"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

lunes, agosto 18, 2014

El cine a favor de Nietzsche: El club de la lucha (y una coda liberal)



Así habló Zaratustra es uno de los libros más difíciles de leer y, sobre todo, comprender.  Que los conceptos filosóficos se transmitan a través de metáforas es un estilo que Nietzsche adoptó tanto de sus amados presocráticos como de sus detestados autores bíblicos.  Al inicio del libro profético incorpora tres de las más famosas de su producción: el "superhombre", el "último hombre" y la "transvaloración" (a través de tres etapas: “camello”, “león” y, finalmente, “niño”.)


Para Nietzsche el "hombre" es algo que debe ser superado.  Pero no porque haya algo malo en su naturaleza como creen la antropología cristiana o marxista.  Al contrario: porque está en su naturaleza la superación de sí mismo.  Nietzsche asume la realidad fisiológica, animal, del hombre como algo dado y denuncia a aquellos que a través de la cultura han tratado de eliminar dicha naturaleza vital.  El problema no está en la presunta naturaleza malvada del hombre, como han creído todos los hiperracionalistas desde Platón a Kant pasando por Descartes o los "transmundanos" del tipo judeo-cristiano, sino precisamente en las propuestas culturales que denigran dicha naturaleza y han propuesto redimirla postulando otra realidad, otro mundo, otra vida en la que algunos hombres, cumpliendo unas condiciones antinaturales, se realizarían por fin.  En el largo plazo, cuando estuviesen todos calvos.


"¡No creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no.  Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!"


La superación del hombre para Nietzsche no pasa, por tanto, por estar muerto, como creían Sócrates o Jesús, sino en despertar a la vida auténtica, a la vida plena, a la vida "vital" valga la redundancia.  Por ello bautizó a su propuesta de superación "Übermensch" que podría traducirse como "superhombre" (la más extendida), "ultrahombre" (la última moda académica), "sobrehombre", etc. (elija la que menos le desagrade) y que él mismo “define” como


  • "el sentido de la tierra"
  • "él es ese rayo, él es esa demencia!"
  • "el rayo que brota de la oscura nube que es el hombre"
  • "ese mar, en él puede sumergirse vuestro gran desprecio"


¿Y qué es lo que hay que despreciar?  Fundamentalmente una cosa: la felicidad.  La búsqueda de la felicidad es lo que define la culminación del ideal socrático, del modelo judeo-cristiano de hombre: un "híbrido de planta y fantasma". Al que Nietzsche también denomina "el último hombre", que vendría ser, sociológicamente hablando, el "burgués", ese tipo social que emerge dominante en el siglo XIX y cuya aspiración máxima es al "bienestar", la "justicia social" y "un entretenimiento que no canse".  Nietzsche despliega todo su talento insultante contra este tipo humano:


"La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece.  Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive.  "Nosotros hemos inventando la felicidad" - dicen los últimos hombres, y parpadean.  Han abandonado las comarcas donde era duro vivir: pues la gente necesita calor.  La gente ama incluso al vecino y se restriega contra él: pues necesita calor (...)  Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables.  Y mucho veneno al final, para tener un morir agradable.  La gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento.  Más procura que el entretenimiento no canse.  La gente ya no se hace ni pobre ni rica: ambas cosas son demasiado molestas.  ¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer?  Ambas cosas son demasiado molestas.  Ningún pastor y un solo rebaño!  Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tienen sentimientos distintos marcha voluntariamente al manicomio (...) Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse.  La gente continua discutiendo, más pronto se reconcilia - de lo contrario, ello estropea el estómago.  La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer par la noche: pero honra la salud.  "Nosotros hemos inventado la felicidad" - dicen los últimos hombres, y parpadean.-"





Del protagonista de El club de la lucha no sabemos su nombre pero sí que representa al "hombre común" (Edward Norton), el típico oficinista con el típico jefe, el típico apartamento, los típicos muebles de Ikea y el típico insomnio que trata de paliar con el típico somnífero que su atípico doctor le niega (en una profesión cada vez más farmacologizada) pero le propone ir a algún grupo de apoyo donde podrá comprobar cómo sufre de verdad la gente.  A partir de su visita a un grupo terapéutico para hombres con cáncer testicular (una metáfora de ese “último hombre” nietzscheano, un "picha floja"), encuentra una liberación emocional compartiendo su dolor (no testicular literalmente aunque sí metafóricamente) con el resto de miembros del grupo y, al fin, consigue dormir.  Se hace un yonki de dichos grupos, da igual la temática.  El caso es compartir dolor, sentir el calor de los demás restregándose contra ellos.  





