"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

lunes, agosto 19, 2013

La trilogía de la caballería: John Ford y el humanismo cristiano




La etiqueta de “fascista” a John Ford le viene sobre todo de su “trilogía de la caballería”:  Fort Apache (1948), La legión invencible (1949) y Río Grande (1950).  Aquí fascista quiere decir, sobre todo, militarista, belicista y racista, un apologeta de la violencia, el imperialismo y el colonialismo.  Además de un maquiavélico defensor de la mentira de Estado: si es conveniente para la mentalidad popular creer en la mentira, entonces imprime la leyenda (el leitmotiv final de Fort Apache que repetirá en El hombre que mató a Liberty Valance (1962)).


Fort Apache está inspirada en Custer y su misión suicida contra las tribus indias en Little Big Horn.  La legión invencible empieza con la noticia de la muerte de Custer y cuenta la última campaña del capitán Brittles en las mismas guerras indias.  Por último, Río Grande, ahonda en la temática desde un punto de vista más íntimo, centrándose en la tormentosa relación entre el coronel York y su mujer y su hijo, enrolado en su regimiento por sorpresa, a los que no ve desde hace quince años debido a un suceso durante la Guerra de Secesión.


Dicha etiqueta de “fascista” le fue colocada a Ford cuando la crítica marxistoide dominaba la academia y cualquier forma de defensa de la autoridad y la jerarquía era vista como propio de incorregibles conservadores dispuestos a dar un golpe de estado en nombre de la moral y las buenas costumbres.  Eran tiempos del contradictorio “prohibido prohibir” y el paradójico “haz el amor y no la guerra”, como si el amor no fuera un batallar constante en el que el arco de Eros nos hiere constantemente.





John Ford no era fascista, evidentemente, pero sí que era un gran hijo de puta, lo que es mucho peor, claro.  Rencoroso y obcecado, alcohólico y violento, tenía, sin embargo, asombrosos raptos de buen humor y de bonhomía, además de ser un tipo extremadamente valiente y duro (no ganó el corazón púrpura por casualidad sino por rodar bajo el fuego de la aviación japonesa, que le hirió con metralla, en la batalla de Midway sin inmutarse).  


La diferencia entre el general degradado Owen Thursday, que llega entre amargado y resentido a Fort Apache para ser su comandante, y el propio Ford, es que Thursday -interpretado por otro tipo con reverso tenebroso, Henry Fonda- es un elegante patricio yanqui allá donde Ford parecía un patán desaseado (un “irlandés de chabola” lo describirá no de sus numerosos enemigos).  Fort Apache es sobre todo una crítica de la tiranía, de la autoridad ejercida despóticamente por Thursday, es decir, del autoritarismo, sin consideración por el sentido común y lo que hoy se denomina “inteligencia emocional”.  Por otro lado, sin embargo, también hay un reconocimiento a ciertos valores que encarna Thursday: la disciplina, el orden, el rigor, el coraje, variables todas ellas que tienden a perderse en un ambiente relajado, llevando con ello al descuido, la molicie y la ineficiencia.  Ya saben, uno empieza permitiéndose un asesinato y se termina procrastinando...  A pesar de que Fort Apache es una respuesta en toda regla a la imagen idílica que de Custer habían mostrado Raoul Walsh y Errol Flynn en Murieron con las botas puestas (1941), tanto la interpretación de Fonda, al igual que siempre sublime, como la delineación del personaje por parte de Ford no se ceban con el personaje haciendo de él una caricatura histriónica: Thursday se pasa la película disculpándose con todo el mundo (lo que para el capitán Brittles en La legión invencible es un signo de debilidad) y, por último, su final es heroico y ejemplar. Ford nos está diciendo que así debe morir un oficial de caballería de los Estados Unidos de América, que puede ser incompetente y soberbio pero jamás cobarde.





Por ello mismo, el capitán York, que “hereda” Fort Apache, representa el ideal militar para Ford: alguien que es capaz de poner el bien común por encima de las aspiraciones egoístas, que prefiere un mal acuerdo a una buena batalla, que es respetuoso con el Otro (sea sudista o indio navajo) siempre que se mueva por los universales del honor y la gallardía, la bravura y la nobleza.  Pero que también, y aquí recoge el modelo “West Point” que representa Thursday, es capaz de imponer disciplina, jerarquía y orden en una institución como la militar -en esto igual, aunque en distinto grado, a la escolar- que exige caracteres templados y hábitos enraizados.  El valiente no nace, se hace.


Al final de Fort Apache, York no sólo justifica aparentemente a Thursday sino que viste como él.  Sin embargo, la interpretación de John Wayne (que desde Río Rojo (1948) de Hawks había demostrado lo sutil y profundo que podía ser), nos obliga a “leer entre fotogramas”: Ford defiende la autoridad, no el autoritarismo; defiende a los indios, dando una imagen de Cochise, el jefe de los indios, como de auténtico gentleman y estadista frente al histérico Thursday; hace todo lo posible para integrar a las minorías, ya sea a los soldados “sudistas” -a los que entierra, por ejemplo, con su propia bandera y no con la de barras y estrellas- o, claro, a los irlandeses, los únicos que, en todo caso, deberían protestar por el retrato que de ellos hace Ford: bravucones, alcohólicos, pendencieros, machistas, buenos soldados, regulares oficiales por su tendencia a a discutir las órdenes... en fin, como él mismo.


