"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

martes, junio 28, 2005

¿Socialista a fuer de liberal?

Julio Anguita, líder del Partido Comunista, se declaró liberal... de talante. De forma parecida Justo Serna, a quién le gusta dar lecciones de liberalismo, se declara socialdemócrata a fuer de liberal. Le ha escocido al escritor social-liberal que Vargas Llosa le haya recordado el pasado homófobo de su tradición política, el socialismo. En vez de reconocer, y rechazar, la vertiente oscurantista de su estirpe, Serna se enreda en una serie de consideraciones simplistas, mezclando el término liberalismo en los EEUU con el que se emplea en Europa.

Los socialistas como Serna, desde su incontestable altura moral, suelen pontificar sobre todo lo divino y humano, pero cuando se trata de dar cuentas de la tradición de la que beben echan balones fuera. Nunca han apoyado a dictaduras, jamás han incurrido en el terrorismo, no tienen mitos. Aún estamos esperando una rectificación y una disculpa del PSOE por su participación en la dinamitación desde dentro de la República española. Figuras emblemáticas del partido apoyaron la Revolución de Asturias, y la caracterización constante de la democracia como burguesa, en la que los liberales eran un enemigo de clase, ayudó al desplome simbólico del régimen republicano.

Los socialistas, como Serna o Savater, aún teniendo reflejos liberales, no pueden evitar caer en el esencialismo estatal cuando se trata de solventar el conflicto entre el individuo y el Estado. Así Savater no ha tenido reparos en apoyar el mantenimiento de la televisión estatal, la forma más mezquina de adoctrinamiento en las democracias modernas. Claro que también se ha declarado a favor del adoctrinamiento en la escuela estatal, sobre todo cuando la campaña de enculturación es socialista, proviene de los suyos. Serna, por su parte, no duda en apropiarse del pensamiento de Stuart Mill sin entrar en las cuestiones significativas de economía política, en las que el propio Stuart Mill mantuvo una disputa consigo mismo, e incurre en una descalificación ad hominen de alguien como Pedro Schwartz (cuyo prólogo a la edición de Alianza de Sobre la libertad es una muestra significativa de convicciones y de talento liberal).

El liberalismo defiende que la división de poderes es fundamental para garantizar que el Estado no se corrompa. El socialismo, por el contrario, confía en el liderazgo carismático como fuente de benevolencia y justicia. De forma equivalente, el liberalismo confía en la competencia en el mercado como la mejor manera de que los valores fundamentales emerjan de la interacción social. El socialismo, por el contrario, confía en una despotismo ilustrado, encarnado en un Estado todopoderoso que desde su omnisciencia dirigiría a la sociedad por donde ésta debe. Para el liberalismo, en consecuencia, la propiedad privada es garantía de libertad, ya que limita la intervención estatal en los asuntos económicos, morales y sociales (En definitiva, que la libertad negativa es un principio superior al de la libertad positiva, un portillo por el que se cuela la intromisión de los grupos de poder que controlan la maquinaria estatal en la vida de los individuos). Por el contrario, socialistas como Serna estarán dispuestos a realizar una ingenieria social intervencionista en asuntos estrictamente privados, obligando a las personas a transitar por caminos previamente establecidos que una serie de "expertos", la vanguardia del proletariado o de la intelectualidad, decidan que son los mejores. Así obligarán a ir a unas determinadas escuelas (en la que impodrán un curriculum y una determinada manera de pensar), a ver una televisión (o televisiones, las suyas), etc. Para el liberalismo cada uno es el mejor juez respecto a lo que le afecta, mientras que para el socialismo la emancipación de los individuos pasa necesariamente por un tutelaje estatal, providencial y benevolente (por ejemplo, un liberal verá con buenos ojos el denominado despectivamente arte de masas mientras que el socialista lo despreciará e intentará cambiar los gustos de las personas mediante una educación dirigista. Hitchcock y Ford prohibidos (pura evasión de la industria del entretenimiento), arriba Tarkovski y Bergman (el liberal confiará en la segmentación de los mercados. Así en las estanterías de El Corte Inglés o la FNAC conviven en camaradería el inglés, el yanqui, el ruso y el sueco).

Recomendaba hace tiempo enviar unos cuantos libros de liberalismo al nuevo Papa. No estaría mal ir pensando en crear una Ong para ampliar la campaña. No sólo de Stuart Mill van a vivir los neosocial-liberales salvajes.

2 comentarios:

ElJinetePalido dijo...

"actualmente yo me definiría como un inofensivo anarquista; es decir, un hombre que quiere un mínimo de gobierno y un máximo de individuo" J. L. Borges.
¿anarquista a fuer de liberal?

Ismael dijo...

Diría que el liberalismo que fascina a sudamericanos como Vargas Llosa es el modelo norteamericano, el apoyado en más de dos siglos de democracia y el basado en el poder de la sociedad civil sobre el estado. Éste tiene bastante poco que ver con el modelo europeo.

A veces incluso parece que no existe el "modelo europeo". Se llaman liberales entre ellos para chuparse las pollas igual que se llamarían fascistas para insultarse.