Aunque no tenía cáncer testicular sí es cierto que a nuestro “hombre común” le "faltaban huevos" para afrontar la vida más allá de las convenciones establecidas para alcanzar la felicidad del rebaño según los parámetros publicitarios de Coca Cola y El Corte Inglés.  Entonces conoce a un tipo que vive según sus propias reglas, Tyler Durden (Brad Pitt), un vendedor de jabones que lo va a ensuciar por fuera pero limpiar por dentro (otra metáfora nietzscheana, hace falta mucho jabón filosófico para depurar esta decadente civilización).  Durden es alguien que respeta las reglas de la etiqueta y te pregunta educadamente si prefieres el culo o la bragueta cuando pasa delante de ti en los asientos del avión. Es decir, es un ironista que se burla de las convenciones sociales, subvirtiéndolas). Nuestro "último hombre" deja su apartamento made in Ikea, que por cierto una noche vuela por los aires, y se va a okupar una casa destartalada con su nuevo amigo Tyler Durden. Entre borrachera y pelea fundan el dionisiaco Club de la Lucha, una agrupación voluntaria de gladiadores urbanos que se dedican a aporrearse en un sotano por las noches para escapar de sus rutinas diarias integrados en sus rutinarias familias, sus rutinarios empleos y sus rutinarios medios de comunicación.  Durante unas horas pasan de estar integrados a ser apocalípticos.





El Club va a más, tanto en integrantes como en objetivos.  Llega un momento en que los gladiadores se convierten en guerreros para salvar la civilización occidental de su debacle consumista y plebeya cometiendo pequeños atentados terroristas que comienzan como performances bromistas y acaban emulando a Bin Laden.  El enfrentamiento entre "el hombre común" y el "superhombre" está servido...


Nietzsche ilustraba su profecía de transición desde el "último hombre" hasta el "superhombre" a través de la transformación en tres fases desde el "camello" hasta el "niño" pasando por el "león".


"Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño (...) con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu de carga: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.  Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa y ser señor de su propio desierto."


El ingenio de la novela de Chuck Palahniuk y la película de David Fincher está en haber hecho convivir al "último hombre" con el "superhombre", al "hombre común" con Tyler Durden, dibujando como sería un mundo en el triunfase el espíritu de la creación de valores antitéticos con los establecidos.  En principio, en la primera fase, se trata de "crearse libertad para un nuevo crear".  En una segunda fase, Tyler Durden, ese niño juguetón y “desvergonzado”, a espaldas del "hombre común" creará un nuevo juego en el que se vaya radicalmente más allá de las convenciones sociales.  Ahí ya no puede seguirlo el "hombre común", atado a "prejuicios" humanistas sobre la dignidad y la individualidad, y es por lo que Durden lo mantiene en la ignorancia:


"Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí (...) el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo. "




La comunidad de fieles que rodean al "hombre común" y a Tyler Durden en el Club de la Lucha está compuesta de hombres que han redescubierto su masculinidad, "sus cojones", su santa voluntad a partir de una sociedad que los había emasculado (Tyler Durden trata a las mujeres con la delicadeza que recomendaba Zaratustra:  “¿Vas con mujeres? No olvides el látigo”).





Para Nietzsche, los liberales estaban en el mismo saco que los socialistas, los anarquistas, los comunistas... en cuanto que compartían con sus aparentes adversarios políticos las creencias igualitarias y democráticas típicas de la Ilustración y la Modernidad, en suma, de la visión judeo-cristiana, es decir "esclava", de las relaciones sociales.  Cuando los liberales se quejan por el incremento en todos los órdenes del "Estado de Bienestar" no se dan cuenta de que en realidad el problema no está en la primera parte del sintagma, el "Estado", sino en el segundo, "del Bienestar”.  De los ideales del "bienestar", la "seguridad" y la "búsqueda de la felicidad" (ese sucedáneo de Thomas Jefferson del "derecho a la propiedad" de Locke) se sigue como corolario político-económico el crecimiento ad infinitum del Estado como promesa y garantía del desideratum moral del "bienestar".  