En La legión invencible sucede una de las secuencias más malinterpretadas de Ford.  Cuando el capitán Brittles (de nuevo, John Wayne, que de un año para otro interpreta a alguien mucho mayor. Y todavía, como de Marilyn Monroe, algún despistado dice que era mal actor...) trata de llegar por su cuenta y riesgo a un acuerdo de paz con los indios, que van a desatar la Guerra Mundial I contra los insolentes pieles pálidas, en concreto con el viejo Pony-That-Walks que le propone que se vayan, como dos viejos amigos, a fumar tabaco, cazar búfalos y disfrutar de las mujeres (en ese orden).  Pero que de paz, con todo el dolor de su corazón, nada de nada.  El momento que ha enervado a los que insultan a Ford es cuando Pony al ver a Brittles exclama:  “¡Yo soy cristiano!”, lo que sería una muestra del colonialismo cultural de Ford que no sólo lo ha hecho seguidor de la religión de los invasores (con lo simpático que es Manitú) sino que lo ridiculizaría mostrándolo como si fuera un niño.


Pero la cuestión es más compleja.  Porque si hay algo que ha preocupado a Ford a través de toda su obra -que ha hecho de él el Homero de la nación americana- es cómo integrar la gran multitud de lenguas, religiones, etnias, culturas del aluvión de la immigración y de las guerras -civiles, indias- que han construido los Estados Unidos como un un crisol abigarrado y heteróclito.  Y la respuesta para Ford es que los Estados Unidos debería ser un país multicultural e integrador bajo el paraguas universalizador del humanismo cristiano. Los valores de dicho humanismo serían los que mejor servirían para armonizar el lema “E pluribus unum” y construir un sistema ordenado y progresista, el espíritu originario de la Constitución. Y, en paralelo, el precio que hay que pagar por todo ello y que Spielberg, el gran heredero de John Ford, ha plasmado magistralmente en su Lincoln (2012). Si John For era fascista, Abraham Lincoln también lo era...




Ford se muestra abierto y respetuoso tanto con los vencidos sudistas como con los indígenas, desde un realismo pragmático que trata de conjugar los derechos individuales y comunitarios con el hecho ineludible de la construcción de la nación norteamericano que tiene en Ford su primer ideólogo del melting pot.  Y ello desde su perspectiva marginal irlandesa que hace que sus películas sean tan excéntricas al tiempo que integradas en el paradigma dominante de la industria hollywoodense.


Un pragmatismo que conducirá a sus personajes, de Fort Apache a El hombre que mató a Liberty Valance, a imprimir la leyenda por el bien del conjunto, del colectivo, de la comunidad; pero él, eterno rebelde, contumaz cascarrabias, insobornable individualista, paradójico genial, nos narrará la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Con belleza a raudales.





PD. Sobre todo en La legión invencible la inspiración pictórica para Ford era Frederic Remington.

5 comentarios:

aldonza lorenzo dijo...

forth apache, una de las mejores películas del cine western, tan olvidado hoy en día.



Este es un proyecto que hemos puesto en marcha se trata de un blog hecho por universitarios en el que queremos dar nuestra opinión cualificada de lo que sucede en la actualidad diaria. http://jovenesconopinionyganasdetransmitirla.blogspot.com.es/



JFM dijo...

Pequenya rectificacion: el coronel de Fort Apache no es un general degradado o sea bajado de rango por mala conducta. Es un oficial que ha sido ascendido a ganeral durante la guerra. Tales nominaciones son provisionales. Al volver el ejercito a sus efectivos de tiempo de paz, salavo excepciones, sus oficiales vuleven a su rango de tiempo de paz. El coronal Thursday esta resentido por no haber sido parte de las excepciones o sea los oficiales que descollaron tanto que si han conservado su rango de durante la guerra. Pero no es despreciado como lo seria un oficial degradado

viejecita dijo...

He disfrutado muchísimo, porque Ford me encanta, Fonda es mi actor favorito de todos los tiempos, (en Fort Apache borda el papel de lo que los anglos llaman "martinet", que, al final, se redime, aunque yo, la que veo una vez, y otra, y otra, es " My Darling Clementine", con la mecedora y el perfume de violetas...
Yo pensaba que quizás saliera aquí "ricitos de oro" con sus botas puestas, como contraste, y en efecto, sale. Y puede que incluso se le vea, porque ahora tengo mucho trabajo pendiente, y no estoy buscando enlaces. Eso lo dejo para luego. Pero una película no le quita valor no fuerza a la otra.

De Río Grande, mi parte favorita es cuando se ve a "Tyree" (no sé si se escribe así ), montando a la romana, de pié, sobre dos caballos a la vez. Y las canciones que le cantan a Maureen O'Hara , los soldados de John Wayne...

A Ford le llamaron fascista, porque defendía la disciplina. Y sí, sus héroes eran disciplinados, pero ello no les impedía razonar por sí mismos, ni reconocer sus errores cuando ellos se daban cuenta de que estaban equivocados. O sea, que tenía una vena anarquista como un río de grande.
Así se puede ser fascista, capitalista, o lo que se quiera ser, porque uno es ante todo, una persona que da la cara, piensa por si misma, y se responsabiliza de sus propios actos.

¡Viva John Ford !

PS:
Puede que lo haya puesto usted ya en alguna entrada anterior que no he visto todavía, pero ¿ Nos pondría una traducción literal de lo que dice Maureen O'Hara cuando habla en gaélico ?

viejecita dijo...

Cuando O'Hara habla en gaélico , en "El Hombre Tranquilo, claro.
Ya siento

JFM dijo...

Henry Fonda en la magnifica "Young Mr Lincoln", una de las mejores actuaciones de todos los tiempos.

Y esa foram de dejar la mitad del rostro de Henry Fonda en la sombra mientras medita es sencillamente genial.