"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

jueves, agosto 18, 2016

A favor del burkini



Mi artículo en Libertad Digital "a favor del burkini" viene a colación de una interesante columna de Carmelo Jordá "en contra".  Invitados especiales:  Doaa Elghobashy, Aheda Zanetti, Barbra Streisand, Deuteronomio, Dolce & Gabbana, Swarowski y Coco Chanel.

Una fantástica comedia francesa sobre la cuestión, aunque de refilón lo del "burka", es Los nombres del amor.  Con su estrategia que despliega Sara Forestier para convencer a los escépticos de las bondades de la izquierda incluso yo me haría fan del Che Guevara, Pablo Iglesias y el mismísimo Stalin si hiciera falta


3 comentarios:

Dani Yemo dijo...

La polémica no es baladí desde el punto de vista liberal, que propugna el prohibido prohibir. Sin embargo, la cuestión del burkini debería extenderse a una reflexión sobre el conjunto de las prendas que enmascaran a las mujeres musulmanas. Considero que hyyab, burkini etc jibarizan y bunkerizan a la mujer. Defender desde el liberalismo estos elementos es antiliberal, como es poco liberal apelar al control social del desenvolvimiento natural de las costumbres para erradicar lo que aborrecemos. El liberalismo combate con la ley todo aquello que diluye la libertad del individuo.Seguir su argumentación presuntamente liberal equivaldría a la legalización del nazismo o a su tolerancia chamberlairiana, confiando en la capacidad digestiva de unos usos y costumbres liberales que usted confunde con los caprichos desaseados de las niñas pijillas de las clases altas cataríes. El caso es que la evolución social y demográfica llevará muy pronto, si no nuestro deficiente liberalismo iliberal, a que la personalidad y lo individual quede de nuevo, aquí en Europa y quizá por siglos, enmascarado en el caso de la mujer gracias a la indolencia de un liberalismo pudoroso, contrario a la libertad de cada uno, vulnerada por todo lo que burkiniza a las mujeres musulmanas. Igual que el suicidio,como solución a la desidia del yo, no es acicate para olvidar la ley, sobre todo cuando fracasa, la autocomplacencia de las mujeres musulmanas en sus correas despersonalizadoras debe ser llevada a ridículo. En ámbitos estatalistas, o sea, en la nación francesa, la prohibición burkinista se considera provocación a los musulmanes. Está apelación al miedo es el argumento que falta y subyace a la polémica. El ponerse en tetas es liberal y libera. Taparse destruye el yo, desmonadiza, homogeniza la mujer como pieza de mercadeo, no del marketing moderno, sino del esclavismo nómada y pirata de duna arábiga, que convendremos en que no constituye propiamente, pese a la presencia de productos e intercambios de compraventa, a cierto incipiente capitalismo economicista y a un ligero poso romántico anglosajón y bucanero, parte del dogma liberal. No se ha analizado el Islam en toda su radicalidad, por la fobia a la cadena de las causas, que nos lleva a historia, y a historia antigua. Es el miedo y asco a Roma lo que lo fundamentó antaño. La nueva Roma de la globalización liberal es su enemigo renovado. Sin conciencia plena de los enemigos de la sociedad abierta los liberales, con el arma roma e insuficiente del prohibido prohibir, rendimos la ciudadela de la libertad al identitarismo pérfido, ya sea islámico, ya fasciocomunista. También acercamos el búnker burkista y rendimos el libre derecho al descaro de nuestras libérrimas y personalizadas mujeres. La prosopopeya, el hacerse exterior de una cara, el enmascararse personalista, el encararse de la mujer con todo su fuelle abalorista, ese es el verdadero símbolo del liberalismo. Contra él, el puritanismo islamofóbico, la islamofofa fobia a la libertad, de que tenemos que precavernos los liberales sin remilgos. La sana pretensión de usted a la polémica con el señor Jordá da en el clavo de las cuestiones clave. Le agradezco pese a las diferencias haber servido de acicate para la discusión.

Anónimo dijo...

La argumentación estaría bien si fuera en ejercicio de su libertad personal, pero es que la Hiyab es una imposición con un significado contrario a nuestros principios occidentales. Tratar la asimetría de costumbres de la misma forma que se trata la simetría parece un error. Si emplean el Burkini porque les da la gana, han de consentir que otras de su misma fe se bañen, con el decoro de los tiempos (poco o nada), como les dé la gana; si es con bikini o bañador, trikini, tankini o chorrini. No parece lógico admitir sus normas sin aplicar la tradicional reciprocidad que obliga a aceptar los principios de uno siempre que él acepte los principios contrarios de los otros. Además habría que ver el significado real del uso de Hiyab porque cuando una persona se compromete y se hace monja, se conduce con un hábito al que se obliga en uso de su libertad, cosa que no sucede con la Hiyab en la que el mero hecho de nacer mujer, obliga a su uso. Sin ejercicio de la libertad, no vale invocar el uso de la libertad porque nadie cuando paga sus impuestos dice hacerlo porque le da la gana y en uso de su libertad.

Dani Yemo dijo...
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