Es por ello que Nietzsche resulta siempre tan peligroso porque critica el fundamento moral de nuestra sociedad occidental -de tirios y troyanos, de liberales y socialistas, tan parecidos en su “humanismo”- oponiéndole un estilo de vida que se remonta al primitivismo griego de la Ilíada y la Odisea, donde no hay rastro de "bienestar" y "felicidad" y sí mucho de "peligro" e "intensidad".  Un mundo donde los poetas cantan estremecidos la "cólera" del héroe, es decir, una sentimentalidad excelsa y sublime a partir de la cual se vive el amor y la solidaridad, la venganza y la conquista.  No ha habido amistad como la de Aquiles y Patroclo, ni venganza como la de Aquiles respecto de Héctor, ni piedad como la de Aquiles con Príamo.


Lo que plantea Nietzsche es sustituir el "Estado del Bienestar" por la "Sociedad del Peligro".  Y no hay mejor retrato que la que nos ofrece el Club de la Lucha de cómo ser un nietzscheano verdadero: basta con hacerse un tatuaje derramando sosa cáustica (un componente en la fabricación del jabón, no por casualidad el trabajo de Tyler Durden. El jabón que limpia la suciedad material también lo hará con la espiritual, en forma de quemadura química o, como veremos más tarde, de explosión terrorista) en la mano para dejar una horrible cicatriz y provocar una pelea en la calle, a ser posible insultando a un policía local, tirándole un zapato a un polítco o subiéndose a colocar una bandera blanca al puente de Brooklin.  Seguramente gane unos puñetazos y pierda unos dientes pero


"Hermano mío, ¿son males la guerra y la batalla?  Pero ese mal es necesario, necesarios son la envidia y la desconfianza y la calumnia entre tus virtudes (...) El hombre es algo que tiene que ser superado: y por ello tienes que amar tus virtudes, -pues perecerás a causa de ellas.-  Así habló Zaratustra"


El final de la película es ambiguo -terrorismo mediante bombas fabricadas, cómo no, usando jabón durdenita entre los ingredientes-.  ¿No decía Nietzsche que él era “dinamita”?- como lo es la interpretación política del "superhombre" nietzscheano. ¿Es un precedente de los nazis?  Dado que su principal intérprete fue Heidegger, podría parecer que sí.  Esas apelaciones a la "tierra" y a la "sangre" son muy queridas de los nacionalistas.  Hayek al menos así lo pensaba ya que una nota a pie de página de Camino de servidumbre sitúa al pensador alemán como un ideólogo de los comunitaristas.  De sus conexiones nazis lo han pretendido salvar sus intérpretes postmodernos echándole la culpa del malentendido a la selección de textos que hizo su hermana Elizabeth, muy famosa en la Alemania de principios del siglo XX.  Pero fue el propio Nietzsche el que llevado por su incontinencia lingüística, su pasión por la contradicción y las metáforas, así como su talante dinamitero, el que se enredó muchas veces en los laberintos del nacionalismo, el antisemitismo, la apología de la dictadura y la violencia.


Se ha repetido hasta la saciedad la condena de Nietzsche del "Estado como el monstruo más frío".  Pero se ha malinterpretado seguramente en cuanto que no criticaba al Estado en sí sino su transformación en un "monstruo frío".  Lo que él buscaba es que fuese "caliente".  Para lo cual planteaba una institución estatal según el modo militarizado de Esparta que encontró su paradigma teórico en la República de Platón.  Efectivamente en su opúsculo "El Estado griego", Nietzsche defendía el modelo dictatorial, jerárquico, "caliente", planteado por el aristócrata Platón, al que sólo reprocha que, llevado por la mala influencia intelectualoide de Sócrates, pusiera en la cúspide a los "sabios" en lugar de aquellos que defendía Nietzsche que debían ser la casta dominante: los "militares-artistas".  O, como defin en otro momento, a su modelo de "superhombre": Julio César combinado con Jesús.   ¿Es Tyler Durden una aproximación a dicho "superhombre"?  





PD. Otras posibles aproximaciones serían el Harry Lime de El tercer hombre del tándem Reed-Welles, Ricardo III (magnífico documental de Al Pacino), Hannibal Lecter (estupenda serie protagonizada por Mads Mikkelsen) o el coronel Kurtz de la muy explícitamente nietzscheana Apocalyse Now.



7 comentarios:

raulosan dijo...

Muy bueno!!

Estoico dijo...

Te ha faltado mencionar la palabra "nihilismo". ¿Cómo se puede hablar de El club de la lucha sin hacer referencia al nihilismo?

El espíritu del Club de la Lucha se puede definir a partir de estos cinco elementos:

-Hipermasculinidad
-Violencia, disciplina y jerarquía espartanas
-Anarquismo nihilista
-Resentimiento social
-Neoprimitivismo (en la línea de Theodore Kaczynski)

Es evidente también que el personaje de Tyler Durden es un cínico, en la línea de la corriente cínica de la Antigua Grecia.

