguen manejar su energía interna como supuestamente hacen ellos y llegar así a ser invencibles. Otro que tal baila es el Jet Li, que aparte de tener cara de poker no le busques que haga una miserable patada decente.

Al final, tanta flotitura y tanta leche y cuando toca pegarse casi casi de verdad, el estilo MMA es lo que triunfa, y gana el más maloso, no el que hace más posturitas de manos.

En fin, una película que en el sentido de arte marcial no aporta nada bueno.

Un cordial saludo

http://artesdecaballeria.blogspot.com.es/

Santiago Navajas dijo...

Gracias por tu aclaración "marcial". Sabía que Toni Leung se había entrenado duramente, incluso se había roto los brazos, pero, claro, no es un especialista.