No se proponen salvar la civilización occidental, sino destruirla. Al igual que Network es un grito contra la moderna civilización occidental, que no es ni más ni menos que el modelo de civilización que rechazaban los autores de la "Korservative Revolution" alemana.




Santiago Navajas dijo...

Efectivamente, el nihilismo sería otra variable interesante para tratar. Sin embargo, y me refiero sólo a la película porque con la novela estoy ahora en proceso de lectura, la versión de Fincher no es para nada nihilista, todo lo contrario. Y el factor nihilista de Durden se combate de diversos modos. Quizás porque, al fin y al cabo, es una producción hollywoodense. Hay dos momentos claves en los que el nihilismo se supera: en primer lugar, en la magnífica secuencia en la que se recupera del anonimato a los terroristas fallecidos "en combate". Ese anonimato es una metáfora del nihilismo pero el "hombre común" interpretado por Norton rápidamente lo critica en nombre del humanismo, recuperando la identidad subjetiva y los valores de la dignidad asociados a su nombre, al reconocimiento y a la memoria colectiva. Un momento muy fordiano, por cierto.

El otro gran momento anti-nihilista en la película es en la desaparición final del propio Durden... Además, que los atentados se autolimiten en cuanto a las posibles bajas, se insiste en que los edificios estarían vacíos, aleja la crítica de los comoponentes nihilistas completamente destructivos del nihilismo habitual retratado por Dostoievski, por ejemplo, en Los endemoniados y que Nietzsche consideraba una etapa ineludible en la transformación camello-león-niño pero también necesariamente superable y a superar: al fin y al cabo obedece a una falta de imaginación vitalista y es propio del resentimiento y la impotencia.

Como mencioné el otro día una película en la que se retrata muy bien el nihilismo es en El agente secreto de Hampton, en una interpretación soberbia de un irreconocible Robin Williams.

Estoico dijo...

Otro día podías seguir con Valhalla Rising, pero sin codas liberales (lo digo porque soy apóstata del liberalismo).

One-Eye es el león desencadenado, y lleva consigo al niño. Entonces se encuentra con los malditos cristianos y comienza una extraña aventura.

Para un profesor de filosofía cinéfilo, la película de Winding Refn es una buena pieza de a ocho a la que hincar el diente.

Poesía salvaje, existencialismo vikingo con un toque Herzog. "One-Eye o la cólera de Odín". Casi igual de onírico, hipnótico y alucinatorio, pero sin la música de Popol Vuh.

Para muchos, un rollo pretencioso y aburrido, también es verdad.

Anónimo dijo...

¿Qué les pasa? ¿Es la Testosterona o el Resentimiento cabrío el que no les deja oír las incoherencias que dicen? Si el camello, el león y el niño son metáforas, ¿por qué no lo van a ser el resto de afirmaciones sobre la violencia que tanto les exita el rencor de los fracasados?. Con la interpretación que están haciendo no se sobrepasa al "hombre moderno", sino que se regresa a las cavernas... Superar al humano no es destruirlo. Esa idea de destrucción y autodestrucción total solo expresa frustración y una pésima autoestima.

Emily Moon dijo...

¿Es posible ser humanista y nietzscheano a la vez? Al leer los comentarios me ha venido a la cabeza ese momento en el que, como dices, se recupera del anonimato a los terroristas fallecidos. ¿Dónde están los límites entre una cosa y la otra? y, ¿cómo mantenerse exactamente en el lugar que corresponde en cada momento?

En cuanto al nihilismo, me parece un nihilismo positivo en el sentido heideggeriano, un nihilismo de construcción y superación.

Santiago Navajas dijo...

Creo que es posible, Emily, traicionando a Nietzsche. Pero de eso se trata, de cabrearlo. De seguirlo más bien por vía orteguiana que heideggeriana. Lo que dices del "nihilismo positivo" de Heidegger me parece muy discutible. Te diría a la Heidegger que el existencialismo no sólo no es un humanismo sino tampoco construtivo y mucho menos "de superación". Pero es que a Heidegger no veo por donde cogerlo. Y más después de la publicación de sus Cuadernos Negros, que confirman lo que muchos decíamos pero otros no querían ver http://www.libertaddigital.com/cultura/libros/2015-02-20/santiago-navajas-heidegger-y-auschwitz-74877/